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Tags: Opinión · Columna de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Excelencia académica: la gran mentira


El esfuerzo académico, visto desde la óptica de la realidad, no es sino el fracaso del individuo


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
domingo, 3 de julio de 2011, 00:00
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Mis hijas mayores, ya con sus carreras terminadas y con sus doctorados correspondientes, fracasaron estrepitosamente pese a tener expedientes académicos envidiables y a que su esfuerzo intelectual fue siempre excesivo. Ni tienen trabajo, ni expectativas de tenerlo, a no ser mediante una emigración a confines que, hoy por hoy, no consideran, aunque se saben extranjeras en su propio país. Son tituladas superiores en rabia, doctoras en frustración y están esperanzadas únicamente con que el 15M, la #spanishrevolution o una catástrofe cósmica –lo que sea, pero pronto- se lleve por delante para siempre al PSOE, al PP y la santa madre del Misterio. No importa si desaparecemos la mayoría o se extingue la especie, si ellos también lo hacen para siempre. Se sienten engañadas, estafadas, burladas, y no es para menos. Yo, como padre y como intelectual, también digo con ellas al unísono: España está atiborrada en sus poderes de sinvergüenzas y de tramposos, y todo el que tiene algún poder es un tirano.

A poco que uno se fije en su entorno, comprobará sin margen de error que en España se prima a lo peor y a lo más abyecto sobre lo mejor y lo más capaz. “Hay muchos políticos honrados y capaces”, suelen decir los periodistas que viven de ellos; pero niego la mayor: ni honrados, ni, ni mucho menos, capaces. No sé si se daría la excepción que confirmaría la regla, pero ya lo dudo, ya. Es más, uno mira a su alrededor y constata que los modelos sociales, los que famosean y se llevan la pasta en crudo, son put@s, faranduler@s, traficantes, corrupt@s, cohecher@s y sinvergüenzas de todo género y calaña, quedando relegados los individuos más capaces al desempleo, la frustración o, si tienen mucha suerte, a un empleo miserable desde donde ver con inefable dolor cómo se lo llevan muerto todas esas excrecencias sociales. Y sus señorías, la infame e infamante casta política que nos martiriza con su existencia, son lo peor de lo peor, porque pudiéndolo evitar y teniendo las herramientas para ello, también va a pillar y ejerce la tiranía, considerando que todo derecho es suyo y el erario también, que son los pastores de esta ganadería que son los ciudadanos españoles. Con una capacidad intelectual media en serias dudas de que exista y una cara dura con un grado shore próximo al del diamante, pero en hormigón armado, para ser señoría se puede ser un asno monumental, no haber hecho ni el bachillerato, rebuznar en Mi sostenido y perpetrar cualquier atentado contra la inteligencia en general y el buen gusto en particular. Para ser diputado, senador, ministro, presidente, o personalidad o cargo político de cualquier pueblo o comunidad basta, digo, con ir en la lista del partido de los pillos correspondientes, los cuales ya se ocuparán muy mucho de que sus actividades se centren en pillar a base de bien, blindarse de derechos, salarios astronómicos, jubilaciones de mandanga, cobrar por respirar hondo, legislar ad hoc por la pasta a favor de quien sea, y permitir que los gobernados anden y que arreen buscándose la vida por esos mundos de Dios, o, dicho en el castizo más crudo: ¡anda y que los joan!

Corriendito esta manga de asnos va a promover que los capaces ocupen puestos de responsabilidad en la sociedad. ¡Ni que estuvieran locos! Dirán, como siempre, que sí, que hay que ser buenos chicos, que hay que estudiar, que hay que obedecer y todo eso, que sin esfuerzo nada vale, pero es mentira, porque los jóvenes a quienes se destina ese mensaje deben saber que detrás de esas palabras no hay nada, ni siquiera un empleo de cajero de un supermercado. Nada, en su más violenta y escatológica manifestación: cero, el vacío absoluto.

Digo que mienten, y digo que mienten muchísimo. No tendrían asnos en sus filas de otro modo, y éstas están infestadas de borricos que tienen serias dificultades para hacer la O con el culo de un vaso o entender más allá de un millar de términos lingüísticos. Caí tres veces en la trampa de sus mentiras arrastrando conmigo a tres de mis hijas, pero no se sucederá con la cuarta. Por venganza de un pésimo e infame profesor le hicieron repetir a mi hija 6ª curso de EGB a sabiendas y con plena conciencia lo de injusto que era; pero ese profesor que no merecería mejor suerte que un tribunal y una condena bien severa (a saber qué hay detrás de su particular odio –o deseo- hacia la niña), no es más culpable que el resto de los profesores que lo consintieron por corporativismo, ni siquiera es más doloso que la infame Inspectora de Alcalá de Henares que secundó el atropello sin haber ido siquiera al colegio, hablado con la alumna o con sus padres, ni aún que la Directora Regional de la Comunidad de Madrid en Alcalá de Henares, quien, con el mismo corporativismo que todos los demás infames, se sumó a la farsa, cubrió con inmundas maniobras este atropello a la infancia, a la dignidad, a la justicia y al salario que indebidamente cobra por hacer lo que no debe, y aquí no ha pasado nada: santas y buenas. Nadie quiso hacer justicia, protegiéndose como miembros de la misma partida unos a otros.

Ya se pueden imaginar qué pensamos en mi casa –con un CI medio de 136- cuando escuchamos a la presidenta de Madrid hablar de excelencia académica, sabiendo que todos esos pillos que he mencionado están a sus órdenes directas (e indirectas). Tal vez, y creo que va por ahí la cosa, quiera decir que hay que está diseñando la cosa de la educación para que los ninios de los choris tengan una artificio de parecer que sí, pero que no, o algo por el estilo; pero para que los ninios de los choris lleguen adonde quieran los papis, palabra, no hace falta nada de eso. Ya se lo llevan muerto, como sus progenitores, incluidas, por ahora, las notas. Y a los ciudadanos, que no son nadie, que lo joan.

No más excelencia académica por mi parte. Basta de esa basura, basta ya de creer en esas mentiras. Más oportunidades de vivir bien tiene un chico pegándole patadas a lo que sea (incluido el diccionario,véase a cualquier diputado o lo que sea), que esforzándose por sacar buenas notas, cosa que sólo asegura un puesto fijo en el paro eventualmente en el subempleo que los políticos consienten mientras dicen que lo persiguen. Cuentos, cuentos, cuentos para tontos. En España, para cualquier ciudadano, estudie o no, no hay más futuro que ser carne impositiva para mantener a esta recua. Mejor que los chicos disfruten hoy, porque no se lo van a consentir mañana. Al menos, no les podrán quitar lo bailado. Todo lo demás, fijo que sí.

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