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El cuento del Presidente que ser no era
Once upon a time… o érase una vez
Lo mismo da porque ser no era, un Presidente que ser no era porque lo tenía cautivo en su jaulita dorada un malvado Vicepresidente que ser no era, el cual, sin ser Presidente que era, actuaba como el Presidente que ser no era, y al Presidente que ser no era ocultaba o escondía y sólo lo sacaba de su jaulita dorada para que cantara algunos mediodías una cancioncita de brotes verdes y economías que entraban en la champion-league de las economías mundiales. Y colorín, colorado, el fin que ser no era es un continuose del acabose, porque no ha llegado a poner acabijo a este cuentecito pijo que tiene lugar un país que ser no era de mucha risa que ser no era porque se llorar se llora, sino que es una nación de naciones donde cada uno va a lo suyo y es de ellos lo mío y lo tuyo.
En fin, que si el cuento de El Rey Desnudo es ejemplarizador, el del Presidente que ser no era es de enorme jocundia por lo extremo del caso: de risa tonta, vaya. Estamos tan en bancarrota, pero tanto, que tenemos un Presidente que no tenemos, vaya usted a saber si porque está secuestrado o si porque cada vez que abre el piquito se encienden todas las alarmas y caemos otro tramo por el precipicio. El caso, como es obvio, es que tenemos un país que no es país sino una nación de naciones, con un Presidente que ser no es porque no aparece y un Vicepresidente omnisciente, omnipotente, prepotente e impotente que ser no es porque ejerce de Presidente que ser no es. ¡Joder, qué lío! Pero así es esta patria mía, que diría el poeta que se volvió majareta.
Y, digo yo, si el país que ser no es puede funcionar mejor en piloto automático, sin Presidente que ser no es, digo yo que por qué no nos lo ahorraos para siempre, porque cobrar sí que cobra, seguro, y además tiene gastos suntuarios. Y ya de paso, nos ahorramos también al Vicepresidente que ser no es porque ejerce de Presidente que ser no es, y nos bajamos un pico la cosa de los impuestos y eso, porque a la vista está que este país que ser no es funciona mejor sin Presidentes que ser no son y sin Vicepresidentes que ser no son que con ellos, porque desde que están sin estar la cosa está más dulce y tranquila que cuando estar estaban, que era un sinvivir, ¡carape!, y, como ha demostrado el Vicepresidente que ser no es que puede ejercer como Presidente que ser no es, pues o se juntan los puestos en ninguno o se les quita a ambos, que tanto da, junto con las otras señoras ésas que ser no son pero que cuando ser son van y la arman con sus “tonteridas” y sus rarezas que ser son, pues que son como para coger el dos y marcharse más que aprisa.
Me encanta mi país que ser no es porque siempre me sorprende. Es un puro Plus Ultra, aunque más ultra que plus, porque siempre hay un más allá, una nueva frontera que traspasar, pues les estamos demostrando al mundo que sin ser somos y con gobiernos que ser no son nos gobernamos sin gobernar porque tenemos un piloto automático o así, o quién sabe si una especie de modo de ser que no es que nos permite vivir mejor sin gobiernos que ser no son que ministros, vicepreseidentes y presidentes que sin ser son nos ponen a todos los pelos y nos enfrentan y enfurecen y no se entiende aquí ni Dios. Ya lo dijo el que no admite pareados y duró de rey sólo un mes, el de Saboya: “Me voy de aquí porque me tienen hasta… el colodrillo. Este pueblo es ingobernable.” Y no lo somos, no, sino que sólo somos como somos y tenemos algún problema para admitir memos que ser no son.
Y es que vivir en España, el país que ser no es, es como hacerlo en un cuento, con Moraleja y todo. Moraleja… ya me entienden, que es donde viven los que ser no son pero que llevar se llevan lo que venir no viene en los papeles. Cuento, sí, y de pico-pico-tuento y de pomporerá, faltaría más, en el que los partidos políticos nos cuentan cuentos de países que ser son en alguna mente trastornada por la fantasía, los presidentes que ser no son nos cuentan cuentos de brotes verdes, las menistras nos cuentan cuentos de encuentros cósmicos y fenómenos planetarios o de miembras discrimatorias, los menistros nos cuentan cuentos sin cuento de bombillitas de bajo consumo y no llevar corbata, y los vicepresidentes que ser no son nos cuentan sincuento de cuentos de faisanes que arrullan con su canto un paisaje de paz universal en que los que comen perdices no son las víctimas, no, sino que a ellas precisamente es a las que les dan con el rabo en las narices… los verdugos.
Y colorín, colorado, no, porque esto seguir sigue, que es lo malo. ¡Joder, qué miedo! Cuentos para no dormir, supongo.
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