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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Listos de teléfono

Manuel Antonio Clavellina
Redacción
lunes, 7 de marzo de 2005, 03:17 h (CET)
Esta de moda descubrir los timos telefónicos a los que estamos expuestos los consumidores. No es que ahora los descubramos es que ahora se están haciendo eco los medios de comunicación y alguna administración local, pero siguen habiéndolos como los siguientes ejemplos.

Empresas supuestamente dedicadas a la paquetería o la venta por catálogo se ponen en contacto para informarles de que tenían una carta o un paquete a su nombre. Para recogerlo, debían llamar a un número 807 y facilitar sus datos personales.

cuando los afectados realizan la llamada, los teleoperadores de la empresa siempre confirman que tienen un paquete a su nombre, lo que es totalmente falso. Con este gancho, los afectados son retenidos a la espera durante numerosos minutos mientras que, supuestamente, un empleado de la empresa localiza el paquete en un almacén". El coste de la llamada es de un euro por minuto más IVA, por lo que una conversación de media hora cuesta casi 35 euros.

Los afectados cuando reciban la factura de su operadora en la que aparezca la llamada al 807, pueden abonar el recibo restando el importe de ésta y presentar una reclamación por escrito a la compañía argumentando que han sido víctimas de un fraude, "un derecho que les reconoce la normativa que regula las líneas de tarificación adicional". Si la reclamación prospera, no tendrán que abonar la llamada.

En otras ocasiones, recibes una llamada de unos supuestos Técnicos de Telefónica, o de una empresa subsidiaria que te pregunta si tu receptor dispone de un marcador por tonos. Entonces, con la excusa de estar haciendo comprobaciones, piden que se marque el 90 seguido del signo # o almohadilla, de manera que cuando se marca 90 # en una llamada, el teléfono desde donde se marca asume el coste telefónico de las llamadas que puedan hacer desde el otro teléfono. Así, durante el tiempo que tú tienes descolgado el teléfono, los timadores consiguen facturar a terceros sus propias llamadas.

Por tanto, es recomendable no confiar abiertamente en llamadas extrañas que nos obliguen a realizar algún movimiento con nuestro teléfono y avisar rápidamente a nuestra empresa de telefonía para informarle de lo que nos ha ocurrido y así comprobar la veracidad de las llamadas.

Lo peor del tema es que estas empresas utilizan en muchas ocasiones medios de comunicación masivos para publicitarse. El reclamo suele ser una pregunta cuya respuesta es muy sencilla; tanto que anima a llamar al teléfono que se indica (que es de pago) ante la promesa de que el que llame dando la respuesta ganará o podrá ganar un premio. Cuando la persona llama, el interlocutor intenta retenerle al teléfono lo más posible hasta que el usuario se cansa y cuelga. El premio, rara vez existe.

Las multas a estas empresas fraudulentas suelen ser poco cuantiosas en relación con los ingresos que generan, con lo que no consiguen disuadirles de continuar con la estafa. Las medidas más contundentes, consisten en cancelar la línea, contingencia que se sortea creando una nueva línea. Rara vez se pueden aplicar sanciones más duras pues la cuantía de la estafa por usuario es escasa con lo que no pasa de considerarse como una falta o como un delito menor. Además, pocos son los estafados que toman la iniciativa de reclamar ante Consumo.

La Agencia Catalana del Consumo, debido al número tan alto de quejas contra las compañías de Internet, telefonía móvil y telefonía fija, ha decidido finalmente empezar a sancionar a estas compañías.

El 24 por ciento de las reclamaciones a estas compañías corresponden a denuncias por servicios de Internet y conexiones a líneas de ADSL, y las sanciones pueden alcanzar las cifras de los 600.000 por expediente.

Las principales quejas han sido: el cobro de facturas por servicios no prestados al usuario, diferencias entre el servicio de publicidad y el servicio recibido, la dificultad para darse de baja de los servicios, así como los retrasos en las altas del servicio, entre otros.

Parece que al final, lo de quejarse empieza a surtir efecto, esperemos que otras Administraciones tomen ejemplo, y se tomen las quejas más en serio.

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