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Melodías vascas
“Bildu en su obstinado camino a la secesión”
Qué bien que una columna no tenga que ajustarse a una noticia concreta y tampoco al camino –casi peregrinaje- de una crónica, un reportaje o una entrevista. El fuste de una columna es más bien como el muelle (fuelle) de un bandoneón: puedes insuflarle más aire o menos, según te convenga, y que las milongas a las que acompaña sean tristes, alegres, escépticas, incluso cínicas.
La zafiedad mezclada con dramatismo del momento presente, aquí y fuera, sugiere un “tempo agitato” y una coda en la que se emplee esa temida asonancia que los maestros de las abadías gregorianas llamaron “diabolus in musica” (el tritono empleado por Bach en su Pasión Según San Mateo para hacer exclamar al coro –el pueblo- el nombre del criminal que habían elegido para ser indultado: Barrabás)
Demasiado trabajo este para un bandoneón, incluso para su hermano mayor, el acordeón. Esa música debe sonar en un gran órgano de tres teclados, pedalier completo, registros y llaves de fanfarria, capaz de atronar con su voz de aire a las conciencias dormidas.
Ese Barrabás indultado podría ser Bildu, la coalición de grupos abertzales que se ha enseñoreado del País Vasco tras las elecciones del 22 de mayo. El Tribunal Constitucional dio vía libre a que el pueblo decidiera; una actitud demagógica, como la de Pilatos, que lleva aneja la falacia de que “el pueblo jamás yerra” (Recordemos cómo se equivocó al encaramar a Hitler a la cancillería tras unas elecciones democráticas y cómo, en Venezuela, renueva en el poder a un personaje tan nefasto como Chávez) Y ese pueblo, una parte sustancial y enajenada del pueblo vasco, decidió, optó por el criminal, sin caer en la cuenta de son ellos mismos el Nazareno de esta historia y de que su destino final es ser crucificado.
Hitler (y no cito a Stalin, Pol Pot, Bokassa y tantos otros monstruos contemporáneos porque llegaron al poder por la fuerza y no por las urnas) comenzó enseguida sus purgas: las internas, cuando las SA fueron aniquiladas a sangre y fuego con objeto de evitar un grupo molesto dentro del propio partido y las que se centraron en la eliminación de todo elemento judío de la sociedad alemana; purgas que comenzaron con la llamada “noche de los cristales rotos” y desembocaron en la terrible “solución final”.
Los ejemplos anteriores pueden parecer exagerados si se trata de establecer un paralelismo entre lo que germinó en Europa durante casi tres décadas (aproximadamente entre 1922 y 1945) y lo que viene gestándose en las Provincias Vascongadas. Ojalá lo sean. Bildu, que se sepa, no tiene un líder mesiánico como Adolf Hitler… al menos de momento. Hacer conjeturas sobre lo que pueda ocurrir en esa región de España y comparar los resultados con lo que sucedió en el mundo durante la tercera y cuarta décadas de siglo XX, sería un ejercicio estéril porque la Historia no se inventa, si no que da cuenta de hechos pasados. Además, dadas las diferentes magnitudes, sería comparar una tormenta en un vaso de agua con un huracán. No obstante, echando mano de hechos históricos mucho más recientes y locales, nos topamos con los Balcanes y lo que allí sucedió durante los años ochenta y noventa. Y el “proceso vasco”, sin obviar sus singularidades, cada vez recuerda más a la situación que se produjo en Yugoslavia tras la muerte de Tito (hasta en el racismo inherente al movimiento abertzale se parece)
Ilegalizar a Bildu es, hoy por hoy, una quimera, ya que la coalición forma parte del propio sistema que trata de destruir: son autoridad, poder municipal, y quizá, en un futuro nada lejano, poder autonómico.
Cuando esto suceda la secesión estará servida y otras regiones seguirán el modelo.
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