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Formalismos distractores
Algunas organizaciones no funcionan bien. Pese a tal evidencia, sorprende la escasa fuerza opositora que se desencadena en busca de alguna corrección
A estas alturas y a la vista de las múltiples acampadas de disconformes con el sistema, se produce una concordancia muy generalizada; muchas cosas, no sólo funcionan mal, sino que pretenden hacernoslas pasar por las mejores posibles. Si hacemos caso por una vez al diccionario de la RAE, cuando un concepto o institución está viciado, se adulteró o se pervierte en su sentido, le corresponde un calificativo, DEPRAVADO; y también actúan como tales, quienes provocan esas situaciones. Es una deplorable realidad en cualquier momento que se produzca. ¿Por qué ese recurso a la adulteración? Referida a los servicios públicos, adquiere una malicia específica.
En esta coyuntura llena de despropósitos suele originarse una conjunción malévola, los malos usos en un sector concreto, sumados a la curiosa pasividad de buena parte de los afectados. Digamos, que la depravación circula con cierta placidez y con ornamentos vistosos. Arraiga en una mezcla arriesgada y tendenciosa de perversos y pasivos. En el siguiente “indriso” reflejo el contrapunto de la posible respuesta:
ASPIRACIONES
No se trata de un mero galimatías, en juegos de unidos o desunidos, unánimes en grandes algarabías;
dispersos en los jocosos barullos, como rutinarios que ocupan los días, aunque nos sintamos desvanecidos.
Convienen criterios de mejor unión
creada con rigurosa elaboración.
¿De qué nos distraen las deformaciones puestas de continuo ante nuestros ojos? Dejan de lado aspectos básicos para la convivencia general y para la vida de cada persona. Veamos sino. No tienen en cuenta la DIGNIDAD propia de cada individuo, esa conciencia, esa conciencia intransferible, ese pronunciamiento peculiar a la hora de tomar una decisión. Al no considerarla, tratan de domesticarla con las tretas más diversas; si lo hacen con eficacia o no, se verá en cada caso particular. La servidumbre a los entramados políticos de cada sector se dirige a la satisfacción de los ocupantes de las poltronas; con esa directriz se margina el criterio de la labor bien hecha, no tiene objeto la aspiración a la EXCELENCIA, queda arrumbada. La eficacia que se premia es otra y bien diferente. Con estas trazas, se desliga de forma progresiva al ciudadano de las áreas de gestión, se le ocultan demasiados manejos, en pocas palabras, se abusa de ellos. Al compás de ese alejamiento se resiente la noción de la RESPONSABILIDAD. Resulta lógica su pérdida a la hora de ejecutar diversas labores; no se sentirán involucrados en las consecuencias que se deriven.
Estas desgraciadas actitudes se consolidan en unas estructuras determinadas, tienen sus preferencias o lugares donde les resulta más fácil pasar desapercibidas. Suelen concentrarse en auténticos POLOS de SUBDESARROLLO, que pueden adornarse con ínfulas de progreso, aunque minen la verdadera experiencia de las personas. Se centran en una protección del entorno de los poderosos, mientras arrollan al resto del personal y con una llamativa arrogancia. De ninguna otra manera interpretaría las “funciones de la Banca”. Sus beneficios, subvenciones con dinero público, sueldos internos; confrontados con la asfixia hacia los préstamos; hablan muy fuerte de su pésimo trayecto que distorsiona la sociedad. Aún en terreno bancario, los chupópteros acabaron con el sentido de la obra social de las cajas de ahorro. Echemos un vistazo a las “subvenciones improductivas” de las diferentes administraciones. Las listas asombran por los amiguismos y las cantidades dilapidadas. Suponen un filón para los beneficiados y un agujero negro de nefastas consecuencias para el resto, impiden la mejor aplicación de esos dineros. Si en estos tiempos disponemos de adelantos suficientes para unos avances culturales en apertura progresiva; por el contrario, se permite una “cultura manipulada” desde los primeros años escolares hasta las muestras artísticas. En cuanto a las empresas, chirría el mal trato dirigido a las “pequeñas o medianas”, que son las empleadoras del mayor número de trabajadores; en contraste con la grandilocuencia dialogante con las empresas grandes, aunque generen menos puestos de trabajo. El listado es susceptible de una ampliación a nada que lo intentemos. Con este comentario introducimos esa imagen de ciertas líneas contrarias a la consideración debida a cada particular.
Estas maneras son un fiel reflejo del ambiente social actual. En mayor o menor medida nos interpelan a todos en los niveles familiares, profesionales o institucionales. La chispa generada por la disconformidad servirá de poco revulsivo si no va aparejada con una lucha directa contra la PERMISIVIDAD adoptada, que adquiere visos de una complicidad aprovechada, cuando cada cual se limita a extraer sus porciones de los beneficios, a pesar del mal enfoque general. Estamos ante una tolerancia poco justificable que empobrece la calidad de la convivencia; se ve amplificada por los anonimatos, la estructura se presenta como la única responsable, la nominación de quienes ejecutaron las decisiones desaparece de las pantallas, se silencian los beneficiarios injustificados. Las tareas se presentan como muy complejas, configuran unas fachadas muy convenientes para los manejos improcedentes, así nadie osará desentrañarlas. Cómo interpretaríamos los fraudes, si las empresas con familiares de los cargos públicos reciben las subvenciones, si las jubilaciones de oro se dieron a los partidarios políticos que ni siquiera trabajaban en la empresa; se entretejían en un mamotreto impresionante de normas, decretos o empresas fantasma creadas precisamente para eso, ¿Depravación?. En todo caso, las tramas no eran necesarias, encubrían los derroches corruptos. Se observa poca correlación entre los hechos y las protestas.
Llegan a discurrir triquiñuelas complicadas para continuar con sus desmanes, se las ingenian para engañarnos sutilmente. Se valen, con mucha desfachatez, de la denominada “ascética institucional”. Equivale a un desvío intencionado, se le otorga un rango de intocable al sistema o a la estructura. Escudados depués en ese rango, los encargados de sus gestiones actuarán a sus anchas, porque la culpa siempre será del sistema. Ante una petición de cambio o de una reclamación, sus respuestas adoptarán las necesarias modificaciones camaleónicas según la conveniencia de cada momento. Conocen el paño, las entretelas y los hilos adecuados para la confección de un disfraz para los hechos improcedentes. La participación activa e intransigente sería un factor fundamental para la recuperación de la dignidad del ciudadano; ahora bien, requiere de una fortaleza cultural de la que quizá no dispongamos.
Para no permanecer distraído, hace falta una gran dosis de atención. Después será tarea de cada cual la inacción o la intransigencia tenaz.
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