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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Bestialidad policial

121 heridos tras la carga policial en la Plaza de Cataluña
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 30 de mayo de 2011, 07:00 h (CET)
Hace poco más de una semana presentaba en esta misma columna el mismo planteamiento que ahora: ¿puede la Policía trasgredir la ley para hacerla cumplir?..., ¿puede la Policía apalear impunemente a un ciudadano, haya cometido o no un delito?...

Aquel artículo, escrito con motivo de los rifirrafes habido con ocasión del desalojo por parte de la Policía de los manifestantes que habían iniciado una acampada no autorizada en la Puerta del Sol de Madrid y el cual ilustraba con un video grabado por un ciudadano con su teléfono portátil, lo titulaba “Brutalidad Policial”; pero lejos de haber servido de nada, ni haber ocasionado siquiera una disculpa de la policía o una búsqueda por parte de la Fiscalía de los individuos que practicaron esa brutalidad para sancionar a los responsables, parece ser que la cosa vuelve a repetirse en la Plaza de Cataluña de Barcelona, ahora a lo bestia. Las imágenes sobran, y son de todo el mundo conocidas por haberse difundido muchas de ellas por la práctica totalidad de los canales televisivos.

Hasta donde sé, ningún policía puede arrogarse el derecho de golpear a un ciudadano. Puede, en el caso de que el ciudadano cometa un delito, proceder a arrestarlo y, en caso de rebeldía por parte del detenido, a aplicar la fuerza estrictamente necesaria como para reducirlo. Punto. Ni una gotita más, ni una gotita menos. En ningún caso, en un Estado de Derecho, puede la Fuerza Pública arremeter violentamente contra los ciudadanos, y mucho menos hacerlo indiscriminadamente, golpeando con inusitada saña a quien se le antoje simplemente porque estaba allí, pasaba por aquel lugar y esté alborotando o no. Esto, extremadamente grave de por sí y merecedor no sólo de la condena de todos, sino que debiera ser perseguido por los demás policías pues que se trata de un delito, es todavía más extremo cuando presenciamos cómo se golpea con encarnizado sadismo a ciudadanas –digo ciudadanas- en su mejores primaveras, y aun a niños. Algo de morbo, algo de machismo y algo de sadismo hay en esto. De modo que con esta barbarie lo ridículo de nuestra sociedad es puesto a la vista del mundo: la Policía golpea a los ciudadanos conculcando sus derechos inalienables reconocidos en la Constitución y se apaliza bestialmente a menores de edad a quienes sus padres ni siquiera le pueden dar un cachete porque sería constitutivo de delito.

Eso de la proporcionalidad del uso de la fuerza por parte de Policía, es obvio que no es más que un eufemismo, especialmente en España, donde es ilegal que los manifestantes o quienes hacen una sentada pacífica puedan usar cascos para proteger su vida de las andanadas policiales, quizá porque si fuera legal que los llevaran lo mismo no disfrutaban igual y no correría la sangre para escarmiento del rebaño. No es muy comprensible que quien ha consagrado su vida a la función de proteger la integridad física ciudadanía y la seguridad de las calles de todo tipo de maleantes por un salario muy escaso, como es el caso de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, crea que justifica sus emolumentos haciendo exactamente lo contrario. Algo que deberían analizar seriamente el conjunto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, quienes en su inmensa mayoría estoy seguro que darían su vida por cumplir con su deber, porque hay algunos elementos que están desprestigiando al colectivo sin que sus compañeros, los fiscales o los jueces hagan nada por evitarlo. De los políticos ni hablo, claro: estamos en España, no conviene olvidarlo. Apunten los votantes, y felicidades por su voto.

Como decía en mi otro artículo que mencionaba, los “grises” de la Dictadura eran tal que así y, desde luego, no gozaban de la simpatía de la ciudadanía, precisamente. Es más, eran como gentes que habían vendido su alma por un salario. Con estas cosas que suceden, cuando veo cómo sañudamente unos individuos parapetados en unos uniformes a los que desprestigian se ceban en ciudadanos indefensos ante su brutalidad, pierdo toda confianza en el Estado de Derecho, en las Leyes, en la Justicia y en los políticos, y me reafirmo más y mejor en que la ciudadanía para el poder no es más que un rebaño de contribuyentes a los que se puede apalear impunemente, tirotear con balas de goma (y tal vez de las otras), pastorear con bestial fuerza si se desanda y quién sabe si sacrificar. La vergüenza y la rabia, en estos caso, me ciega, porque no es éste, ni mucho menos, el tipo de país que quiero, ni estos los gobernantes que me interesan, ni éstos los derechos reales que deseo para mí o mis conciudadanos. Algo serio, muy serio, debe ser cambiado, y creo cada con mayor firmeza que debe comenzarse por la punta de la pirámide social. Con toda la razón del mundo hay millones de personas que están exigiendo un cambio de paradigma y poner a la corrupta clase política en su justo lugar, y todos estos hechos no son sino una forma de reafirmarlo y de convocar a más y más Indignados. Y no es que estemos sólo Indignados con esto, sino hartos, muy, muy hartos. No somos un rebaño, y , para que se enteren, no nos va a quedar otra que demostrárselo a los poderes.

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