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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Una visión del futuro


Los artistas tienen el don de anticipar el futuro y anunciárnoslo mediante sus obras


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 28 de junio de 2011, 09:03
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Hay algo en la naturaleza del artista que le permite anticiparse al tiempo que vive, percibiendo en su hoy las ondas armónicas o inarmónicas de la piedra que alguien o todos lanzarán al estanque de la Historia un mañana que todavía no ha sucedido. Esta capacidad premonitoria tiene en los artistas una componente mágica, como cuando antes de salir a cazar los pintores del paleolítico conjuraban al éxito en sus pinturas, atando la realidad venidera a su fantasía. O tal vez no sea que el arte haga sensitivo al artista, sino que sólo el sensitivo pueda ser artista, cual si el destino o el hado le eligiera y le dotara de capacidad expresiva necesaria para que comunique a sus congéneres qué sucesos están por venir, si es que prosiguen por el camino que transitan.

Esta propuesta puede parecer exagerada o fuera de contexto, salvo si uno repara en el propio desarrollo de la Historia del Arte. En sus páginas no sólo están condensadas las aspiraciones del momento de las propias realidades momentáneas de sus sociedades, sino que también están anticipadas las páginas de la Historia que llegarían en los años siguientes. Por ejemplo, la ceguera de Goya que emborronó sus pinturas, entenebreciéndolas, sus tétricas obras de “Los desastres de la Guerra”, y aun sus “Los Caprichos” y sus “Pinturas Negras”, fueron cada una de estas etapas pasos que nos iban acercando a la barbarie que sumió a este país en su propio Infierno de la guerra y la división social que aún hoy nos enfrenta. Se fue perdiendo el perfil nítido de la realidad, emborronándose en la corrupción, hasta que engañosamente se creyó bueno lo que no lo era, hasta que el hombre, el español de a pie, desbordado, quedó solo como individuo ante sus propios demonios, los monstruos de la razón.

Algo que se puede proyectar sobre todos los demás movimientos artísticos, como el impresionismo, sin ir más lejos. Nadie en su sano juicio pensaría que aquellos años de dolce vita y alegre diversión podrían ser el preludio de una tragedia o la calma que antecedía a la galerna; pero las borrosas, desconcertantes e incomprensibles formas de pinceladas sueltas y disgregadas de Manet, Monet, Degass y tantos otros, supieron anticipar, acaso sin saberlo, un orden de seres sueltos y sin ligas ni consigo mismo ni con su entorno, los cuales lucharían enconadamente por su espacio vital contra sí y contra cada uno de los demás hombres: la Sociedad de las Naciones, las guerras coloniales, la I Guerra Mundial, etc. Un tiempo en el que la misma Sociedad Científica de París, lo más avanzado de su tiempo, después de sesudos discurrimientos de sus cerebros magníficos, llegó a asegurar: "No nos queda nada más que descubrir: ya todo está inventado."

Pero la humanidad, a pesar de sus fracasos, o precisamente por ellos, continuaba su andadura enloquecida sin apartarse del mismo camino que la descuartizaba, y llegaron los movimientos cubistas, dadaístas, surrealistas, expresionistas, abstractos, etc., los cuales vaticinaban en su geometría caótica y la locura de su color daños más severos, confusiones más profundas, anunciaban el arribo de demonios más terribles que estaban en ciernes de entrar a saco en nuestra dimensión como nunca antes lo habían hecho. El hombre, se había vuelto contra Dios y contra su propio espíritu, afirmando su condición natural de cosa armada transitoriamente con vida y negando su condición de vida armada con cosas, y llegó la II Guerra Mundial, Corea, Vietnam… , para que se encontrara. Pero no lo hizo. La lucha de clases, el horror, el hombre como lobo del hombre, la muerte, las necesarias drogas y la devastación le hicieron tener a los jóvenes -artistas todos en potencia- un sueño psicodélico de lunas conquistadas y flores en los campos de batalla donde se engendraron las orfandades de la mitad de la población mundial, y, mientras el mundo moría de necesidad o se mataba en mil guerras de barrio y se levantaban muros acerados guardados por millones de bayonetas y misiles fálicos que contenían la semilla de la muerte radiactiva, los jóvenes renegaron del Cielo de los dioses sordos, de la Tierra de los hombres locos y construyeron su propio orden extrarradios de la sociedad o tomaron La Sorbona, en un sueño narcótico que algo tenía de canto de cisne.

Aparentemente de forma absurda, ridícula a veces, casi siempre ofensiva, desde entonces los artistas han ido evolucionando del naïf al outsider, pasando por el suprematismo, el arte conceptual y el graffiti, en una evolución que lo mismo ha tratado de reencontrar el camino extraviado que manifestar el hartazgo por un porvenir sin más esperanza que la propia condición transitoria sobre la que el hombre se considera armado: caos, cosas sueltas, ideas sueltas, aspiraciones abandonadas, egoísmo, protagonismo, individualismo, nihilismo… La expresión cumbre del arte como anticipación premonitoria fue la de esos artistas que han llegado a materializar sus obras con excrementos (suyos o no)... con notable éxito: ninguna otra imagen podía ser más idónea para resumir en un acto magníficamente lúcido y breve nuestra sociedad actual, especialmente visto desde el punto de vista de las creencias, de lo político y de lo económico.

Algo ha sucedido, sin embargo, algo ha cambiado, no se sabe si por agotamiento. Hoy, el arte ha recalado en la Rectoversión, y, si se analiza este movimiento desde el punto de vista que defiendo en este artículo, lo que nos anuncia es ni más ni menos que un cambio radical de paradigma, algo por completo diferente a cualquier otra experiencia que haya tenido antes la sociedad como conjunto y el hombre como elemento básico de la construcción divina. Dudo, dudo mucho que a nuestro orden le queden muchos más de dos telediarios, y no lo digo de una forma imaginaria o parabólica. Demasiados codos rozan el tintero como para que el pliego sobre el que escribimos no se derrame sobre él. Sea Nibiru, Elenin o cualquier amenaza cósmica; sea la guerra por los alimentos, por las materias primas o la más que cantada muerte de los océanos; y aún sea o no a causa de esos negocios que los poderosos se inventan cada tanto con crisis falsas e inventadas para saquear a los Estados, con pandemias creadas en laboratorios de las mismas farmacéuticas que venden los remedios o con esas guerras que los fabricantes de armas promocionan enconando los odios entre los hombres, este movimiento artístico nos anuncia que muy pronto algo va a pasar que nos va a poner en la tesitura de elegir entre ser carne o espíritu, y que elegiremos espíritu. Esto es lo que estos receptores del porvenir, estos artistas, nos están anunciando. El orden de las cosas se termina y está por alumbrarse el orden donde todos sabremos que somos lo mismo, agotándose por extenuación la falsa creencia de que somos algo con vida para exaltarse que somos vida con algo.

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