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Etiquetas:   Francia   Política   -   Sección:   Opinión

Francia marcará el camino

Los franceses tienen que elegir entre el soberanismo y un nuevo impulso del proyecto europeísta neoliberal
Guillermo Valiente Rosell
miércoles, 3 de mayo de 2017, 00:36 h (CET)
Este domingo la Unión Europea se juega su futuro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Le Pen ha prometido celebrar un referéndum para sacar a Francia de la UE, mientras que Macron ha mantenido un discurso europeísta y favorable a la globalización.

La candidata del Frente Nacional apela al voto de los descontentos con la política tradicional y dice defender los intereses de Francia frente a las corporaciones internacionales, la burocracia de Bruselas y la inmigración, fundamentalmente islámica. Su renuncia a la presidencia de su partido es una maniobra para intentar presentarse como una candidata independiente en defensa del pueblo francés. Su éxito va a depender de los apoyos que logre entre los “insumisos” que optaron por Mélenchon en la primera vuelta y entre los votantes más proteccionistas de Fillon.

Pese a tener todos los sondeos en contra, después de la victoria de Trump en Estados Unidos nada se puede descartar, por lo que Marine Le Pen está ante su mejor oportunidad para llegar al Elíseo. Frente a ella, Macron busca confirmar la victoria que le auguran todas las encuestas para convertirse así en el presidente más joven de la historia de Francia.

El líder de En Marche! cuenta con el apoyo de los medios de comunicación, lo que hoy puede ser más una desventaja que una ventaja, y ofrece un proyecto aparentemente ilusionante, pero muy difuso. Tanto que Macron parece un mero producto de las élites europeas con un envoltorio atractivo. A pesar de ello, lo cierto es que ha conseguido generar esperanzas en Europa, algo que parecía imposible. Su problema, además de la indefinición de sus propuestas, es que procede del mundo financiero y fue asesor y ministro de economía del impopular presidente Hollande. Un pasado que no invita a verle como un regenerador de la política ni como un líder que vaya a cambiar sustancialmente la deriva europea.

El dilema que se les presenta a los franceses es elegir entre el soberanismo, que promete mejorar las condiciones de vida de las clases medias y bajas pero cuyo resultado es una incógnita, y un nuevo impulso europeísta basado en el neoliberalismo, que parece un intento de alargar un proyecto materialmente agotado. Mientras tanto, el resto de europeos miramos con interés, pues lo que allí suceda nos afecta a todos y marcará los próximos pasos de la política en el Viejo Continente.
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