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Tags: Economía · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
La bolsa o la vida


La práctica totalidad de la humanidad trabaja para pagarle al Club entre el 2 y el 8% de su riqueza


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 12 de julio de 2011, 13:43
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El sostenimiento del supuesto bienestar de los Estados por medio de prestamistas no es nada nuevo. En aquel lío de Estados soberanos que era la actual Italia allá por el Quattrocento, nació el Comité de los 300, una especie de asociación de tiburones económicos que, además de pactar la total impunidad recíproca fuera cual fuera el caso y el litigio posible, sometió por igual a los Estados Vaticanos que a Verona o a Florencia, prestándoles los dineros que pedían para matarse entre sí o para firmar concordatos y alianzas.

Y tan buen resultado les dio que lo establecieron como forma de conducta, que es decir de negocio, sometiendo no ya sólo a los Estados menores o a las ciudades Estado, sino también a los Imperios, como al español, sin ir más lejos, en que los propios banqueros italianos, delegados de aquel Comité de los 300, se instalaron directamente en Sevilla para cobrarse los principales y los réditos de los derechos y aldahadas prestadas a la Corona, de modo que por más plata y oro joven que llegaba de Potosí o de Guanajuato, nunca era suficiente para satisfacer la deuda contraída, de tal modo que, mientras los banqueros italianos vivían en el lujo más oriental, por los territorios imperiales se mendigaba en plan El Lazarillo de Tormes.

Buen invento éste del Comité de los 300, y como ellos vivían sin ningún esfuerzo multiplicando sus haberes a pesar de que los Estados a quienes les prestaban perecieran víctimas de sus deudas, no tardó en cundir el ejemplo entre otros grupos financieros, como los Rothschild, quienes se hicieron con la Corona británica en una sola jornada, simplemente manipulando en la bolsa de Londres la información que les llegaba desde Waterloo, merced a la excelente red de correos que habían establecido con el fin de tener o más precioso en el orden especulativo: información privilegiada. Luego, cayeron en sus garras Francia, Rusia, Japón (a quien llegó a bombardear EEUU para que se abriera al comercio), EEUU… Uno a uno, los países fueron sucumbiendo a manos de los llamados mercados (Comité de los 300, Iluminati, etc.), que era el eufemismo con el que se nombraba de una forma aséptica y políticamente correctamente a los tiburones de turno que dominaban cada espacio geográfico. Un Club que no precisaba trabajar o establecer industria para obtener ingentes recursos, ya que la práctica totalidad de los Estados eran sus clientes, quienes les solicitaban dineros para enfrentar sus deudas o sus planes de desarrollo, y, consecuentemente, todas las poblaciones de esos países eran sus esclavos, pues que ellos eran los que en realidad devolvían no tanto el principal como unos réditos que los retenían siempre endeudados con… los mercados.

La economía, después de la Revolución Industrial, había promovido el surgimiento de las filosofías que propugnaban la lucha de clases, y, como consecuencia de sus nefastos resultados, el Club, digamos, decidió eliminar la economía industrial, la autarquía y todos esos elementos que les impedían un control exhaustivo de los Estados, y promover la economía especulativa, para lo cual aparentemente sumaron a necios y a burgueses a su selecto Club, cuando en realidad lo único que hacían era levantar un parapeto de ingenuos tras el que esconderse mientras seguían manejando la realidad y las economías de sus países esclavos. Un grupo informe de angurrientos y codiciosos que eran capaces de todo por multiplicar sus haberes sin el menor esfuerzo y, por supuesto, con los mínimos riesgos, tanto les daba si traficando con estupefacientes, fabricando los gases letales que se usaron durante la I Guerra Mundial o promoviendo la matanza de indígenas en Latinoamérica para establecer las compañías bananeras.

El crack de 1928 fue el gran desengaño de que los perros se ataban con longanizas para la mayoría de los llamados pequeños inversores, pero el gran negocio para las grandes fortunas (Comité de los 300 e iluminatis), quienes vieron multiplicados sus dividendos de tal manera durante la II Guerra Mundial que decidieron que ése sería su camino hasta el agotamiento del medio, que es decir de los recursos del planeta, cosa que ahora mismo ya está sucediendo, tal vez de una forma irreversible: el Sistema se agota por extenuación. Así, la actual crisis es irreal, inventada, como inventada fue la de Wall Street que condujo a al II Guerra Mundial. Ni nadie explicó convincentemente aquélla, ni nadie lo ha hecho con ésta, en la que se llevan ya invertidos por parte de los Estados más de 10 billones de euros en reparar unos daños que nadie sabe dónde están siquiera…, y, lo que es peor, sin haya habido un solo culpable.

Por la Ciencia sabemos que cada paso que se da hacia adelante es irreversible, que es imposible volver atrás, a no ser de una manera extremadamente traumática. Los poderes establecidos lo saben, y, ya sea mediante pandemias inventadas, guerras promovidas artificialmente o mediante crisis pactadas como la que nos concierne a prácticamente todo el mundo, los Estados son rehenes, debido a su deuda, de estos tiburones económicos, y los pueblos que conforman esos Estados, debido a la deuda de éstos, son esclavos de esos poderes, de modo que la práctica totalidad de la humanidad trabaja para pagarle al Club entre el 2 y el 8% de su riqueza. Y entre el 2 y el 8% de la riqueza mundial es mucho dinero… ¡cada año!

Naturalmente, el Club, digamos, tiene su clero y sus predicadores, y éstos no dejan de jurar que los mercados son cualquiera que juega en bolsa para enriquecerse (una ama de casa, un jubilata, un especulador que invierte su exceso de trinque, etc.), ya sea por el reparto de beneficios de esas compañías que pudren el mundo con sus residuos tóxicos o contaminantes, por lo que generan esas compañías que invierten en contratar asesinos profesionales para que eliminen a los aborígenes de aquellos lugares donde se quiere explotar sus recursos, o ya prestando dinero a los Estados al tanto por ciento que sea; pero se engañan. La suma de todos estos pillos angurrientos y sin escrúpulos, por muchos que sean, sin embargo, no reúnen siquiera lo correspondiente a los decimales de esas enormes sumas que cada día se prestan a los Estados en su conjunto. Hagan números.

Los mercados, en fin, de ninguna manera son lo que los poderes o el clero de el Club dicen que es. Los mercados siguen siendo ellos y sólo ellos: el Club. Y ellos son los que, sin apuntarnos siquiera con una estilográfica, nos dicen: la bolsa o la vida. Y no juegan, palabra. Si algún Estado se negara al látigo o la esclavitud de pagarles cada año entre el 2 y el 8% de su riqueza nacional, que no tenga duda que arderá por los cuatro costados: las calles serán continuas algaradas, surgirán movimientos terroristas por doquier que pondrán bombas de una manera indiscriminada, y hasta es posible que haya algún que otro conflicto exterior que consuma en los campos de batalla la sangre de su juventud, que es la de su futuro. Hagan memoria, incluso no yéndose muy lejos ni a hace demasiado tiempo. Aquí, por ejemplo, donde nos dijeron “o la bolsa o la vida”, y después de 193 muertos y algunos cientos de heridos, todavía tenemos los brazos levantados. A otros les fue peor y pagaron con miles de ellos..., o con guerras infernales...., o con su propia existencia como Estados. Hagan memoria.

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