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Epitafio para la lápida de la esperanza
En Santoña vuelve a gobernar la Falange. Eso sí, encoalición con el PP
Como antaño, en los plácidos días del franquismo -quediría Mayor Oreja- en los que también gobernaban los mismos; entonces, a lospopulares les llamaban tecnócratas y tenían, igual que ahora, mucho que ver conel Opus Dei. Así que salimos del franquismo por el burladero, nos pasamos tresdécadas largas en un tira y afloja hasta que, al final, vuelven los de siemprea donde siempre. El mito del eterno retorno, que diría Mircea Eliade.
El Estado sigue sin saber dialogar de política. A lospacíficos indignados les saca a la policía, a los atberzales demócratas se lesecha encima todo el poder judicial. Y, entre ellos, los partidos parlamentariosse insultan y denigran, ofreciendo un espectáculo al soberano pueblo queproduce sarpullidos. Tampoco sabe apuntar el Estado en dirección al causantedel mal mayor y nos condena a los súbditos de los mercados al mal menor, quedicen ellos. No son buenos tiempos para la poesía. Ni tampoco apetece otra cosaque quedarse en la cama a esperar que te venza el sueño eterno.
La economía va bastante peor de lo que se nos dice. Es algoque se siente cuando sales a la calle. No hace falta ser un experto economistapara saber que estamos a un paso de la deflación, si es que no nos pilla antesla estanflación. Desde hace más de un año la clase obrera dejó de consumir y laclase media lo hace con una austeridad admirable. Pero es que, de unos mesespara acá es ya la clase alta la que no suelta un euro. Ya llevamos mucho tiempocon la venta de viviendas medias por los suelos. Ahora ya empiezan a no venderselas viviendas de lujo. Ya no puedes, si quiera, vender un local en la milla deoro de Serrano por 10 millones de euros -antes te lo quitaban por 20-.
Personalmete, ya me importa un bledo en qué acabe todo esto,pero me gustaría que la gente joven se armara de razones, fuerza y valor paraconstruir una nueva sociedad. La actual está herida de muerte.
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