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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Los inquilinos del piso 16

Manuel Alcántara
Redacción
domingo, 27 de febrero de 2005, 01:03 h (CET)
Los que hemos visto fantasmas, a veces ocupando altos cargos, no podemos poner en duda su existencia. Suponemos que tienen un código de conducta muy estricto que les impide, por ejemplo, pisarse las sábanas unos a otros y arrastrar las cadenas haciendo el ruido justo para amedrentar, sin más decibelios que los precisos. Generalmente no se dejan fotografiar para que nadie pueda confundirlos con ropa tendida. ¿Cómo han condescendido a comparecer en un vídeo hecho además por alguien que no era un profesional?

Las apariciones de la planta 16 del extinto edificio Windsor añaden misterio a la catástrofe. ¿Qué hacían deambulando por allí esas enigmáticas siluetas?, ¿por qué no huyeron de la quema? No sólo tenían que haber olido a chamusquina y quitarse de en medio mucho antes de que aquello se transformara en una sucursal del infierno. Fuentes del Ayuntamiento, que tenían que haber estado allí soltando agua, han revelado que a la hora en que fueron grabadas las imágenes ya no había bomberos en el edificio, lo que descarta la sospecha de que haya alguien con la doble vocación de bombero y pirómano. Quizá fueran sombras nada más o reflejos nada menos. Lo cierto es que estas apariciones van a ser las más comentadas después de la que se dignó hacer la Virgen en Fátima, tan comentada ahora, después de la muerte de su última interlocutora.

Un misterio. «Cuanta más luz, más misterio», dijo Carlyle, y allí había mucha luz, ya que cada carpeta de documentos se convirtió en una antorcha. No se sabe, a estas alturas del piso 16, si se abre una nueva línea de investigación o se cierra una imaginativa historia de fantasmas incombustibles. La verdad sólo la sabe el viento, que no siempre es «galán de torres», sino un espíritu transparente «entendido en desdichas». Según el videoaficionado, las dos personas que estaban dentro no parecían en absoluto nerviosas. Conservar la serenidad cuando se pierde todo lo demás es muy importante. Algo es algo.

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