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El Atleti tiene la peste
Nadie quiere trabajar junto a la familia Gil y Cerezo
La negativa de Rafa Benítez al Atlético de Madrid se suma a las de Kiko y Toni Muñoz de la semana pasada. No es casualidad que en menos de siete días, tres personas rechacen un empleo bien pagado tal y como está el mundo. Pero es que trabajar en el Atlético de Madrid bicéfalo de Gil y Cerezo es como entrar en la mafia napolitana: sabes que al final te van a pegar el tiro. En este club el que no está imputado por delito de estafa, lo está por apropiación indebida o por desviación de fondos.
Enrique Cerezo, que aparenta no enterarse de nada de lo que ocurre en el club para justificar su papel de marioneta ante la prensa, lleva buscando entrenador clandestinamente desde que se sabía que Quique no iba a continuar. Y eso son muchos meses. Pero nadie parece dispuesto a ocupar un banquillo envenenado por unos gestores que cada año aprietan más la soga al escudo del Atleti. Mejor el paro que trabajar con los Giles, pensarán.
Porque lo de Gil y Cerezo con el Atlético de Madrid va más allá de lo deportivo. Si hace veinte años todos los jóvenes que despuntaban en nuestra liga miraban al Atlético como la novia perfecta, ahora huyen de ella como si fuera una simple ramera: Fernando Torres, De Gea, Agüero... Ha llegado un punto en el que muchos futbolistas están por encima del escudo del Atleti, algo impensable hace sólo quince años.
Pero la serpiente bicéfala, término que tanto escuece en los despachos del Calderón, es especialista en proyectar mentiras y alimentarse de ellas con la complicidad de la prensa. Ante la fuga de talento actual, Cerezo ha huido hacia delante alegando un futuro Atlético repleto de canteranos. Para imitar el modelo del Barcelona, dice. La marcha aún no anunciada de De Gea deja en evidencia al presidente rojiblanco, que estos días no duerme pensando en la nueva excusa de la semana que viene.
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