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Odios instigadores
Como tantas sensaciones, mezclada con las demás, permanece aislada, como un hierbajo disimulado entre el verdor del prado
Algún escozor que otro sí llegaran a provocar sus contactos esporádicos, mas no dejarán de ser, eso, una picazón ocasional, salvo excepciones de peores consecuencias. La propagación del ODIO cambia el panorama, se transforma en inhóspito para otras presencias. Ahoga incluso las aptitudes de las que fuera portadora esa persona, su predominio es avasallador, no se limita a su presentación simple, sino que tiende a la anulación de otras cualidades menos agresivas. A todo eso, en cuanto a su placentero regusto, como no se trate del amargor bilioso, pocas satisfacciones lleva consigo. La neurobiología es misteriosa también en esto; o la psicología, o la fuente de donde surja el desabrido producto.
Según lo percibimos en los ambientes actuales, arraiga el odio con excesiva facilidad, intensifica la crispación, salpicada por crueldades de variado pelaje. ¿Una sorprendente evolución de las tendencias? No tanto, no tanto. La semilla de la inquina progresiva crece con lentitud en los cultivos descuidados de los que vamos servidos profusamente; lenta, pero en crecimiento constante. Uno de sus principales abonos es el de la RUINDAD, con él se potenciarán los efectos de la germinación, manifestada por la aparición de muchas ramas de mala estirpe. La minúscula dedicación al cultivo de ideas morales, nos libera de los atenuantes, queda el camino expedito para el odio. Sobrepasado ese primer nivel, los procedimientos no se ven necesitados de regulaciones sensatas; la eficacia egoista no se detiene en consideraciones. Lo ruin nos incita a la práctica de ruindades; la suma de ambos nos desliza hacia un futuro ruinoso.
Será complicada la defensa de gente que permanezca indiferente a los problemas de la existencia o de gente abúlica en general. La permanencia al margen de las decisiones no suele aportar nada satisfactorio. Admitiremos por lo tanto, la conveniencia del APASIONAMIENTO; ahora bien, aplicado con buen sentido en las actividades en que nos vemos involucrados. Sirve de poco un don Tancredo estático e indolente; hace falta pasión para lanzarse a la brega de cada día. ¿Cómo sino se podrían superar las dificultades que no cesan? Sin embargo, en un dramático contraste, surge un entorpecimiento que frena los impulsos; el odio viene a robarnos casi todas las energías, las polariza en su exclusiva dirección; es muy absorbente, para su aversión necesita de todas las potencias. Lo vemos a diestro y siniestro, una pasión centrada en el odio, no permite el ejercicio de otras cualidades.
En esta época aquejada de tantas crisis, pero también en cualquier otra, simplemente por el sano objetivo de una vida mejor; se requiere de la preparación adecuada. Cada avance tecnológico o la mera convivencia, precisan de una gran destreza para no quedarnos encallados en el tránsito. Si con los cinco sentidos no fuera suficiente, recurramos a los que sea menester; la dedicación esmerada es imprescindible. No obstante, la imprudencia nos convierte en NECIOS cuando transigimos con los odios vertiginosos, que suelen estar promovidos por patriarcas de cara muy dura o por instintos muy enrevesados. Mientras, el trabajo sereno se desvirtúa, con una programación deshilachada y desintegrados sus cometidos. La excelencia pasa a considerarse como una cualidad superflua, dirige las operaciones la inquina social; por lo tanto, son otros los anhelos.
Una vez mezclada la semilla odiosa con los sentimientos, su raíz es francamente difícil de extirpar, adquiere un poder de fijación sutil, pero de una firmeza extrema. Modela con diferentes apariencias las actuaciones posteriores del individuo captado; bien con maneras suaves disfrazadas de hipocresía e ironía, o implantado como una FEROZ OJERIZA permanente. No necesita argumentos de gran consistencia, le resulta suficiente con una pequeña cuña del malicioso impulso Los ejemplos alardean por sí mismos, en versiones familiares, dispersos entre grupos ciudadanos, adheridos a ideologías maquiavélicas; manifestados con especial crudeza cuando se trata de política o intereses económicos. Su arraigo tan implacable, complica la corrección de los problemas originados. La inteligencia debiera bastarse para la adopción de medidas preventivas, debiera contrarrestar esa corrosión continuada; sin embargo, en pocas ocasiones previene a tiempo los peores odios, el misterio de dicha implantación permanece como un potente interrogante.
Qué gran logro supondría la canalización de esas fuerzas antipáticas hacia mejores ambiciones; en un doble sentido, la promoción de inquietudes benefactoras, sumada a la tenacidad para transformarlas en realidades. Es un sueño irreal donde los haya, porque la tozudez va añadida al enojo de quienes odian. Dicho de otra manera, el ímpetu CEGADOR, empaña la claridad para nuevas visiones; simplemente, no deja ver otras opciones de calidad. Añadimos a su maliciosa perseverancia, el componente de torpeza para los debidos enfoques. Con el incremento de la agresividad, la manía despectiva ocupa todos los espacios. A nuestro alrededor brotan con poco freno los comportamientos ofuscados por sensaciones así de inverosímiles.
La sencilla y modesta mala sombra, recula ante la intensidad de estos impulsos; pasa a la acción insidiosa e intolerante, a la vez que con aquella visión enturbiada. Por ello, no debe extrañarnos su MIMETISMO MEDIOCRE, centrado en esa limitación, en la imitación de sus propias inclinaciones, reiterativos hasta la saciedad con sus odios. La mediocridad se fragua en la falta de reposo mental para la elaboración de proyectos en misiones meritorias. ¡Lo que nos faltaba! Como un monólogo estúpido de la aversión, reiterativo a tope y sin asomos de un progreso satisfactorio. Son las trazas que abundan en instituciones, ayuntamientos, movimientos sociales, familias y en impensables recovecos. Asombra la reiteración, pero es un hecho.
Topamos con una prueba para la consistencia o fragilidad de las personas, bregamos en ese PULSO TENSO entre dos actitudes, la ilusión y la ponzoña. ¿La ilusión debe quedar recluida en los pozos privados? ¿Sellaremos las posibles salidas ilusionantes? ¿Consentiremos el predominio inclemente de las actitudes odiosas? La exigencia de las respuestas nos afecta de lleno. La ideas creativas pueden quedar amortiguadas por la pasividad, acogotadas por la presión foránea, como resume el siguiente “indriso”:
ODIO
La ruindad, el odio generaliza. Tiene aversión hacia toda gran pasión, Necio motivo frente a la destreza.
Su inquina no genera mejor visión, Porque centrado en feroz ojeriza, No abre la espita de ninguna misión.
Se ceba en su mimetismo mediocre;
Por que cada ilusión cubre con lacre.
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