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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Ver nevar

Marta Santos
Redacción
viernes, 25 de febrero de 2005, 23:58 h (CET)
En muchas ciudades ha nevado y es noticia, además de motivo de reflexión. Dicen que la nieve es un fenómeno del clima. Personalmente, ver nevar me parece un evento emocional. Cada cual se implica amorosa, sentimentalmente con lo que quiere, de modo que hay gente que se implica con la lavadora que se rompe, con la letra en el buzón, con el fin de mes. Si alguien le mete emoción a un atasco de tráfico, a una carrera en la media, se está implicando emocionalmente con asuntos molestos. Se cabreará con los coches y con las medias, que son objetos amorales en los que no hay emoción en la guantera ni el envés. Vale, este párrafo es una reflexión de andar por casa que puede hacer cualquiera que lea a estoicos o humoristas, dos clases de gente que hace todo lo que puede para separarse emocionalmente de los malos rollos.

La gente emocional y apasionada, sin embargo, tiene la ventaja de poder vivir sentimentalmente asuntos que a un pedazo de piedra o a un parlamentario europeo no harían ni fu ni fa. Bailar, comer con los dedos o ver caer la nieve sobre el asfalto son fruslerías en las que, emocionalmente, no siempre nos detenemos a pesar del gusto que dan. Y cuando hacemos recuento del día, no sé por qué, solemos detenernos más en la emoción que nos produjo el contratiempo cotidiano que en esas otras bobadas mucho más agradables: el olor del ajo en los dedos, alguien que canta a lo lejos, un niño que chilla y no es tuyo. Personalmente otra vez, la nieve me hace sentir muchas cosas agradables por motivos muy racionales que podría desgranar: porque me trae buenos recuerdos; porque la tengo asociada a la bonanza y a la diversión; porque me gusta el olor del aire después de una buena nevada. Emocionalmente, sin embargo, hay un relación amorosa entre la nieve cuajada y mi manera de mirar; un apasionamiento hacia la nieve; un sentimiento amistoso hacia los copos blancos; un recuerdo de infancia, cuando ver nevar producía una mezcla de sorpresa, pasmo y maravilla similar a ver abrirse palomitas en la sartén o ver correr un tren eléctrico que nunca era tuyo y quizás en eso estaba su gracia.

Así que el clima es para muchos objeto de una emoción. Si usted tiene una relación amorosa con el clima, mirar el sol con los párpados entornados o caminar sobre una calle nevada le parecerá un placer. Si usted se lleva mal con el clima, la lluvia le hará sufrir. Y si ni el sol ni la lluvia ni la nieve le hacen sentir nada, usted y yo no nos parecemos nada.

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