Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Que Hotel - Hoteles baratos
Diario Siglo XXI Sueldos Públicos El Viajero Magazine Tienda Diseño Grupo viernes, 25 de mayo de 2012. Actualizado 18:19 h. Suscríbete a nuestro boletín Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter
Siglo XXI. Diario digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Portada | Opinión | España | Mundo | Economía | Televisión | Cine | Música | Tecnología | Libros | Medios | Moda | Salud | Sexo | Ciencia | Gastronomía | Toros |
Deportes    Londres 2012    Fútbol    Baloncesto    Motor  |  Última Hora  |  Videos  |  Entrevistas  |  Infográficos  |  El Tiempo    ●    Concurso fotográfico
    
Tags: Sociedad · Medio Ambiente · Ángel Ruiz Cediel
Zonas muertas


Los océanos se enfrentan a una amenaza de muerte


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 21 de junio de 2011, 11:20
Comentar



La basura se acumula

A la Ciencia le gusta el tango. No hay una verdad incontestable suya que dure algo más que un suspiro. ¡Vae ignorantiae!, ¡ay de los ignorantes!, pregonan; pero sus certezas, las científicas, son tan efímeras como una centella, tan fugaces como una estrella errante que apenas si deja en la memoria constancia de su paso con un leve arañazo de luz, porque lo de anteayer ya es prehistoria, lo de ayer es antiguo y lo de hace un rato ya no vale.

Así ha sucedido con las dietas, verbigracia, pasándose de ser venenoso al aceite de oliva o degenerativa la dieta mediterránea a ser la alimentación más sana del mundo, de engordar el pan a no engordar en absoluto o de ser el pescado el alimento natural por excelencia a tener tal cantidad de tóxicos y metales pesados que la ingesta de cualquier ser marino en un par de ocasiones o tres puede acarrear el cáncer, una enfermedad irreversible como el alzheimer o la muerte. Y esto, claro, en las cosas del comer de cada día, porque no hay una sola certeza de la Ciencia en que donde dijeron con erudita soberbia y mano filosófica “Digo”, tengan unas horas después que decir “diego”. Ninguna, absolutamente ninguna verdad científica, es inmutable, ni siquiera perdurable, ni aún durable lo que un parpadeo.

Hay asuntos en que la verdad científica es irrelevante, como en la cosa esa de los universos paralelos, la teoría de las Supercuerdas o la Especial de la Relatividad y esas mandangas de la religión que los sabios profesan y sus dogmas alucinados, y..., bueno, allá ellos con sus filosofías y sus iluminaciones. Lo malo comienza a suceder cuando estos gurús de la Ciencia y sus obispos se meten en el territorio de los mortales y van e inventan algo, descubren algo y, además, nos lo cuentan, si es que no nos lo imponen. Ahí sí que monta el lío, y jamás es un lío menor. Podemos contar, entre estas maravillas, al DDT, que todavía está jodiendo por esos mundos de Dios, a Seveso, Bophal, los clorofluorocarbonos, los plásticos, la energía nuclear y todas esas cositas tan lindas que han convertido al planeta en un estercolero tóxico y radiactivo del que la vida en todas sus manifestaciones está siendo expulsada por la puerta de atrás. Y esto, claro, por no contar lo avanzados que están en las cosas del matarile, proveyendo la Ciencia a los mayores carniceros de la Historia de las herramientas necesarias para que hagan su particular bricolaje, desde los gases venenosos a las bombas atómicas, pasando por todo un quimicefa de muerte química y bacteriológica al alcance de cualquier demente.

