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Tags: Opinión · Disyuntiva · Rafael Pérez Ortolá
Fijaciones destructivas


Es curioso como algunos textosescritos hace tiempo no pierden nada de su contenido sustancioso


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
domingo, 5 de junio de 2011, 05:45
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A la vez que son TESTIGOS de lo ocurrido en aquellos momentos, se proyectan con algunos reflejos sobre los acontecimientos actuales. Eso sucede, sobre todo, cuando elautor supo impregnar sus relatos con lo más auténtico de las virtudes y defectos, pasiones y conductas, de ese género que solemos denominar comohumano. Aprecié dichas cualidades en la relectura de “Tormenta sobreWashington” de Allen Drury, Premio Pulitzer en 1960. Los desaguisados recogidos en aquellas tormentas sociales eran importantes. Sin embargo, desde la perspectiva actual se vislumbra la continuidad de las tendencias maliciosas; el tobogán de los despropósitos se agranda en los comportamientos recientes.

En sus páginas se perfila la complejidad de las vidas, llevada a extremos peculiares en el amplio panorama de las actividades políticas. Se echa de menos un NÚCLEO DELIBERATIVO que fuera definido por la franqueza de sus intervenciones; esa participación ilusionadade los diferentes anhelos, cargada de sinceridad, con la tolerancia precisa. Las posturas de carácter absoluto no tienen cabida cuando las intervenciones seproducen entre humanos. ¿Quiénes dominarán todos los matices de la certeza? Y ocurre lo mismo con las equivocaciones, los errados acertarán en algunas afirmaciones. Si por lo menos, en cada discusión, se sacaran a flote los verdaderos motivos subyacentes; tendríamos mucho adelantado.

Entonces, como ahora, se analizanlos comportamientos con cierto grado de desajuste ciudadano, sobre todo lo de aquellos gestores encumbrados; pero enseguida se observa la extensión de las responsabilidades. Han sucedido en torno a innumerables decisiones operativas, sin pausa a lo largo de la historia. Bin Laden, Irak, Chechenia, Corea, Gadafi, la toma dedecisiones económicas asfixiantes u otras agresionees. Quizá convenga tambiénla consideración de la ausencia de decisiones bajo hipocresías impasibles;desde su pasividad pasan a la crítica acomodaticia una vez sucedidos los acontecimientos (Países y personas, anclados en una inoperancia tortuosa). Esdecir, tratamos de la INQUIETUD de las PREGUNTAS, o bien permanecemosdesinteresados y al margen.

También la variedad domina enestos ENFOQUES. Existen los que no se preguntan nada, menos todavía inquierensobre los fundamentos; son meros observadores indolentes, aprovechados o no delos procedimientos ajenos. En algunos casos, so se sobrepasa el interrogante,se pone de manifiesto la incapacidad cultural para una respuesta adecuada, estano se define ni se concreta por ninguna parte. Queda el grupo de los poderososen los diferentes sectores. Creen estar imbuidos del conocimiento verdadero, suvisión ha de ser ley; en demasiadas ocasiones se basan en artilugios violentos,no se caracterizan por el apego a los argumentos razonados. Así pues, laspreguntas, no importan, aturden, paralizan, o derivan en excesos de toda laña. ¿Hasta dónde alcanza la ignorancia? ¿Perseguimos la ubicación del pensamientoperverso?

El buen juicio resulta unacuestión delicada, con su mezcla de conocimientos y la oportuna aplicación de los mismos. A quien corresponda, que somos el conjunto de los electores queoptaron por unos representantes determinados, que son los elegidos una vez instalados en sus poltronas; no podrá jamás justificarles la indecisión inoperante. Los juicios o pronunciamientos son necesarios, por eso se suelenlamentar los JUICIOS OMITIDOS, porque no participaron en el debate constructivo. ¿Se juzgan adecuadas las condenas de 300 años? ¿Les correspondeuna liberación a los 15 años? ¿La liberación del “cuco” corresponde a susdelitos? ¿Resulta idéntico el terrorismo a los demás delitos? ¿El poder justifica el acoso de Hacienda a un ciudadano y la condescendencia con las grandes fortunas acumuladas por algunos políticos? El pronunciamiento de los legisladores omite gran número de circunstancias. Las convicciones no puedenlimitarse a una actitud paralizante ni a la arbitrariedad de unos controladoresinteresados; el miramiento hacia el conjunto de la sociedad es imperativo, pero se pasa de largo, se omiten gran parte de los enjuiciamientos necesarios.

Allen Drury manifiesta a través de uno de los personajes de su novela, ¡Qué país más maravilloso sería el nuestro!, en referencia al buen servicio de cada uno a la nación, a la sociedad. Se trataría de una manera novedosa de afrontar los problemas; novedosa, porque suele enturbiarse con manejos poco recomendables. Se comienzapor los rumores poco fundados, así se minan las peculiaridades de quienesresultan molestos. Si escuchamos una noticia, volvemos atención a los posibles ocultamientos, a las medias verdades o a las claves mentirosas de la misma. Encuanto a las declaraciones pronunciadas, se precisa una marcada perspicacia para la intuición de su sentido real. El conjunto de estas actitudes deriva en un ENCARNIZAMIENTO progresivo, agrandado por los medios de comunicación. Lejos de aproximarnos a una clarificación, se enturbian los comunicados. Si se les deja, sólo los perversos interesados conocerán el curso de sus maquinaciones. Yeso es lo que ocurre, se les deja en demasía.

Son tendencias lamentadas en épocas pretéritas; pero, lejos de atenuarse, se ven potenciadas con laspoderosas técnicas modernas. Sigue trastocada la brújula de la orientación social satisfactoria. Se funciona en términos de UTILIZACIÓN de cualquierrecurso, material o humano, según su eficacia para la satisfacción de unosintereses bien resguardados del conocimiento general. La misma intimidad se usade manera ambigua al servicio de aquellos beneficiarios, con alarde deposiciones escandalosas pretendidamente progresistas o con el ánimo deperjudicar a los rivales, según convenga. Como la intimidad, se utilizan secretos, servidumbres no confesadas a unos populismos injustificados; sirve cualquier dato utilizable. Quedan marginadas las actitudes morales o de auténtico servicio a la comunidad. La severidad de las consecuencias y lacrueldad, aparecen al final de esas escaladas; en forma de paro, deincomunicación real, pérdida de valores y comportamientos degenerados.

En la medida que se aparta al ciudadano de la consideración por parte de los sistemas, estos se verán debilitados, se desestructuran; da lo mismo que sean políticos, instituciones religiosas u otras organizaciones. Los buenos sentimientos o la nobleza de los protagonistas, se convierten en un serio obstáculo, porque no se pliegan a lasperfidias de turno. La VORÁGINE de los encarnizamientos comentados no se detiene confacilidad; muy al contrario, se utiliza su rugido como un argumento de presiónpara el buen funcionamiento de las instituciones. Es necesario mantener la rueda. Nos embaucan con sus razones. La misma aceleración de la vida diariadificulta la reflexión, nos arrastran los acontecimientos. Las fijaciones mencionadas no son las únicas, la variadad de las maquinaciones es asombrosa, siempre surgen con novedades; con ellas se fraguaron muchas de las incómodas, y hasta trágicas, situacionesde amplios grupos sociales. Es un torbellino al que no parece que pretendamos ponerle unas gotas de buen juicio.

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