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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Europa se asoma al abismo

Un año después de rescatar a Grecia de la insolvencia, Europa se asoma al abismo
Robert J. Samuelson
lunes, 30 de mayo de 2011, 07:13 h (CET)
WASHINGTON - Hasta aquí ha llegado. Un año después de rescatar a Grecia de la insolvencia, Europa se asoma al abismo. El rescate ha demostrado ser insuficiente. Grecia necesita más dinero, y no puede endeudarse en el mercado privado, donde se enfrenta a tipos de interés de la friolera de hasta el 25%.

Pero las administraciones de Europa son reacias a poner más dinero a menos que otros agentes de crédito -- bancos, titulares de la deuda -- absorban parte de pérdidas reduciendo el importe de su deuda. Esto, no obstante, constituiría una reestructuración de la deuda, corriendo el peligro de una crisis bancaria más generalizada que podría torpedear la frágil recuperación de Europa en Francia y Alemania entre otros lugares. No hay solución fácil.

Lo que se venía en llamar "la crisis de la deuda" es cada vez más una crisis política y social. Cerniéndose sobre los detalles económicos complejos está el interrogante más general de la capacidad -- o la disposición -- de las economías morosas débiles a soportar cada vez más dificultades para amortizar su masiva deuda pública. Ahora mismo, el paro se sitúa en el 14,1% en Grecia, el 14,7% en Irlanda, el 11,1% en Portugal y el 20,7% en España. ¿Cuáles son los límites de la austeridad? Los acusados recortes del gasto público y las importantes subidas tributarias sí reducen el déficit presupuestario hasta límites razonables; pero también generan profundas recesiones, reducen la recaudación tributaria y anulan parte de la mejora del déficit.

El tiempo que este devastador proceso se puede prolongar no está claro. En España, el partido socialista en el poder ha sufrido una gran derrota en las últimas elecciones. El descontento popular persiste en Grecia entre los indicios -- informa Anthony Faiola en el Washington Post - de "la reaparición del movimiento anarquista" allí y en otros lugares.

Ciertas causas de la tesitura de Europa son conocidas: la dura recesión que acompaña a la crisis económica de 2008-2009; poblaciones envejecidas acompañadas de estados del bienestar caros. Pero también hay otro culpable menos reconocido: el euro, la moneda única que circula hoy en 17 países.

Introducida en circulación en 1999, se concibió para fomentar la unidad económica y política. El crecimiento económico iba a mejorar. Las caras conversiones de divisas desaparecerían; el dinero iba a fluir con soltura a través de las fronteras a las oportunidades de negocio más rentables. Al pagar en euros - y no en marcos ni en liras -- alemanes e italianos entre otros se considerarían cada vez más "europeos". Durante un tiempo pareció funcionar. Durante la primera década del euro, el empleo en las economías que utilizaban la divisa común creció en 16 millones de puestos de trabajo.

Era un espejismo. El euro ayudó a crear la crisis y ha dificultado más su resolución, como demuestra el nuevo informe del Fondo Monetario Internacional. Para empezar, el euro fomentó la burbuja del crédito que condujo al auge de la vivienda, el endeudamiento y el consumo. Cuando cada economía tenía su propia divisa, el banco central del país (su Reserva Federal) regulaba los tipos de interés y las condiciones del crédito. Con el euro, el Banco Central Europeo (BCE) asume ese papel. Pero una política única no es válida para todos: los tipos de interés idóneos para Alemania o Francia eran demasiado bajos para los países "de la periferia" (Grecia, Irlanda, Portugal y España).

"Los mercados financieros" - inversores privados - agravaron el problema dando por sentado que la creación del euro reducía el riesgo. Las economías débiles quedarían amparadas por las fuertes. El dinero entró a mansalva en los países de la periferia. Se produjo una enorme contracción de los tipos de interés. En 1997, los tipos del bono heleno a 10 años alcanzaban el 9,8% de media en comparación con el 5,7% del bono-país teutón comparable. En 2003, el título griego rozaba el 4,3%, justo por encima del 4,1% del bono alemán.

"Los mercados reaccionaron con violencia. Todo esto no habría sucedido si los bancos de Alemania y Francia no hubieran prestado tanto", afirma el economista Desmond Lachman, del American Enterprise Institute. "Fue igual que el mercado inmobiliario estadounidense". Tanto los bancos estadounidenses como los europeos se pasaron a la hora de relajar los estándares de préstamo.

Ahora que la burbuja del crédito ha reventado, el euro obstaculiza la recuperación. Una forma de recuperarse de las crisis económicas que tienen las economías es depreciando su divisa. Esto abarata la exportación y el turismo local, creando algunos puestos de trabajo que amortiguan los efectos secundarios de las medidas de austeridad en otros sectores. Pero confinados al euro, Grecia y los demás morosos expuestos renuncian a esta válvula de seguridad.

La deuda de Grecia se acerca al insostenible 160% de su economía anual (producto interno bruto). Si falta al pago, los inversores pueden inundar el mercado de órdenes de venta de los títulos de deuda pública del resto de morosos expuestos por temor a que también ellos falten al pago de su deuda. Eso podría disparar los tipos de interés y cargar enormes pérdidas a los bancos europeos. A finales de 2010, los bancos de Europa disponían de cerca de 1,3 billones de dólares en inversiones y préstamos -- tanto públicos como privados -- a Grecia, Irlanda, España y Portugal, informa el Instituto de Economía Internacional, un colectivo industrial. Una crisis bancaria pondría en peligro la recuperación económica.

Así que Europa trata de ganar tiempo. Lucha a brazo partido por aplazar la reestructuración de la deuda helena el tiempo suficiente para que el resto de economías expuestas avalen con hechos que pueden gestionar sus deudas. El proceso mismo convierte al euro -- en contra de su intencionalidad original -- en una fuente de discordia, a medida que los países desplazan a otros la culpa y el coste. Teniendo en cuenta la sustancial deuda de Europa, hasta las medidas de aplazamiento pueden fracasar. Se aplaza una crisis más generalizada simplemente. "Pueden esquivar este proyectil", dice Lachman, "pero el próximo no".

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