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Etiquetas:   La vida desde dentro   -   Sección:   Opinión

Descuelgue

Santiago González
Redacción
viernes, 25 de febrero de 2005, 23:58 h (CET)
A la concordia general, que es la seña de identidad más característica de la vida política vasca, se añade la sindical. No la que enfrenta a los sindicatos con la patronal o con la Administración, que uno está educado en tiempos en que aún estaba en boga la lucha de clases y el conflicto laboral, circunvalación con que el franquismo sorteaba la palabra 'huelga', era parte del paisaje, algo normal, sino la de los sindicatos entre sí, esa argamasa de la unidad.

Osakidetza alcanzó ayer un acuerdo de condiciones laborales para 2005 que incluye una Oferta Pública de Empleo de 3.000 a 4.000 plazas, entre otras medidas. Los sindicatos firmantes, que suman el 40% de afiliación en el sector, son LAB, CC OO y UGT, y la firma del armisticio laboral ha sentado fatal al secretario general de ELA, que ha arremetido contra Osakidetza, cuyo gasto sanitario es, en contra de lo que afirma Ibarretxe, más bajo que la media española (4,3% del PIB frente al 5,03%) y no digamos frente al 7% de Francia o el 8% de Alemania; contra su antiguo aliado en lo que se llamó «la mayoría sindical», al que afeaba su alianza con Comisiones Obreras y UGT, explicando que a ELA no le gusta protestar junto a sindicatos que viven de los presupuestos del Estado, no como el suyo, que se financia con las cuotas de los afiliados. Bueno, seguramente algo también de la consejería de Trabajo, pero los presupuestos de la comunidad autónoma no son los presupuestos del Estado ¿o sí?

Éstos son los detalles que hacen más sórdida la lucha sindical que la política. Nadie se imagina al secretario o presidente de un partido político reprochar a los demás que ellos se financian con las cuotas de los militantes, no como otros.

Miren que tuvo paciencia Elorrieta, que aguantó la unidad sindical con LAB mientras ETA asesinaba a afiliados suyos sin que su socio lo condenase, pero hay hechos que harían un insurgente del santo Job. Pactar la paz por separado en medio de una huelga, un Santoña laboral y en compañía de españoles. Francamente (dicho sea sin ánimo de señalar) no sé adónde vamos a llegar.

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