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Los pecheros de siempre

Que solo sirven para pagar impuestos
Manuel Villegas
viernes, 21 de abril de 2017, 00:03 h (CET)
La expresión latina nil novum sub sole, es totalmente cierta: Nada hay nuevo bajo el sol.

En esta exposición no voy a tocar otras cuestiones, voy a comentar algo de los impuestos que todos los españoles, que no tenemos forma de eludiros, hemos de abonar diariamente y cada año mediante le declaración a Hacienda por la ley impositiva que sólo exprime, cual si de cualquier cítrico se tratase, al honrado, sufrido y desprotegido ciudadano contra esta forma de sustracción encubierta que es el pago de los impuestos.

Se dice, malamente para mí, que los pecheros sólo existieron hasta finales de la Edad Moderna y que su condición social no estaba definida por una determinada posición, sino por la obligación que tenían la mayoría de los vasallos a pagar impuestos. Como siempre, y ahora, había quienes ladinamente se libraban de ellos,

No entraré en las clases de los mismos que se abonaban entonces, sólo diré que los más importantes eran las alcabalas y los Servicios reales.

Las primeras, haciendo todas las salvedades y abstracciones que haya que hacer, y seguro que algún historiador no estará totalmente de acuerdo conmigo, las podríamos equiparar al actual IVA. Por él se paga por cualquier compra.

Éstas nacieron cuando el rey Alfonso XI, sin remontarnos a su étimo árabe ni a su hipotético origen romano, necesitando dinero parta continuar con el sitio a Algeciras, solicitó a las Cortes Castellanas que les concediesen el cobro de un tributo solamente durante tres años (de 1342 a 1344) y que consistiría en el 5% de cada producto que se comprase o vendiese.

Esos tres años iniciales se fueron prolongando hasta que se convirtieron en un impuesto perpetuo que, con la llegada de los RR. CC., pasó de un 5 a un 10%.

Siempre ha ocurrido así en España. Cualquier impuesto que se ha iniciado de forma transitoria y para subvenir un gasto concreto se ha perpetuado sine die

Los otros impuestos, los Servicios reales, (ordinarios y extraordinarios) no se podrían contemplar en puridad como tales. Comenzaron siendo una gracia que los representantes de las ciudades con voto en Cortes les concedieron a los reyes, casi siempre en contraprestación de algún beneficio y se mantuvieron de forma indefinida, aunque ya no hubiese contraprestación alguna.

¿Qué ocurre hoy? No nos sorprende a ningún español que el Gobierno de turno de saque de la manga algún impuesto que se perpetuará, o nos asfixie con recortes presupuestarios sobre los servicios más necesarios que es otra forma recaudar impuestos subrepticiamente.

Hacienda tiene una tupida red con la que nos tiene atrapados a todos los que cobramos por nóminas o pensión, pero que los poderosos, los que tienen medios para que sus asesores busquen las triquiñuelas para escabullirse del pago, se ven libres de ello o en todo caso abonen lo más mínimo es por todos conocido.

Siempre me ha llamado la atención que estemos tan controlados para el pago de impuestos y no lo estemos para otras cosas.

Pongo un ejemplo sabido recientemente: Una persona tiene reconocida por la Junta de Andalucía un Grado II, Nivel I de Dependencia, es decir, que tiene que valerse de una tercera persona para realizar las funciones más elementales necesarias para un ser humano.

Esta dependencia le ha sido admitida tras las correspondientes pruebas y certificados médicos que han sido necesarios aportar. En una palabra ha pasado por una especie de Tribunal médico para que le asignen el Grado mencionado.

Pues bien Hacienda, a la hora de efectuar la liquidación correspondiente no admite estos documentos oficiales y pide otros nuevos y que la antedicha persona sea evaluada nuevamente por otro tribunal médico.

Parece de locos ¿Verdad?

Sería grotesco si no se tratase de un sin razón de tamaño calibre que chorrea sangre.

Lo que dictamina un organismo oficial como es la Junta de Andalucía, tras realizar las pruebas y controles necesarios y someter periódicamente a dicha persona a revisiones reiteradas, para seguir considerándola como dependiente, no tiene valor alguno ante la malhadada Hacienda que, en su afán recaudatorio, llega a negar el valor de pruebas realizadas con toda meticulosidad, y no tiene su red de información conectada a las del resto de las Comunidades para aceptar como bueno lo que ellas ya lo han hecho realizando comprobaciones exhaustivas para llegar a la conclusión de que determinada persona depende da otra para llevar a cabo las exigencias humanas más primordiales.

Las Juntas son Gobiernos, y considero que sus decisiones deberían de ser de rango superior a las de una simple administración que es lo que constituye a Hacienda. A todas luces lógico ¿no? En España los impuestos y la lógica no casan.

Los Gobiernos deberían de intervenir en situaciones como la que refiero para que no se diese esa esquizofrenia en las administraciones. No lo hacen porque no les interesa y es más cómodo esquilmar a quien no puede defenderse que perseguir a los evasores de impuestos que son muchos, pero con poder suficiente para intervenir en decisiones políticas.

Lo dicho: seguimos existiendo los pecheros.
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