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Despoblación alarmante

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 4 de marzo de 2005, 05:36 h (CET)
A nuestro nivel no vamos a dudar de las características que le son más peculiares a los hombres. La capacidad de idear y proyectar, de utilizar la razón para conseguir una vida cada vez más óptima. Ese es su perfil distintivo. Precisamente porque razona, le suponemos en condiciones de percibir ese añadido no cuantificable del psiquismo y los demás misterios que acompañan al hombre.

Claro que cada persona tira por su camino sin demasiadas consideraciones, tira por donde puede y ya está bien así. ¡Con los intereses personales hemos topado! Eso no será malo en sí, la malicia radica en su limitación habitual a intereses ramplones, más bien mirando a ras de suelo.

No puede extrañarnos, con ese punto de mira, que a niveles religiosos, políticos, profesionales, ciudadanos o muchos otros, se imponga la anarquía total, la ley del más fuerte, esclavitud ante la propaganda o simplemente, servidumbre total ante los grupos dominantes.

Lo muy cierto es que apreciamos un CLAMOR de RENOVACIÓN, como ya pregonaba Husserl hace unos 100 años. Dejemos aparte como iban las cosas antes. Ahora basta una sola mirada en derredor, el clamor es intenso, corrupciones o terrorismo, educación, fenómenos migratorios, voto dócil y tantas distorsiones como nos asaltan.

Con las diferentes éticas no vamos a ninguna parte. Es verdad que todos dependemos de numerosos condicionantes. Empezando por las pasiones, enfermedades, dificultades de cada día o tantos acontecimientos que constriñen nuestra vida más cotidiana. La desazón originada por todo ello nos lleva a la PASIVIDAD, desanimados, nos dejamos llevar por un ambiente turbio, mediocre en sus razonamientos. Esa atonia mental constituye la manera ideal de cerrar el círculo. Los desaguisados pueden continuar su curso porque no surgen críticas significativas.

Queda muy lejana aquella ESENCIA HUMANA del razonamiento encaminado a una perfección progresiva. Se piensa a nivel técnico, pero casi nada en lo que representan las personas como humanos. Eso ahonda la pasividad, solventamos lo físico pero no planteamos siquiera aspectos psico-sociales y menos aquellas circunstancias peculiares del individuo. Debieran ser requerimientos insustituibles, pero son desdeñados habitualmente.

Pongamos un ejemplo, DERECHOS HUMANOS. Ya no se sabe lo que es eso. Se dice derecho a la vida, bien. Unos aprueban el aborto ¿Y la vida? Otros la pena de muerte; hay grupos importantes de ciudadanos condescendientes con los terroristas y sus afines; sobran alimentos y muere la gente de hambre. ¿De qué vida hablamos? Bla, bla, bla.

Hay tantas perversiones del lenguaje que uno se asombra de tanto discurso huero, tantos revueltos de éticas y tanto desmadre junto. Entre las diferentes banderías, esto si que es una auténtica jaula de humanos. Quizá se pudiera organizar alguna exposición.

Además, tambien Husserl dixit en aquel siglo XX incipiente, por el poco uso se ATROFIA la MENTE para abordar estos asuntos. ¿Vamos a saber recuperar un tono aceptable? ¿Cúal es la fuente adecuada?

Podemos apuntar algunas consecuencias de todo ello:
1. NO tenemos APOYOS fiables y las personas, desde que nacemos, los necesitamos en cantidades ingentes. Tenemos muchas flojeras.
2. La DESORIENTACIÓN campa por sus desvaríos más resonantes. Cualquier exploración en este sentido plantea la dificultad para encontrar personas que mantengan bien estructurada su cabeza.
3. Desaparición de mujeres y hombres como tales seres humanos. DESPOBLACIÓN PROGRESIVA, porque los homínidos no ejercen con las herramientas específicas del hombre.
Es decir, como una suerte de INVOLUCIÓN, un verdadero cambio de sentido, el inverso al progreso darwiniano.

Contaminada con toda probabilidad la fuente, como los alimentos, la información y casi todo. Lo tenemos muy crudo y por eso sigue el clamor por una auténtica renovación. ¿Cómo la conseguiremos? No va a bastar con el deseo de mejorar, No queda más remedio, hay que buscar a fondo para encontrar pequeños rincones que merezcan la pena.

Es por todo ello conveniente, y más, necesario, un requerimiento absoluto para que las personas ejerciten el pensamiento y formen sus ideas. No se puede abdicar de la reivindicación de lo más propiamente humano. Pero eso supone hoy en día nadar como los salmones, muy contra corriente, pero ya no tenemos la orientación instintiva de los peces para llegar a buen puerto, la hemos pervertido.

Los hombre y mujeres en ejercicio, deberán agarrarse a los NÚCLEOS donde se mantenga estas actividades y procurar que no se esclerosen. Mantenernos despiertos unos a otros. Simplemente, ahí nos va la posibilidad o no de que podamos poner nuestras vidas a un nivel que merezca ser llamado humano. De lo contrario, quién sabe si continuando la involución llegaremos a ser anfibios o algas. ¡Toda una aspiración!

Ahora está de moda eso de conservar ciertas especies de animales. Quizá sea cuestión de organizar una sociedad para conservación de la especie humana. Uno mira en nuestros entornos y hasta los bien intencionados es difícil que esten orientados de manera firme. Da lo mismo que se planteen cuestiones de bioética, de religión participativa, educación, literatura o lo que queramos.

¿Renovarse o morir? Pues quizá sí.

¡Renovarnos en tantas cuestiones! ¿Todo vale? ¿Todo es arte?

Y yo todavía no veo gatos con cascabel. Admitamos que no va a ser una sola persona quien se lo ponga, eso tiene su peligro. Vamos a ponérselo entre todos.
Pero a mi me cuesta mucho pescar a esas personas que aporten algo constructivo. Esa dificultad gira en torno a la despoblación mencionada. A lo peor no hay tantos humanos como podría uno llegar a creer.

¡Ah! Pero que satisfacción cuando uno encuentra de vez en cuando esa conversación, ese artículo, ese poema, ese libro que llegan a constituir esas PRESENCIAS REALES que George Steiner nombraba como algo trascendente dentro de nuestro mundo.

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