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Etiquetas:   A cara descubierta   -   Sección:   Opinión

Memoria y cotidianeidad

Diego Taboada
Redacción
lunes, 28 de febrero de 2005, 23:46 h (CET)
Cojo el taxi, el conductor ronda los cuarenta y cinco años, es comunicativo y amable. Su gesticulación, su acento y su espontaneidad no engañan, se ha criado en el rural gallego. Sin pedírselo, comienza a hablarme de los problemas que los taxistas tienen para llegar a fin de mes, se queja de la subida de la gasolina y me hace tres observaciones aparentemente triviales, pero significativas; dice que los establecimientos no están tan llenos como antes, la gente -dice- ya no sale a tomar una cerveza a los bares, ¿dónde se mete la gente? -se pregunta-. Justo cuando me hace la pregunta, pasamos al lado del Corte Inglés, está repleto de gente. Me comenta que ultimamente no hay más que establecimientos que se traspasan, no duran más de seis meses en activo. "Hai que mirar por todos, home, por todos..." -dice- ; sus palabras no son palabras de científico social, politólogo ni economista : ya se sabe que un exceso de razón científica puede justificar la sinrazón y atentar contra el sentido común; aún colea en mi memoria la justificación de la ex-ministra de exterior, Ana Palacio, confundiendonos a los ciudadanos a los que representaba con consumidores : "no debemos quejarnos, tendremos petroleo barato".

Ha pasado ya tiempo, el combustible del taxista está más caro de lo que estaba el día del comunicado de la ministra. Me sigue hablando con ese acento y esa naturalidad características del rural : "Hai que mirar por todos, por todos... senon, ¿a ónde imos parar?. El taxista se ha quedado sin la mejor de las armas de un pueblo : la memoria; ya no se acordaba de ese comunicado de la ministra, como tampoco se acordaba de los miles de civiles muertos en la doma y castración de Irak; el hombre común vive absorbido por las preocupaciones del día a día, está ocupado en sobrevivir, no en descubrir la mentiras de quienes reciben su voto en las urnas. Indudablemente, sufre menos quien -consciente o inconscientemente- olvida. Cuando se dice que "todos los políticos son iguales" no se quiere reconocer la propia pereza mental y el desinterés por la cosa pública; estoy convencido de que esa neutralidad no es más que una estética de la ignorancia; en este país no nos olvidamos de opinar mucho, pero nos olvidamos -siempre- de leer, escuchar y hacernos preguntas.

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