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Tags: Opinión · Lencería fina · Teresa Berengueras
Este verano vestidos de flores y shorts


Gafas de sol estilo aviador


Teresa Berengueras Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 19 de junio de 2011, 02:48
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Estamos ya en verano, el aroma del mar llega a través de las ventanas abiertas de mi casa, en esta época del año me siento más libre, más contenta, más independiente, muchas más cosas, pero con eso basta y doy fe de que el verano es la estación del año que prefiero a las demás, salimos a la calle y nos cuesta regresar a casa, la calle es mi lugar preferido, las plazoletas de los pueblos, sus fiestas populares, los bares y tomar unos chatos con gente que conozco siempre es más fácil que en invierno, por ejemplo.

El verano facilita la comunicación, estamos menos histéricos y la conversación siempre es mucho más fluida que en otoño, cuando empieza a caer la hoja parece que nuestro mundo empequeñece y los problemas se agrandan. Es cierto que los grandes problemas, aún con las elevadas temperaturas, siguen estando ahí y una sigue sumando fuerzas para combatirlos pero al llevar menos ropa parece que la carga es menor.

Bares y terracitas de hotel
También es cierto que no todo son “flors i violes” como decimos en Catalunya (flores y violas) y la gente que tiene carácter se enciende con mayor facilidad, pero siempre pienso que una charla con discrepancia llevada desde el entendimiento y el saber escuchar al otro es muy enriquecedora. En verano los bares y las terracitas de los hoteles, tan a la moda desde hace unos diez años, invitan a participar de las noches de luna aunque no sea llena, son horas nocturnas para discutir con mesura, para poner los puntos sobres las íes y para que unos y otros, en nuestras discrepancias, aunque no lleguemos a un acuerdo total expresemos con respeto lo que se piensa de situaciones, de personas, etc. etc.

Para mi el verano es la estación milagro y todo lo que llegue en ella es bienvenido, incluso lo que los humanos entendemos por malo, la vida está configurada por una serie de hechos en donde hay de todo, de otra manera seria muy aburrida, encontramos en esta época silencios, risas, alabanzas de nuevas amistades, rupturas, recuperación de amigos perdidos en tiempos pasados , en verano, a mi manera de vivir, suceden cosas que el resto del año quedan relegadas a un segundo plano, todo lo que recibo en verano para mi es más imponente y me entero más, es más fuerte, más delicioso, más duro, más impertinente.

Estrenar por San Juan
Ya hace meses que los diseñadores y las casas de moda nos han adelantado las tendencias en ropa, lo que va a estar en las tiendas para comprar y poder lucir, desde mi infancia en casa me enseñaron que el primer día importante en esta estación es la verbena de San Juan, mi madre, modista de profesión, tenía la costumbre de coser vestidos para toda la familia, mientras fui una niña, generalmente, la fiesta se celebraba en la calle y con el vecindario, a Pepis, mi madre, le gustaba vestir con camiseros y con telas que tuvieran topos, fondo claro y topos de algún color preferido por ella como el verde, el gris o el azul, a veces se decidía por el beis, a los hombres de la familia les cosía pantalones de colores claros, pero no blancos, ella decía que el blanco es muy bonito pero muy esclavo para el ama de casa ya que una vez lucidos tenían que ser lavados, por ello se decantaba por los tonos tostados o los azulados claros, las camisas eran azul celeste, beis, alguna blanca o marrón chocolate, me hizo vestidos estampados casi siempre o de dibujos geométricos, le gustaba ponerme de rojo, y la tela siempre o casi siempre, era de algodón. Mi madre opinaba que el algodón en verano es más fácil de llevar y al sudar huele menos que las ropas sintéticas.

Saltar el fuego
La noche de San Juan en la calle de mi pueblo los vecinos ponían una mesa italiana y con lo que cada uno había comprado se hacía una cena compartida para celebrar la llegada del verano, la hoguera se hacia con las cosas que había que tirar, una buena costumbre para renovar la casa y la vida en general, la calle quedaba cerrada al tráfico, el ayuntamiento no ponía pegas y nos pasábamos la noche cantando, riendo y atizando el fuego, a la hora de los deseos saltábamos todos cogidos de las manos y cada uno pedíamos tres deseos en secreto, a mi saltar me resultaba imposible pero lo hacía de una manera simbólica, me lo decían todos y pedía también mis deseos, según mis vecinos tenía el mismo efecto que saltar tres veces por encima de las llamas.

En el vecindario nos reuníamos un nutrido grupo de niños y niñas que todos estrenábamos vestuario, después de pasar revista a lo que cada uno llevaba puesto y comentar lo que nos parecía lo que cada uno lucía olvidábamos lo que cada una de nuestras madres nos había dicho acerca de que teníamos que procurar no ensuciarnos y cuidar nuestra decencia, nos lanzábamos a jugar, ya sentados en suelo, ya en la acera, poco tiempo estábamos con los mayores, estar sentados en las improvisadas sillas nos aburría soberanamente.

