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Tags: Opinión · The Washingtom Post · E. J. Dionne
La disfuncionalidad de Washington: Un marcador


Esta es la razón de que resulte tan complicado alcanzar un acuerdo en el techo de la deuda


E. J. Dionne E. J. Dionne
viernes, 8 de julio de 2011, 08:49
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WASHINGTON - .El principal objetivo del presidente Obama es salir airoso de este combate con la administración del estado todavía en marcha y su apoyo del centro político intacto, incluso si esto se traduce en importantes concesiones a los Republicanos.

Los líderes legislativos Republicanos quieren seguir adelante sin suscitar la revuelta de los activistas del derechista movimiento fiscal, lo que significa que tienen problemas para aceptar las concesiones de Obama.

Y el Senado - bueno, el Senado se parece a los Balcanes sin fuerza de paz. Pobre Harry Reid. La representación del líder Demócrata abarca de los progresistas ardientes a los moderados procedentes de estados conservadores absolutamente aterrorizados por tener que depositar votos que pueden poner en peligro sus escaños en 2012. El líder Republicano en el Senado Mitch McConnell intuye que hay una mayoría Republicana a la vuelta de la esquina, y no le importaría prolongar este combate.

Los legisladores Demócratas vendrían a ser pasto de toda esta disfunción. Todo el mundo sabe que al presidente de la Cámara John Boehner le van a hacer falta votos Demócratas para tramitar un acuerdo porque algunos de sus conservadores votarán en contra de cualquier cosa que no reduzca nuestra institución federal al tamaño del gobierno caribeño de Belice. La mitad más progresista de la representación Demócrata de la Cámara se opondrá probablemente al acuerdo final por tratarse de una traición.

Eso podría proporcionar a la mitad intermedia del contingente legislativo Demócrata los votos indecisos. Paradójicamente, esto abre una oportunidad a los que están en la posición negociadora más débil. Los líderes Demócratas Nancy Pelosi y Steny Hoyer tienen la oportunidad de (1) apoyar la posición de Obama, un poco al menos; y (2) informar a Boehner de que si quieren los votos Demócratas, va a tener que renunciar a algo. No puede mantener a raya al movimiento fiscal y alcanzar un acuerdo lo bastante moderado para ganarse a los Demócratas al mismo tiempo.

Aunque Obama habló el martes de alcanzar un "gran" acuerdo en materia de déficit, no busca solucionar el problema entero antes del plazo del endeudamiento el 2 de agosto. Lo que busca se encuentra en alguna parte próxima a los 2,5 billones de dólares de reducción del déficit a una década. Esto permitiría al Congreso tramitar una subida de la deuda lo bastante considerable para llegar a las próximas elecciones. Es entonces cuando se le pedirá al votante que cierre las cuestiones fundamentales, si nos hace falta subir los impuestos a las rentas altas en especial.

Lograr 1,5 billones en recortes así no es fácil precisamente, pero es factible teniendo en cuenta que hay reducciones en las que Obama y Republicanos están de acuerdo. Las cifras también cuadran: 1,2 billones en recortes ahorran 300.000 millones en intereses. El resto es más difícil, sobre todo en dos grupos de cuestiones: cualquier recorte en los programas de los ancianos y los pobres Medicare y Medicaid, incluso si se dirige a proveedores y no afiliados; y toda tentativa de elevar la recaudación -- temida palabra que los Republicanos conservadores siempre traducen como "impuestos".

Los Demócratas están inquietos con la idea de tocar el gasto sanitario, y los defensores de los pobres temen, con razón, que los recortes en el Medicaid puedan dejar sin cobertura a muchos necesitados.

Pero podría haber formas inteligentes de evitar el problema fiscal. Si los Republicanos conceden a Obama su deseo de otro ejercicio sin retenciones para impulsar la economía, esos 120.000 millones en ventajas fiscales se puede sustraer de los 120.000 millones de subidas de la recaudación a largo plazo para insinuar que no habrá subida tributaria neta. El Congreso avanzará inevitablemente una solución temporal del impuesto mínimo alternativo para ahorrar al contribuyente de clase media (y al votante) algo de dinero; la corrección del impuesto mínimo alternativo podría ser otra "deducción" que compensaría otras subidas de la recaudación.

Pero todo esto da por sentado que Boehner puede convencer de este enfoque a los suyos. Su problema reside en que hasta "un compromiso" fuertemente favorable a los Republicanos será tildado de capitulación por los conservadores a ultranza convencidos de que controlar una cámara del Congreso debería bastar para obtener todo lo que quieren.

Es una forma peculiar de entender la democracia, y también es la laguna de esta negociación. Si Boehner no puede reunir una mayoría con legisladores Republicanos, va a tener que negociar con los legisladores Demócratas, que van a tener problemas a la hora de votar a favor de una batería de medidas que no incluye recaudación pública. Pero las concesiones a los Demócratas van a alejar más a los conservadores del propio partido de Boehner.

Boehner puede por tanto tratar de ganarse el favor de la rebelión contra su liderazgo o empujar al país a la reestructuración de la deuda.

Lo sentiría realmente por Boehner - un tipo chapado a la antigua que normalmente llegaría a un acuerdo -- si su formación y él no hubieran azuzado descaradamente al movimiento fiscal para llegar al poder. El Partido Republicano recoge ahora tormentas, y Boehner podría verse obligado a escoger entre su país y su puesto.

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