Sin embargo, siendo lo suficiente como para proscribir la Ciencia y comprender que en el Neolítico nos moriríamos antes, sí, pero muchísimo más sanos, la Ciencia y su clero de rito negro siguen en su delirio, no pareciendo que vayan a detenerse antes de asegurarse la imposibilidad de que sobreviva nada en el planeta. Apenas hace unos meses, en el Océano Pacífico apareció una isla como la provincia de Madrid, formada por plásticos arrastrados por las corrientes desde las cuatro esquinas de la Tierra; la mitad del mundo, hoy, es necesariamente mortal o inhabitable, como si estuviera salpimentado de zonas muertas por doquier, como consecuencia de las centrales nucleares (Chernóbil, Fukushima, Three Mille Island, Fort Calhoun (Nebraska), etc.) y como consecuencia del uranio empobrecido que utilizan los ejércitos occidentales en su munición para deshacerse de él en las guerras inventadas contra el Tercer Mundo (Somalia, Yemen, Libira, Iraq, Afganistán, etc.); y hasta hemos avanzado tanto en medicina que ya sabemos perfectamente que todos estamos enfermos, lo que no es óbice para que cada tanto se fumiguen a parte de la población con medicamentos defectuosos, que en vez erradicar los males inventen medicinas para eternizar a los pacientes como clientes distinguidos y hasta son capaces de inventar enfermedades (SIDA, gripe aviar, gripe A, e.coli, etc.), para, con las alarmas preceptivas de sus cómplices en la OMS o de donde sea, hacer negociete con los pánicos ciudadanos. El pánico da mucho de sí, y bien que lo saben ellos.

Porque sobre el pánico, hoy en que todo es negocio, es un puntito en el que la Ciencia tiene mucho que decir. Si la Ciencia dice que tal cosita mata, todos, alentados por las multinacionales correspondientes, corren a comprar el remedio, y eso hace mucha caja, pero mucha. Tal que esto está sucediendo con casi todo. Por ejemplo, con los océanos, que si ayer decían de ellos que eran el remedio milagroso contra el hambre de la humanidad, hoy han decretado su muerte, pues sus fondos no sólo son gigantescas fosas inmundas de desperdicios tóxicos, sino que además están inundados todos ellos de zonas muertas, extensiones imposibles donde las aguas son anóxicas debido a la carencia de oxígeno que produce el exceso de CO2 vertido por la industria y el progreso a la atmósfera junto con disolventes, floculantes, detergentes y otras basuras propias de la industria petrolífera y su progreso de muerte. Tan grande, según dicen, es el daño, que a los océanos les quedan dos telediarios. Y, por si esto fuera poco y no estuvieran satisfechos con este baile de decir digo donde dijeron Diego, van y avisan que si anteayer afirmaban que el sol nos iba a achicharrar en este ciclo 24, en el que esperaban una superactividad que freiría nuestros satélites y tal, catapultándonos al paleolítico, ahora resulta que no, que es todo lo contrario y que, lejos de estar a las puertas del Infierno por abrasamiento, estamos sacando entradas para un periodo glacial semejante a las pequeñas eras glaciares que tuvimos unos cientos de años atrás como consecuencia de que el sol se había acostado la siesta y estaba funcionando a media luz o a medio gas, vaya usted a saber.

Visto lo visto, para mí que están urdiendo algo, un negociete nuevo. Por lo pronto, se sabe que algunas potencias están comprando tierras agrícolas a lo bestia, así en Latinoamérica como en África, y se se sabe que están construyendo refugios subterráneos por doquier para poner a una supuesta elite a salvo no se sabe si de un Apocalipsis producido por el onmipresente Nibiru o si de nuestros próximos ilustres visitantes Honda, Elenin y Levi, tres asteroides que nos pondrán difícil tomar las uvas la próxima Nochevieja. No, no sé cuál es el negocio que se están montando, pero hay alguno en ciernes, seguro, porque la crisis ya no da más de sí, han saqueado todo lo que tenían que saquear y no quedan reservas. La Ciencia, al servicio de estos poderes económicos, está haciendo lo necesario para, vendiendo pánico y desconcertando incluso a los eruditos con sus posiciones contradictorias, abrir nuevos mercados. Cosas del progreso, en fin. Tal vez sea que, enterados de que el planeta será en breve una gran zona muerta flotando en el espacio gracias al progreso de su Ciencia, quieren morir matando y hacer el último gran negocio de la temporada, ya sea vendiendo plazas en esas arcas de Noé que salvarán a sus felices ocupantes de los pánicos del fin del mundo o de las glaciaciones indeseadas, o bien vendiéndonos a precio de oro un miga de supervivencia. Se está homologando la Tierra con su universo próximo, convirtiéndose también en una zona muerta gracias a la Ciencia.

Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Autoscout24 to go. Aplicación gratis
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
 

Quiénes somos  |   Qué somos  |   Contacto  |   Publicidad  |   Aviso Legal  |   Creative Commons  |   Suscríbete a nuestro boletín Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  

Cursos · Máster

  |  

Comprar naranjas online
© Diario SIGLO XXI - Diario digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris