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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Asignatura saliente

Manuel Alcántara
Redacción
viernes, 25 de febrero de 2005, 23:58 h (CET)
No se sabe quién habrá aconsejado al Consejo Escolar para que inste al Gobierno a que suprima la asignatura de Religión. Lo grave no es que rompa el Tratado con la Santa Sede, ya que los tratados están hechos para romperlos. Lo grave no es tampoco que suponga una forma de ataque a la divulgación de una determinada forma de creencia: lo lamentable es lo que tiene de agresión a la cultura. Si esa asignatura sale de la escuela y no es evaluable, las generaciones posteriores no entenderán bien ni la música sacra, ni la pintura sacra, ni los autos sacramentales. Las religiones son dignas de estudio. Más que nada para saber que el infinito desamparo del ser humano ha intentado distintas formas de consuelo, ya que casi nadie quiere desaparecer para siempre.

Hay que enterarse de que junto a grandiosas construcciones de esperanza, han propiciado horribles guerras y minuciosas torturas. Ninguna persona que se haya asomado a ese «repertorio de soluciones» que llamamos cultura puede desdeñar el hecho religioso y sus consecuencias. Corre el riesgo, si alguien le habla de Siddharta Gautama, de creer que es un jugador del Osasuna. Alguna pista conviene tener acerca del hinduismo y de los grandes moralistas chinos para no meter en el mismo saco a Confucio y a Lao-Tse. Aunque consideremos la teología como una de las ramas de la ciencia ficción, como le ocurría a Borges, no se puede ignorar lo que han significado el cristianismo y el islamismo en la historia del mundo. En España, los padres de muchos escolares desean que sus hijos oigan hablar de Jesús de Nazaret, cosa que tiene poco que ver con los primeros viernes de mes, o con los reaparecidos sacerdotes exorcistas.

La asignatura de religión es la más divertida para los escolares. Abunda en personajes pintorescos, como Abraham y Sansón, y de gente frenética y alucinada. Yo lo pasaba muy bien estudiándola. Fue clave en mi milagrosa conversión al agnosticismo, en su versión moderada.

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