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Los piqueteros se revuelven contra el régimen
El movimiento del 15-M ha degenerado
Después de lo sucedido el pasado miércoles ante el parlamento catalán, secuestrado por una turba que se permitía el lujo de intimidar, como hicieran pocas horas antes con el alcalde de Madrid, a los diputados regionales, ya no valen las excusas. El movimiento del 15-M ha degenerado, seamos generosos e ignoremos el manifiesto inicial de la Tasa Tobin y la expropiación de viviendas en stock, en un movimiento totalitario mezcla del fascismo italiano y los piqueteros argentinos. Violencia contra las instituciones.
Revolución de los infantilizados niños bien de una sociedad abierta que anhelan el socialismo mientras reniegan del capitalismo que les ha permitido vegetar rodeados de unas comodidades que sus padres y abuelos jamás soñaron. Nihilistas que han sustituido el “pienso luego existo” por un “deseo luego existo”.
A la izquierda la revuelta gestada en las redes sociales que con tanta simpatía recibieron se le ha ido de las manos. El 15-M está fuera de control. Son las consecuencias de venir permitiendo desde hace años el pisoteo del imperio de la Ley y tolerar la violencia como herramienta para el debate político, de amparar a grupos extremistas y violentos y de una educación cuanto menos deficitaria que detesta el mérito y que no enseña a los estudiantes a pensar. Estamos ante la batasunización de toda España.
Empezaron ocupando ilegalmente calles y plazas en las cuales montaron su camping particular sin que interviniera autoridad alguna. Muchos aplaudieron la vulneración de la Ley. Siguieron entrando por decenas en televisiones públicas o en Carrefour. En este último sitio para robar. Siguieron aplaudiendo en nombre de las habituales zarandajas marxistoides. No hubo detenidos. Trataron de reventar tomas de posesión de alcaldes, como la de Jesús Gómez en Leganés (Madrid). Osaron esperar a Alberto Ruiz-Gallardón, corresponsable junto al también prisaico Rubalcaba de la ruina de los comerciantes de Sol, a la puerta de su casa para intimidarlo a él y a su familia. Sólo ahí los políticamente correctos, poniendo sus barbas a remojar, protestaron un poco. Zarandearon a Cayo Lara, quien fue a por lana y salió trasquilado cuando quiso apuntarse a la fiesta sin darse cuenta que él forma parte de la casta que la turba, no sin razón, detesta. Tímidas protestas. Rodearon el parlamento catalán, agrediendo e insultando a los diputados. El detonante del cambio de criterio entre los columnistas de lo políticamente correcto.
Ejercieron violencia al grito de “no nos representan”. ¿A quién demonios se creen que representan ellos, los indignados? Algunos creen que por acudir a las llamadas asambleas se convierten en “la voz del pueblo”. Lamentablemente marchas como las que estamos viendo estos días no son nuevas. Mussolini de ello algo sabía.
Y mientras, nadie habla de la prima riesgo y la delicada situación que España atraviesa. Eso es lo que le gusta del asunto a Rubalcaba.
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