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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Unos y otros

Manuel Alcántara
Redacción
miércoles, 2 de marzo de 2005, 23:59 h (CET)
Siempre ha habido gente pobre, pero honrada, y gente rica dotada con escasísimos escrúpulos. Ambas circunstancias han trabajado a favor de la demagogia, pero a ciertas alturas de la vida, que son las que dan más vértigo, se sabe que hay ricos, pero honrados, y pobres con muy poca vergüenza. El ser humano está mal hecho. Una chapuza. Es increíble de todo punto que su diseño plagiara a quien se le atribuye su invención. ¿Cómo vamos a estar fabricados a imagen y semejanza de alguien infinitamente sabio? Hubiera vigilado más atentamente sus fotocopias. Pienso en estas cosas incoherentes porque hay demasiados 'ilegales' por ambos bandos. Mientras los oficialmente pobres compran certificados de buena conducta y el Ministerio de Trabajo suaviza trámites, los ricos de solemnidad engañan a Hacienda. La naturaleza humana no se altera de forma sustancial por la distinta situación económica, aunque su influjo sea decisivo.

La regularización emprendida por el Gobierno dejará en la calle a medio millón de 'ilegales', entre los que abundan los que pretenden hacer trampas, con tal de comer un par de veces al día. Está muy mal, pero ellos hacen muy bien. Lo que tiene menos disculpa es la conducta de los 'instalados', usando el lenguaje de Galbraith. Hacienda ha descubierto 16.371 millones de fraude durante el año pasado. Se apilan los expedientes de delitos fiscales en los tribunales. El inspector de la Agencia Tributaria confiesa que no dan abasto. Ya casi no sirve el verso del poeta 'beatnik' que decía eso de que somos buenos porque llevamos una buena vida. Los burladores de la ley se reclutan por igual entre los poderosos y los menesterosos. ¿Cómo sería España si la habitaran más personas decentes, ricos o pobres? Quizá sería igual que en cualquier otra parte del mundo donde se diera esa insólita circunstancia. Nietzsche, cuando ya estaba como una cabra, zarandeado su portentoso cerebro, decía que dejarse engañar puede ser una medida de prudencia.

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