Los principios de cada mes de Julio siempre son lo mismo, por la mañana toros y a la hora de la siesta bicicletas, y en entre unos y las otras un pequeño rato de esparcimiento en el chiringuito playero ligando bronce sin tener en cuenta que contra más bronce solar tengamos sobre el cuerpo más números compramos para que en la lotería de la vida nos toque un cáncer de piel.
 San Fermín por la mañana y Le Tour de France plor la tarde, disfruta del verano
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Cada mañana, a partir del
7 de Julio San Fermín, el día comienza adaptando las todavía adormidas posaderas sobre el mullido sofá, gracias a la técnica nos trasladamos hasta las calles de Pamplona para ver correr algunos miles de personas delante de los bureles que esa tarde serán ajusticiados en la arena de la plaza. Hay corredores de todo tipo desde los más tradicionales con su todavía impoluto dress code blanco, pañuelo y faja rojos y el periódico del día envuelto en la mano como triste defensa ante las tarascadas del toro, pero cada día son más los que lucen alguna que otra camiseta con los colores de algún que otro equipo de fútbol, aquí suelen ganar los seguidores del Valencia con su camiseta de las cuatro barras adornada con su azul canesú de las esencias patrias, no suelen verse corredores con los colores del Barça o el Madrid y es que los valencianos somos muy dados a correr delante de los toros, eso y el amor a la pólvora se mama desde niños en muchas poblaciones valencianas.
Y a la hora de la siesta otra vez con el culo en el sofá viendo por la pantalla del televisor a los antaño llamados
“esforzados de la ruta”, el Tour llega con los primeros calores estivales para robar minutos a ese sueño reparador de después de la comida. En mi niñez el ciclismo vivió una época de auge y los niños sabíamos de memoria el nombre de aquellos míticos ciclistas,
Bahamontes,
Jesús Loroño, Coopi,
Charly Gaul eran algunos de los nombres que aparecían en los cromos que intercambiamos por las calles durante todo el verano, todavía no había entrado la publicidad a esponsorizar los equipos ciclistas y cada corredor defendía los colores de su país, después el ciclismo decayó para volver a resurgir de la mano de la televisión y la publicidad.
Tal vez nos sentamos delante del televisor para ver hacer a otros lo que nos gustaría hacer pero no nos atrevemos a llevar a cabo. Desde la comodidad del sofá cada mañana durante siete días nuestra ilusión nos hace correr delante de los toros por la calle Estafeta de Pamplona y sacrificamos la siesta para acompañar en sus esfuerzos a los ciclistas que recorren las carreteras francesas soñando llegar triunfadores a los Campos Elíseos parisinos vestidos de amarillo. Pero desde luego el sofá es mucho más placentero, cómodo y seguro que las calles pamplonicas o las carreteras francesas y durante el verano el “sillón ball” se convierte en el deporte nacional por excelencia junto a un vaso con hielo, vino tinto y sifón.