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La hora de la derrota
¡Vae victis!
Hay victorias sin honor, conseguidas a trasmano y torciendo la ley, como la obtenida por BILDU, el PSOE y el TC, y derrotas humillantes, con hedentina a traición, como la que en estos días arrodilla España. Doctores tiene la ley para determinar si lo que han hecho el PSOE y el TC es legal o no, y voces no faltan que juran sobre sagrado que muy legal no lo es, porque los magistrados del TC no deberían ser nombrados por los partidos y porque el TC ha ido hasta donde de ninguna manera podía ir.
Si no fuera absolutamente legal el que se haya legalizado al brazo político de ETA, los magistrados y políticos socialistas que torcidamente les han dado esa carta de legalidad deben responder de su felonía con todo el peso que la ley les impone a los traidores; si, por el contrario, lo fuera, queda absolutamente claro que la ley ni defiende el orden que la Constitución dice defender, ni a la vista de los sucesos protege a los ciudadanos de los terroristas, y, por ello mismo, debe ser cambiada por la vía de urgencia, ser devuelto BILDU (y sus socios) a las alcantarillas de las que jamás debieron salir y ser restablecido el orden constitucional, hoy severamente dañado.
Ellos, los que se han sentado en los ayuntamientos y diputaciones con los votos de quienes directa o indirectamente han participado del rencor ciego de los encapuchados que perpetraron los crímenes, han derribado ya, en menos de una semana, todas las esperanzas de quienes aparentemente de forma estúpida o ingenua –no creíamos que iba a pasar esto, me decía un militante socialista- les promovieron a la legalidad porque los criminales ponían carita de buenos chicos o porque los políticos pensaban que iban a lograr lo que el Estado y los demás partidos políticos no lograron en sesenta años de lucha firme, constante y continuada. El PSOE es más listo, ya lo hemos visto en dos ocasiones distintas y casi antitéticas, y ahora estamos más cuarenta años atrás en la lucha contra los terroristas. Volverán a matar, seguro, como han vuelto a quitar nuestras banderas, a mentir a destajo y a amenazar de muerte a quienes sus cadáveres tiroteados en la nuca muy probablemente mañana serán noticia de telediario. ¿A qué cuenta cargaremos esos cadáveres cuyas mortajas ya se están confeccionando?... ¿A qué cuenta el miedo que vuelve a respirarse en las provincias vascas?...
Sin embargo, y por más dolor que produzca todo esto, debemos admitir que la guerra del terrorismo la han ganado los terroristas usando las armas que han tenido a mano, incluidas las que los ciudadanos creíamos que eran nuestras, como el PSOE y el TC. Nos han vencido, nos derrotaron con traición o sin ella. Es justo, pues, que se pavoneen de su victoria. Como en todas las guerras cuando terminan, los vencedores tienen derecho a imponer su ley, a hacer botín con los vencidos y a escribir su Historia, y los vencidos tenemos la imposición de acatarlo. Esa es la ley a la que PSOE y TC nos han condenado. Y por eso, los ciudadanos que alzaron sus voces contra los terroristas, si quieren vivir, deben salir del territorio vasco o soportar la humillación diaria y la persecución sañuda por parte de los vencedores… hasta que llegue el día fatídico en que ellos o lo suyos sean carne muerta de prensa. Las víctimas de sus héroes, esos que desde las cárceles de los vencidos volverán a su territorio en hedor de multitudes, están bien muertas, y todos, ciudadanos de a pie nacidos y no nacidos, deben aceptar esta derrota en toda regla, porque así lo ha decretado el PSOE y el TC.
Días han pasado, nada más, desde que los vencedores tomaron posesión de sus cargos en ayuntamientos y diputaciones, y no quedan ya vestigios y símbolos de aquél nuestro país que comprendía esa tierra; pero es que tampoco queda entre los socialistas y los magistrados del TC, que con tanto ímpetu y fe defendieron la legalización de los pistoleros y los cachorros del reptil, una palabra, una excusa, un argumento siquiera que sostenga los porqués de que se pusieran de parte de nuestros enemigos, nos arrodillaron a todo un país y les sujetaran a nuestros vencedores las manos para que las bocachas de sus armas se apoyaran firmemente en nuestras nucas.
Ya no quedan páginas gloriosas que vivir en un mundo gobernado por socialistas o por TCs como estos. Las patrias, hoy, son extensiones de intereses que sólo contienen contribuyentes, esclavos de Hacienda. Los hombres fueron siendo degradados por la abyección de los políticos y por la indecencia moral de los tribunales. Bien está, en semejante escenario, que los terroristas sean los vencedores. Suyo ha sido el laurel y suyo ha de ser el derecho a escribir su Historia inventada, colmando en sus renglones de ignominia a la sangre de los vencidos que fue derramada.
España es un país que sabe mucho de victorias pero que no ignora lo que son las derrotas, especialmente cuando vienen de la mano de la traición de los nuestros. Somos excedentarios en Vellidos-Dolfos, Antonios Pérez y capitanes de Viriatos. Siempre hemos sido nuestro peor enemigo, y es gracias a los nuestros como hemos sufrido los mayores descalabros que nos han infligido. Rindamos, pues, las armas ante el enemigo que ha sabido emboscarse para vencernos y aliarse con nuestros más peligrosos enemigos internos, y vallamos al exilio de aquella tierra que con justicia o sin ella nos han arrebatado. Hemos perdido, y debemos asumir la derrota con todas sus consecuencias. ¡Vae victis! Sólo nos queda, para no sufrir futuras humillaciones, limpiar de traidores nuestros ámbitos y analizar lo sucedido con mucha calma, porque tal vez ahí aprendamos una lección que hubiéramos debido aprender hace un poquitín más de setenta años.
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