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Histeria histórica
"Es necesario que se retire de inmediato la oprobiosa obra, para que nadie la pueda estimar como fuente historiográfica"
A juicio del profesor, "afortunadamente, hay miles de fuentes historiográficas solventes que ponen de manifiesto lo que supuso el golpe de Estado de Franco, los fusilamientos, las desapariciones, los campos de trabajo forzado, el exilio exterior e interior, la terrible represión que el régimen franquista llevó a cabo contra el pueblo español". "Nadie, ni la Real Academia de la Historia puede intentar maquillar el horror del Estado terrorista franquista", precisó. (sic)
Más allá del desastre semántico del texto (sic) de cabecera, queda sobradamente claro que la Guerra Civil está absolutamente inacabada y que no es en absoluto descartable un segundo round. Si a lo expuesto en el comentario precedente, le añadimos los pareceres que figuran a continuación del artículo, provenientes de los lectores de ese medio, no queda otra que admitir que hay un cierto riesgo de que el episodio se repita porque hay base social como para así suceda. No se aprendió absolutamente nada de aquella sangrienta etapa ya pasada, y los partidarios del bando perdedor se niegan a admitir puntos de vista distintos de lo que ellos, con razón o sin ella, con datos o sin ellos, creen, e incluso vetan, censurándolas, las opiniones de los escasos lectores que han osado postear sus pareceres discrepantes. España, setenta años después de supuestamente terminar la Guerra, sigue igual de dividida y subsumida en el mismo conflicto.
Están indignados, y entienden que con toda la razón, por lo que un historiador ha escrito sobre algunos personajes de la República y del posterior Régimen, y hasta los prosélitos de esta postura han llegado a aunar indignaciones para iniciar procedimientos judiciales penales contra quienes así se han manifestado, arrugando, por lo pronto, el propio ánimo de la RAH, la cual ya se muestra decidida a modificar esas biografías supuestamente hagiográficas conforme a los deseos de quienes se han rasgado las vestiduras y han gritado ¡blasfemia! Así se escribe la Historia, sí señor: a gusto del consumidor, como corresponde en democracia. Y están que trinan porque, además y según su credo, esta atrocidad se ha perpetrado con dineros públicos. Así está la cosa: el avispero está revuelto, curiosamente nada más llegar Rubalcaba al poder. Buen año nos espera.
Para quienes tenemos independencia intelectual y no participamos en el desastre escatológico de aquella República ni peleamos en aquella guerra, todo ello no es más que una ocasión de reflexión sobre nuestro devenir histórico como especie y como país, sin histerias ni cegueras, con la mente abierta para tratar de comprender dónde nos equivocamos y dónde se acertó, un poco como así tratamos de comprender cualquier otra página de la Historia. Naturalmente, tenemos nuestra opinión, y, algunos, consideramos que Napoleón fue un genocida, pero no por ello exigimos que figure así en los libros de texto, que un tribunal penal condene a galeras al historiador que ve en él a un genial estratega o a un eficaz dirigente, o convocamos mediante SMSs a todos los que son de nuestra cuerda para tomar la Bastilla de semejante impostura histórica. Eso sería no Historia, sino histeria, y, puestos en ésas, tendríamos que revisar toda la Historia de la humanidad, no habiendo, con toda certeza, quórum alguno para una postura o su contraria, pues que sería imposible determinar por referéndum universal si cada biografía es correcta o no.
Lo que proponen estos indignados históricos que tan poca filia le tienen a Franco y a sus correligionarios y tanta a quienes tampoco fueron mancos, precisamente, es poco menos que un despropósito sin parangón al pretender que los historiadores sólo puedan publicar lo que a ellos les conviene, les interesa o se ajusta a sus particulares creencias, como si fueran sastres a la medida. Con dinero público o sin él, un historiador escribe conforme a los datos que maneja (que jamás son todos), a lo que añade su particular visión de los sucesos que analiza. Ni más, ni menos. Don Ricardo de la Cierva, por ejemplo, tenía una visión determinada del conflicto, y don Ian Gibson otra completamente distinta, y no por eso la Historia cambió o se inclinó en uno u otro sentido. La opción de tomar una versión u otra depende del lector, y con no comprar la obra que le incomoda, lo tiene todo arreglado. Dudo, dudo mucho que estos indignados históricos tengan en los anaqueles de su casa las biografías de todos los personajes que refiere el Diccionario Biográfico Español, dudo mucho más todavía que en compren éste o cualquier otro diccionario, y todavía más que fueran capaces de leerlo siquiera.
El oprobio de leer biografías deificantes de monstruos de la humanidad no cae exclusivamente de la parte de la RAH, adempero, habiendo Diccionarios Biográficos de su cuerda que, francamente –va sin segundas-, deja mucho, pero muchísimo, que desear. Lo que pretenden estos demandantes de tan sentida intolerancia, pues, no es corregir un error histórico, sino torturar a la Historia para que confiese lo que su histeria demanda. Nada ha quedado más en evidencia con toda esta titiritaina, sin embargo, que quiénes son los intolerantes y quiénes los que son incapaces de admitir criterios diferentes de los suyos, sean verdaderos o no. Ni más, ni menos. Según mi punto de vista, Franco es un personaje como tantos en los que la Historia es tan prolífica, y tanto me da que haya viscerales detractores o fanáticos seguidores: allá cada cual con sus pareceres, porque los míos no cambian por eso. Buena gente, como el mismo Cristo, fue crucificado por las turbas y a pesar de ello tiene millones de seguidores, y mala gente, como Hitler o Stalin, fueron deificados y también tienen millones de seguidores. ¡Hasta el diablo, que es el Mal en estado puro, tiene millones de prosélitos que hasta le nombran como ángel de luz!... Este absurdo tiberio que ha montado, sinceramente, me parece que no es más que la archiconocida maniobra de la tensión guerrecivilista, tan habitual en el PSOE cuando la cosa se le pone rana, y, estando el siniestro Rubalcaba en el poder, me parece que la cosa está cristalina. En fin, que ya me siento paseado a la menor ocasión que tengan estos intolerantes, como si lo estuviera viendo.
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