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Cuando las palabras están prohibidas
“Prohibido”, de Amal Ramsis (2010)
Como si de una cámara oculta se tratase, la directora de este documental filma las calles de “El Cairo” clandestinamente en un Egipto que se encuentra en medio de una situación política inestable. De hecho, unos meses después, estallará la revolución, siendo este documental una denuncia social y una gran provocación al Gobierno de Mubarak.
Un documental construido a partir de una sencilla, pero a la vez compleja palabra: prohibido (mamnou). ¿Qué está prohibido en Egipto? Después de ver el documental, sólo encontramos una única respuesta: todo. Expresarse, sentir, amar, ser libre. Todo aquello que es cotidiano, que nos afecta cada día; todo aquello que nos hace dignos como seres humanos.
Con cierta ironía, las preguntas de la directora tienen un doble sentido: ¿qué es lo que no está prohibido? Ya desde el principio se nos plantea esta paradójica cuestión, mientras subimos unas escaleras cuyo destino desconocemos. Una pregunta que favorecerá el tono irónico reflejado en la película, que también será acentuado gracias a la introducción de escenas de películas o series egipcias que muestran en una pantalla de televisión un mundo ideal. Un mundo ideal que, sin duda alguna, no representa al Egipto de hoy. Esta ironía incluso se refleja en las respuestas a esta pregunta, ya que incluso los mismos entrevistados aceptan con resignación y con cierto humor todas las prohibiciones, muchas veces ridículas, que les impone el gobierno. Entrevistados, por cierto, que saben lo qué les supondrá romper el silencio en un país de censura, pero que prefieren reivindicar su derecho de expresión para denunciar esta situación ante todos los espectadores.
Sin duda, el humor es necesario para afrontar tal situación. Y es que abordar este complejo tema con toques de humor es todo un reto para cualquier documentalista. Pero Amal Ramsis supera el desafío con creces.
Y lo consigue porque ha sabido bien dónde encontrar este humor. Los hombres y mujeres entrevistados son personas luchadoras, manifestantes, cansados de tanta ridiculez, que incluso se permiten reírse de ellos mismos. Y estas personas consiguen empatizar con el público, ya que su discurso se corresponde con la visión de muchos civiles que no se atreven a hablar y con la visión occidental en general.
Como se ve, lo importante del documental no es la forma, sino lo que se cuenta. Las palabras ganarán en importancia, dejando a la fotografía en un segundo plano. Quizás esta falta de preocupación por la estética viene porque la documentalista se encuentra con la prohibición de filmar por las calles, cosa que resolverá muy acertadamente con grabaciones hechas a modo de cámara oculta desde dentro de coches que recorren la ciudad. Sea como fuere, lo cierto es que sus testimonios tienen tanta fuerza que no echamos de menos imágenes bonitas que nos lo expliquen.
El documental se va encaminando hacia una conclusión, pero la directora, sin haberlo buscado, consigue que la historia tenga más fuerza aún si cabe. De hecho, la verdadera respuesta de la famosa pregunta “¿qué está prohibido en Egipto?” nos la proporciona un acontecimiento que llegará justo el día del montaje de la película: la revolución.
Sin duda, un documental que merece ser visto. Primero porque la directora ha grabado clandestinamente. Y segundo porque tenemos la gran oportunidad de escuchar testimonios de personas que quieren cambiar una situación injusta. Y el caso es que algo consiguen.
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