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Reforma electoral, sí. Pero no cualquiera
“El sistema electoral español mantiene secuestrada la representación, conditio sine qua non para poder hablar de democracia”
Es una de las exigencias que el movimiento del 15-M, fracasado después de no aportar absolutamente nada y ser infiltrado hasta el tuétano por la extrema izquierda, pedía al comienzo de su andadura: modificar la ley electoral. Es también un clamor en la calle. Casi una moda Sin embargo, pese a que, efectivamente, el sistema electoral español mantiene secuestrada la representación, conditio sine qua non para poder hablar de democracia, me temo que lo que pide la mayoría es una reforma para que el mal que venimos padeciendo desde 1978 sea aún mayor. Lo hacen cuando reclaman “mayor proporcionalidad”.
El proporcional sistema electoral español es de listas bloqueadas, con circunscripción provincial. Proporcionalidad corregida, para colmo, por un desastroso invento del belga D´Hondt que penaliza al tercer partido. Quizá ello sea la causa del triunfo de uno los mantras interesadamente extendidos por el consenso socialdemócrata: la perversidad del bipartidismo, que según esta falacia, cercenaría la pluralidad. Empero, lo que sucede realmente es que en España, como en Bélgica o en Italia (todos con sistemas electorales proporcionales) los gobiernos quedan en manos de minorías. Imposible que la corrupción no campe a sus anchas y que el chantaje no sea una forma normal de hacer política. No hay gobiernos fuertes (salvo mayorías absolutas como alguna de las del PSOE en los 80), sino tiranía de las minorías. Como ejemplo, bastaría con citar, máximo exponente de los resultados de un sistema proporcional, a Unión Mallorquina, partido cuyo lema podría haber sido “me lo llevo” y que condicionó durante años y años los gobiernos de las Baleares. Piensen en Extremadura, en donde José Antonio Monago (PP) no gobernará si no cede a imposiciones de Izquierda Unida como la no supresión del impuesto confiscatorio de sucesiones. Monago no podrá pues llevar a cabo el programa electoral mayoritariamente elegido por los extremeños. ¿A eso lo llaman democracia? Ahí tienen a Elena Salgado y Valeriano Gómez mendigando en el Congreso de los Diputados a PNV y CiU la abstención para la no-reforma laboral. Ya es costumbre el pago. En forma de Majestic o de Tinell. Lo mismo da.
Era imposible, pues, que España no acabara como está terminando: en la ruina y sometida a los deseos de unas minorías que aspiran a parasitar al contribuyente español para montar su propia republiqueta.
En el lado contrario están los imperfectos sistemas mayoritarios, de circunscripción uninominal. Y de listas abiertas. Como el useño, mediante el cual el candidato más votado se lleva el escaño y el Presidente resulta ser el más votado, pudiendo legislativo y ejecutivo quedar en manos de representantes de diferentes partidos. O sea, que podría gobernar ZP pero el PP tener mayoría absoluta en el Congreso y Senado. Gobiernos fuertes en donde los congresistas, y esa es la clave, se deben a sus votantes. Representación. Democracia.
¿Conocen ustedes el nombre de sus diputados o concejales? ¿Se imaginan en España un diputado del PSOE votando junto a diputados del PP o en contra de su propio grupo sencillamente porque considera que su propuesta coincide con los intereses de sus electores? ¡Inimaginable! En este país a quien semejante acción democrática cometiera se le tacharía, poco menos, que de traidor y tránsfuga.
¿Y qué es lo que piden los indignados, secundados por partidos oportunistas que buscan mejorar sus resultados? Pues mayor proporcionalidad. En realidad que sean aún más fuertes las minorías y su capacidad de someter a las mayorías. Eso, señores, no es democracia. Pero quizá jamás se trato de eso.
Hay que abrir el debate del cambio de la ley electoral, pero hay que hacer, además, un enorme esfuerzo pedagógico para explicarle al personal que necesitamos un cambio y no un más de lo mismo.
De abrir un proceso constituyente hablamos otro día.
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