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La desmedida avaricia de los grandes empresarios
Despido libre, la incapacitación temporal a cargo de la Seguridad Social y modificación de los convenios colectivos
Mientras en la calle, en la plaza donde tiene su sede el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, duermen al raso unos centenares de jóvenes que nuestra sociedad ha arrojado desde el Campus universitario a la precariedad, los miembros de la CEIM (Confederación Empresarial de Madrid) plantean sus exigencias sin el menor empacho.
Despido libre, la incapacitación temporal a cargo de la Seguridad Social, modificación de los convenios colectivos por parte del empleador sin consultar con los trabajadores, indemnización mínima en caso de despido y, claro está, que se desaloje inmediatamente la Puerta del Sol. ¿Y quiénes son los miembros de la CEIM? ¿Los pequeños y medianos empresarios que aportan más del 80% del empleo de todo el país? No, hombre no, son los representantes de la gran patronal.
Íntimamente ligada a la CEIM está la COCEM (Confederación de Comercio Especializado de la Comunidad de Madrid) ¿Y quiénes son los miembros de la COCEM? ¿Los pequeños comerciantes de la Puerta del Sol? ¿Esos que podrían verse perjudicados por el campamento del 15-M? No, hombre no. Los miembros de la COCEM son los representantes de los grandes comercios, de las grandes superficies. Hilario Alfaro, su presidente, es miembro de una de las familias más ricas de Madrid. Esta familia posee infinidad de negocios famosísimos y, entre nosotros, a don Hilario la acampada de la Puerta del Sol se la trae al pairo, pero él es un fiel socio de Arturo Fernández (CEIM) y Esperanza Aguirre. Esto es lo que tenemos gobernándonos.
Mientras los empresarios siguen exigiendo todo lo que se les pasa por la imaginación, los dos partidos que nos pueden gobernar son incapaces de considerar ninguna de las propuestas del 15-M, ninguna de las cuales es de carácter político-financiero y todas ellas, en cambio, parece obvio que deberían figurar en un sistema medianamente democrático. Decían que Dios aprieta, pero no ahoga. Pues, al parecer, los que mandan en el sistema son más rigurosos que el mismo Dios.
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