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La necesidad de educar al votante

Javier Ballesta
Redacción
lunes, 28 de febrero de 2005, 04:16 h (CET)
De un tiempo a esta parte el voto ya no es lo que era antaño. Votar se ha convertido, para algunos, en un ir a cumplir como Dios manda con las obligaciones propias de los ciudadanos, mientras que otros pasan olímpicamente, con sus razones imagino y porque creo que piensan que al fin y al cabo que manden los que están y decidan ellos lo que quieran y como sea. Esta respuesta bastante mayoritaria en el conjunto del referéndum del pasado domingo ha generado una indiferencia y una dejadez apreciada por el gran porcentaje de los que no han pasado por las urnas y se han convertido en euroescépticos de pro, sin entrar en explicaciones sociológicos, para eso etán los tertulianos de la radio. Y es que eso del voto, luego existo cada vez es más personalista, está más en función del yo-me-mi-conmigo y menos de los montajes publicitarios, spots machacones y vallas añejas cargadas de monótonos carteles, sin diseño ni estilo que como esta vez, no han aportado mucha creatividad al asunto y menos originalidad al proceso. Yo, eliminaría esos carteles rancios y tablones de madera en las plazas y calles, para hacer más transitables esos espacios y abolir esa impresentable manera tradicional de impactar, cuando tenemos sobrados tiempos en la tele, aunque sea para aburrir a los teleespectadores y pasar de todos los telepredicadores que nos cuentan sus mensajes, apenas compartidos por los consumidores y faltos de rigor e información. Al parecer se piensa que el personal se tiene que educar escuchando grandes parrafadas, abdicando en propuestas multimedia de impacto y sacando a la palestra a los tres tenores (ZP, Rajoy, Llamazares) para que cada uno nos suelte su discurso Y, por lo que vemos, la cuestión no funciona es decir votar por votar no tiene sentido, si lo tiene está más en función de cómo uno se crea lo que le vendan y elija, a priori, lo que uno siente o cree, o simplemente como quiera yo meterme en ese proceso que en muchas ocasiones no nos implica, nos resbala o nos deja atónitos Por ejemplo, en la consulta del otro día, no ha existido una información dosificada y preparada con tiempo, necesaria para encajar el asunto con mayor claridad, implicación y, además, hacer esto de Europa algo nuestro, de aquí, algo servible. De ahí que muchos ciudadanos hayan visto en esta consulta una celeridad, una prisa electoral o el interés de Zapatero en este montaje que nos ha llevado en pocas semanas a tener que decidir sobre un terreno difícil de comprender, complejo por su estructura y alejado de lo local y de lo cotidiano, porque vender la idea de Europa no se puede hacer como si tuviéramos que cumplir y salir airosos de un sí, o de un no. ¿Qué absurda dicotomía!

Esta falta de tiempo unida a un proceso de tener que reafirmarse porque sí ha hecho que los usuarios estén desinformados, no conozcan los fondos del asunto y sigan pensando que este asunto es de los de arriba y que decidan ellos. ¿Qué importante es cuidar los procesos!, preparar la información, dar tiempo al tiempo y generar canales que nos den datos, informes, nos hagan reflexionar y, luego opinar sobre lo analizado.

A la ciudadanía tenemos que cuidarla y orientarla en aquellos asuntos de interés colectivo, pero como si se tratara de ir descubriéndolos poco a poco, dejándole que pueda conocer, ver, observar y que tenga la sensación de libertad, no de agobio con montajes de aquí te pillo, aquí te mato, o tener que ser europeos, porque se trata de Europa, o tengamos que ser fuertes o lo de la odiosa competitividad y todos esos toques que se han dejado caer en las telepredicaciones anexas a los informativos que nos han invadido la privacidad y no nos han informado de nada, más bien nos han publicitado la revancha partidista. Educar al votante, es otra cosa, es informar al ciudadano que no sabe, al iniciado, al que tiene que plantearse el qué y el cómo, por eso implica más tiempo y espacios para que cada uno haga sus cuentas, piense, y luego, si quiere, vaya libremente con naturalidad y serenidad a depositar el voto. Todo lo contrario de lo que nos ha pasado esta vez.

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