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Televisión y Medios

Etiquetas:   Crítica de televisión   -   Sección:   Televisión y Medios

Telepapa

Javier Esparza
Redacción
lunes, 11 de abril de 2005, 11:03 h (CET)
Imagen permanente de la última semana de televisión: el Papa lucha a brazo partido contra la caducidad de su cuerpo. Todos sabemos que, tarde o temprano, perderá esa guerra, porque todos y cada uno de nosotros pasaremos también por ahí. Ahora bien, hay que decir que la transmisión en directo de la agonía forma ya parte, desde hace años, del lenguaje audiovisual de nuestro mundo. Y en el caso de Juan Pablo II es, además, consecuencia inevitable de un pontificado que se ha distinguido, entre otras cosas, por su desenvuelto recurso a la televisión, a las oportunidades que brinda una 'sociedad de la información' que es también 'sociedad del espectáculo'.

Ningún Papa anterior había sido un 'Papa televisivo'. Juan Pablo II ha sido el primero. La proyección enorme de su ejercicio pastoral bebe, en buena medida, en la utilización franca de cuanto medio de comunicación ha estado a su alcance. Nadie podrá reprochar, sensatamente, este recurso. Pero, por lo mismo, es natural esperar que la atmósfera televisiva de este pontificado, una atmósfera de exposición pública permanente, envuelva incluso los momentos finales. Todos los papas -las excepciones son contadísimas- mueren de viejos y en el solio. Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI... Sus últimos años fueron como los de todos los mortales longevos, y no faltan testimonios gráficos: decrepitud, enfermedad, dolor; así es la naturaleza humana.

No hubo, sin embargo, exposición televisada de la agonía, de ese anochecer de la vida; no hubo mil cámaras en persecución de la noticia final, dispuestas a ofrecer la imagen más viva de la vecindad de la muerte. Ahora sí que hay tal exposición, porque ya no cabe concebir nada de alcance público, ningún acontecimiento relevante -guerras, accidentes, bodas, partos, catástrofes- que no sea inmediatamente transformable en pieza de televisión. Este lento ocaso televisado es el epílogo necesario de un relato cuyo eje argumental ha sido la exposición pública: que todo el mundo vea cómo se lleva la cruz. Y para verlo, está la televisión.

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