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Etiquetas:   El envés   -   Sección:   Opinión

Hasta dónde podremos aguantar

Que a nadie extrañe que los ciudadanos terminen por alzarse ante las injusticias con las que nos bombardean los medios de comunicación
José Carlos García Fajardo
martes, 31 de mayo de 2011, 06:39 h (CET)
Escuchaba hoy Radio Nacional de España que transmitía desde Haití. Fueron entrevistados cooperantes españoles, sacerdotes, Cruz Roja, ONGs, voluntarios sociales, Secretaria de Estado para la Cooperación, presidente de Haití pero nadie habló de la corrupción endémica de sus políticos, funcionarios. Ni de las muy ricas familias que tienen sus depósitos a buen recaudo en Estados Unidos.

Causa estupor haber visto al hijo del dictador Duvalier, escapado con su familia con miles de millones, que hace unos meses llegó a Port au Prince a reclamar una deuda que dizque tenía el Gobierno con su familia. ¡Después del terremoto y en plena epidemia del cólera!

Nadie se atrevió a explicar que, con el rescate de esas fortunas de haitianos evadidas a Estados Unidos y Suiza, se podrían afrontar los problemas más urgentes de los ciudadanos.

Como en un caleidoscopio alucinante sufrimos al ver al pueblo griego lanzado a las calles porque no pueden soportar más recortes, más privatizaciones y más humillaciones por parte del Eurogrupo que avisa de que el FMI puede denegar el nuevo tramo de ayuda a Grecia. Ya han privatizado puertos, aeropuertos, comunicaciones, y sólo les falta poner la Acrópolis en almoneda, o ir vendiendo sus mejores islas. Pero nadie quiere recordar las inmensas fortunas en el exilio de armadores griegos y de potentados financieros que contribuyeron a engrosar la deuda con compras de material de guerra a Alemania, Estados Unidos, Francia y otros países por miles de millones de Euros y a mantener un ejército casi veinte veces superior al de Alemania, en proporción al número de sus respectivos habitantes.

En España, unos políticos viven una ebrietas de triunfo electoral pírrico pues sólo anuncia nuevos recortes y padecimientos para 5 millones de desempleados, millones de pensionistas mal pagados, Ley de dependencia no aplicada, precisamente en las Comunidades regidas por los vencedores en las elecciones.

Y los socialistas, incapaces de recuperar sus señas de identidad y abandonar el disfraz de neoliberales espurios que se endosaron para que los recibieran los ejecutores de los dicktats de los “mercados”.

Mientras tanto, Telefónica pondrá en la calle a 8.500 empleados en un ERE anunciado “sólo” para 6.000. Y pretende que el gasto de los ceses por 440 millones de Euros los asuma el INEM. No hay que extrañarse, en una insólita decisión el Ejecutivo asumió sólo en el “ajuste” de la Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha por más de 9.000 millones. Sin inmutarse ni que se les paralice el rostro, anuncian una retribución especial de 450 millones de euros para sus directivos.

Actúan sin escrúpulos mientras venden su filial Atento con una plusvalía de 1.100 millones de euros.

Ya nadie se alarma de que bastante más de la mitad de la deuda pública española esté en manos de inversores extranjeros. Ni de que hayan encargado al banco de inversiones Rothschild como asesor financiero para la salida a Bolsa de Loterías y Apuestas del Estado, una de las fuentes de ingresos más saneadas de España. Una operación por importe cercano a 7.500 millones de euros. La operación dará lugar al mayor grupo de apuestas europeo cotizado y a la Oferta Pública de Venta (OPV) más grande de la historia de España.

La iniciativa se inscribe en los planes del Ejecutivo socialista de privatización de entes públicos con el objetivo de recortar el déficit público.

En este marco también se incluye la venta del 49% de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), la autoridad aeroportuaria que controla Barajas (Madrid) y el Prat (Barcelona), por importe de hasta 8.000 millones de euros.

Como cuenta Carlos Taibo, no es difícil identificar las víctimas de tanta miseria. La primera la aportan los jóvenes, que engrosan masivamente nuestro ejército de reserva de desempleados. La segunda víctima son las mujeres, de siempre peor pagadas y condenadas a ocupar los escalones inferiores de la pirámide productiva, a más de verse obligadas a cargar con el grueso del trabajo doméstico. Una tercera víctima son los ancianos y por último a nuestros amigos inmigrantes, convertidos en mercancía de quita y pon.

¿Se extrañaría alguien de que ante este expolio de nuestra riqueza y ante semejante escarnio de los ciudadanos, estos acaben por alzarse con consecuencias imprevisibles?

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