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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea  

Números limpios

Nieves Fernández
Nieves Fernández
lunes, 28 de febrero de 2005, 02:35 h (CET)
Lejos nos queda a todos el “¡Agua va!” de la Edad Media, cuando lo más prudente era retirarse a tiempo de ventanas y balconadas, pues era el peor de los avisos, el equivalente en la actualidad al sonido de tirar de la cadena o renovar el agua de la cisterna, pero aquella vez sin aguas encauzadas, sino con repletas palanganas, bacines y orinales de barro que en las calles de tierra y piedra se desaguaban. Pobre de quien el aviso del “¡Agua va!” no lo escuchara a tiempo.

No tan lejos nos queda, para quien como yo sea de pueblo, el corral apartado en el último rincón de la casa por lo higiénico, con retretes de agujeros gemelos en tablas de madera y cortinilla o puerta sin cerrojo, ese retrete helado del invierno, -¿por qué ahora nos quejamos de frío?- y repleto de insectos en verano, además con las gallinas pululando por el basurero en busca de algún que otro picoteo orgánico ante el pánico atroz del apurado.

Con los años todo cambió, los pueblos y ciudades se hicieron más civilizados, los corrales malolientes se hicieron cocheras malolientes y las aguas, las potables, se fueron adentrando en nuestras vidas, digo mejor, en nuestras cañerías y grifos de cocinas y baños. Sin embargo, el hombre no acaba de solucionar su gran problema, que diría alguien muy allegado, de gestionar sus residuos urbanos en un nivel de progreso eficaz como ocurre con la distribución de la comida o los avances de la tecnología.

En un planeta sucio y consumista que no sabe qué hacer con tanto material de desecho y que genera toneladas de cartón y de plástico, aún necesitamos una generación, aún sin ser daltónicos, para entender que existen tres colores básicos del reciclado relacionados con los contenedores. Pero sabemos que no todo es factible de aparecer en un igloo amarillo, azul o verde o en los modernos soterrados, pues como casi todo material inservible necesita su recuperación y limpieza, además de un correcto reciclado.

Existen números de teléfono limpios y aseados como el que les voy a dar de mi ciudad donde con sólo llamar, sin mancharte las manos, te recogen a domicilio los residuos urbanos especiales tales como electrodomésticos estropeados, muebles viejos, neumáticos usados, etc.

Este servicio de números limpios funciona matemática y limpiamente, al minuto, como una cita puntual, iba a decir de médico, pero no, lo dejamos en puntual cita, sin más. Llamando al teléfono de mi ciudad 926 – 22 74 51 dialogas con una señorita que pregunta sólo lo necesario: Dirección, tipo y número de residuos y muy eficazmente te da tu día de recogida por riguroso orden de lista. El usuario de este limpio servicio se limitará, nos limitaremos, muy importante: sin olvidos que valgan, a depositar los residuos apalabrados en el portal de entrada de la casa.

Un servicio limpio y gratuito que lleva los desechos urbanos a un punto limpio donde todo se higieniza y reutiliza sin necesidad de sacarlo a la calle, acto cuasi vandálico, similar en mal gusto al “¡Agua va!” del medievo.

Son los servicios y números limpios del futuro, ¡si los hubieran conocido los abuelos! Son números que es necesario apuntar en la agenda si deseamos habitar un lugar que no desmerezca demasiado comparado en su limpieza al salón familiar.

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