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Propuestas para una verdadera alternativa de progreso
Creo, sinceramente, que no es el PSOE el que necesita un congreso de debate ideológico
O, quizá lo necesite, pero no es lo más acuciante. Lo que sí necesitamos todos los trabajadores es un gran congreso que reúna a todas las fuerzas de progreso en el que se debata la manera de crear un frente común con aspiraciones de llegar a gobernar.
Un frente que unifique a todas las formaciones en dos o tres ideas básicas y sepa aprovechar la aportación de lo que le es propio de cada una de ellas. Al igual que muchos creemos en que existe un Estado plurinacional y multicultural, también creemos que puede existir una coalición amplia de progreso integrada por grupos diversos que pueden enriquecer ideológica y programáticamente al conjunto y, por extensión, a la sociedad.
Los puntos clave en los que, a mi modo de entender, se debe basar la coalición son: el compromiso de llevar ante la justicia a los responsables de la crisis financiera, tanto a los banqueros, políticos, miembros del FMI, como a las agencias de calificación; el compromiso de hacer responsable al conjunto de la ciudadanía de la deuda contraída por el Estado, impulsando la liquidación de la misma a través de las nóminas de todos y cada uno de los ciudadanos, mensualmente, prorrateando la deuda per cápita anual en los doce meses del año; la redacción de un programa de gobierno consensuado en el que se incluya, cuando menos, el control eficaz de los mercados, la puesta en marcha efectiva de políticas activas para el empleo, la fiscalización fehaciente de las cuentas públicas, la reforma fiscal que haga posible que tribute más el que más tiene; la supresión de privilegios de las castas política, clerical y empresarial.
Necesitamos conseguir tres cosas que no pueden ser postergadas por más tiempo: 1- La unidad de las fuerzas de progreso bajo un acuerdo de mínimos razonable y dentro de una coalición donde impere la democracia interna y la transparencia. 2- La regeneración de la clase política y las instituciones. 3- Y la más fundamental de todas, la regeneración de la ciudadanía haciéndola responsable y activa políticamente, de momento, tocando lo que más le duele: el bolsillo.
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