Petardos y pólvora
Lo que nunca cuestionamos fue el atender el fuego, la hoguera debía seguir ardiendo toda la noche, tampoco olvidamos nunca pedir a nuestros padres que se ocuparan de tener a punto los petardos, pequeños y de color blanco, a los que llamamos “pets” (pedos), no por el olor sino por el poco ruido que hacían, meses antes de la llegada de esta noche inolvidable me ponía muy pesada en casa y pedía petardos de los de verdad, los de piedra grande y de color rojizo, eran más importantes, olían más a pólvora y hacían mucho ruido, jamás lo conseguí, los vecinos de la calle querían pasarlo bien y no tener problemas ni con el fuego ni con los petardos que en algún lugar habían dañado a personas y la noche en lugar de ser festiva se había vivido con zozobra y complicaciones en el hospital.

Las tradiciones evolucionan y ya no conozco a nadie que para la noche de San Juan estrene vestido, ni nadie le haga uno especial y pensado para esta festividad, quizá esta tradición ha quedado reducida a ambientes selectos en donde la fiesta callejera del fuego sea una fiesta privada con mucho ringo-rango, las fiestas callejeras sean más abiertas y no sólo tienen acceso a ellas los vecinos de la calle y para ellas la gente viste como le da la gana y sin pensar en tener que lucir de tal o cual manera. Por decirlo en términos de moda no se exige el “dress code”.

Las tendencias que nos obligan
Pero el verano, como el invierno, sí marca de forma rotunda nuestra forma de vestir, poca ropa y muy ligera, la altas temperaturas exigen poca etiqueta y mucha comodidad. Vestidos largos hasta los pies, con grandes escotes y con estampado en flores, en seda, en gasa y en algodón, es lo que marcan las grandes casas para este verano, los mejores diseñadores y todas las tiendas que venden ropa, es tendencia y cuando los grandes de la moda marcan como tendencia de temporada vestidos o faldas largas y con flores es muy complicado encontrar vestidos con topos, por ejemplo. Recuerdo que un invierno visité todas las tiendas de Barcelona para encontrar un jersey de cuello alto de color rosa chicle, no lo encontré, no existía, ¿por qué?, sencillamente ese invierno lo que prevalecía en el mundo de la moda era el beis y el marrón, colores que siempre están ahí en invierno pero en aquel momento lo hacían de forma acentuada pues los grandes modistas de la moda habían decidido que era lo más, si buscaba un clásico de estos con cuello alto pero en otros colores lo tenías difícil.

Este año es fácil encontrar vestidos con flores, largos especialmente y cortos o muy cortos. A la misma altura de importancia marcan el verano los shorts, de todo tipo, deshilachados, ropa tejana, en satén, en algodón, en colores blanco, beis, marrón, negro y también los confeccionados con macramé y blonda o puntilla. Elemental para lucir shorts es ser alta y tener largas piernas, lucirán mucho mejor, pero la moda es democrática, por suerte para todos, y no dice este short es para estas piernas y para estas otras no, están a mano de todo el mundo por lo que cualquiera que le guste llevarlos y se sienta bien puede ponérselos, otros cantar será que le sientan mejor o peor.

Un chal para viajar
Decididamente los vestidos largos o cortos con flores siempre se acomodan a más tipos de mujeres, y las flores para las delgadas incluso pueden ser más grandes que para las más rellenitas pues los estampados florales pequeños favorecen y ayudan a hacer más esbelto el cuerpo. Los hombres también tienen donde escoger y para ellos también hay un buen nutrido grupo de shorts para ponerse, los pitillo tipo pescador entre otros, los colores siempre son claros, del beis al blanco, pocos tejanos, mucho algodón y ropas ligeras, camisas y camisetas, especialmente camisetas a rayas azul marino con fondo blanco, zapatillas, deportivas especiales para salir a navegar o para pasear por los Campos Elíseos, si se viaja es aconsejable un chal pues los aviones, los trenes y los buses suelen llevar el aire acondicionado a toda pastilla y un chal o una bufanda nos evitará coger un constipado que en verano es más incómodo de sobrellevar que el invierno.

Cuidemos los ojos de los rayos del Sol con gafas apropiadas, este año vuelven, vuelven siempre, las de tipo aviador y se aconseja que lleven marcado el control del mercado común para evitar complicaciones derivadas de los rayos solares. Diviértanse, es lo que toca, beban, bailen y hagan el amor, hace calor pero es lo mejor, se suda y se eliminan calorías y a los enemigos que todos tenemos, gracias a la vida, los queremos lejos y ni agua para ellos.

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