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Etiquetas:   Contar por no callar  

Con la lengua hemos topado

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 3 de marzo de 2005, 23:54 h (CET)
A mitad de los años setenta, en aquellos días en los que el viejo dictador había muerto, las calles se llenaban habitualmente con gentes que, después de tanto años, podían expresar su opinión en la vía pública sin miedo a la cárcel o a las porras de los guardias. Uno de los gritos más escuchados en los territorios que habían disfrutado de autonomía durante los precarios años republicanos o que iban a disfrutarla cuando estalló la rebelión fascista del general Franco era el de “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”. Se clamaba en las calles por la libertad tantos años oculta, por esa amnistía que llevaría a los presos políticos de nuevo con sus familias y por una aspiración larvada durante mucho tiempo como eran los estatutos de autonomía. Y dentro de esta última proclama iba implícito el derecho a la utilización de la lengua propia en todos los ámbitos de la vida pública de las personas.

Los que ya peinamos canas y vamos criando, día a día, una cierta curva de la felicidad, vulgo barriga, recordamos todavía aquellos ahora lejanos años en los que en los colegios religiosos, donde nos educamos la mayoría de mi generación, se nos prohibía expresarnos en la lengua propia de nuestra pequeña patria. En mi caso, criado con los PP. Salesianos de Valencia, eran muchos mis compañeros procedentes de comarcas valenciano parlantes a los que les costaba Dios y ayuda expresarse en castellano. Entonces aquellos ensotanados hombres de negro les castigaban de manera que si durante el recreo alguien hablaba en “vernáculo” como entonces, con cariño o desprecio, llamaban a nuestra lengua debía denunciar a otro compañero incurso en la misma falta para que se le levantara el castigo. Aquellos nobles padres, que alguna cosa hicieron bien con nosotros, fomentaban la delación, el chivatazo y, por consiguiente la enemistad entre nosotros.

Luego, muerto el viejo general de la voz atiplada y los sellos de correos, nuestra lengua adquirió una cierta prestancia social y con los respectivos estatutos de autonomía se ha llegado a valorar y puntuar su conocimiento , que no su práctica. En mi tierra se creó una televisión autonómica para fomentar el uso de la lengua de mi País que acabo expandiendo cada jueves noche el ventilador de la mierda de programas como Tómbola. Se crearon medios de comunicación que utilizan la lengua propia de los valencianos y, también, porqué no decirlos, nacieron los problemas sobre la denominación de la lengua credos y fomentados por aquellos que nunca la utilizan. Pero a pesar de todo cada día crece el número de mis conciudadanos que utilizan nuestra lengua propia en sus relaciones.

Hace algunos meses vi, con alegría, como el señor Marín, presidente del Congreso de los Diputados de España aceptaba que algunos de los diputados llamados periféricos hiciera servir su lengua desde el estrado del Congreso. No dejaba de ser una anécdota ya que de manera inmediata debían traducir al español, idioma común, su intervención. Pero menos da una piedra y ya se sabe que, como en el anuncio, tacita a tacita podíamos llegar a llenar nuestro tazón idiomático. Pero al parecer, lo del talante zapateril no ha llegado todavía al Congreso, o al menos a su presidente, ya que éste después de un rifirrafe con uno de los representantes de Esquerra Republicana ha decidido no volver a dejar que ningún diputado periférico se exprese en su lengua y lo ha hecho justo el mismo día en que, desde París, su jefe Rodríguez Zapatero exaltaba la diversidad idiomática de España, que, no olvidemos, está expuesta en el artículo 3 de la Constitución del 1978. Parece ser que para algunos el articulado constitucional tan sólo funciona y lo hacen servir en aquellos casos en los que les conviene. Considero que el Sr. Marín no puede despojarnos a varios millones de españoles de nuestro derecho a expresarnos en la lengua que nos es propia y si el Congreso de los Diputados es la representación de todos los españoles es de justicia que todas las lenguas tengan cabida en el mismo.

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