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Opinión

Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Versiones fascinantes

Los comportamientos complejos se desdibujan en una serie de esquemas falseados por los intereses ocultos
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 28 de mayo de 2011, 22:00 h (CET)
No sé porqué, o quizá sí; pero la realidad nos ilustra sobre la profusa tendencia que tenemos a rodearnos de AUREOLAS magníficas. Esa tendencia nos conduce muchas veces a la confusión, sobre todo si tomamos el dibujo adornado con la aureola como auténtica realidad; luego, esta nos despierta de la ensoñación, los hechos no resultan acordes con los coloridos propuestos. Así, observamos las teorías casi místicas sobre la Paz, llevadas a la práctica a base de asesinatos; al primer derecho humano grandilocuente, reducido a ejecuciones crueles, abortos o hambrunas; a las democracias, vilipendiadas por el uso abusivo de su funcionamiento. En suma, que las declaraciones relumbrantes se pierden en el halo de las aureolas, mientras se reproducen las iniquidades.

El acceso de cada persona a su versión auténtica transcurre por las vías sencillas. Los comportamientos complejos se desdibujan en una serie de esquemas falseados por los intereses ocultos. En una primera aproximación, pasaré a contarles una de mis experiencias recientes, de ayer mismo, primaveral a todo trance. Inicié mi paseo con las primeras luces mañaneras, a la vera del recorrido del río Bayas. Me acompañaba una SINFONÍA inigualable y con las colaboraciones musicales más insospechadas. Trinos de todos los matices, cortos o prolongados, agrupados o independientes; en una ferviente y sana competición. Timbres alarmistas, jolgorios de pura vitalidad; así como entusiasmos líricos lanzados al aire. Un gran número de ejecutantes, con grillos de acompañamiento y también con el compás altisonante del búho rezagado. Las aguas contribuían con su apresurado deslizamiento en un agradable sonido de fondo. La colaboración instrumental se mostraba con total espontaneidad. Ni presupuestos ni zarandajas ensombrecían la estupenda manifestación de vitalidad. Los sonidos arrullaban al paseante como si de un bebé se tratara; las pisadas debían atenuarse para no interrumpir el deleite.

Impresiona, sí, esa colaboración plena de cuantos elementos se agregaron al mencionado ámbito de la cuenca fluvial. Aquellos que pudieran parecernos menos activos, se erigieron también en elementos básicos para el espectáculo. El ARBOLADO se posiciona como un elemento mágico, de una actividad un tanto misteriosa. Sus ramas rozan con el viento y emiten un suave sonido de fondo que no distorsiona los efectos de los solistas mencionados. Los hayedos, los robles y los pinares, dibujan sus coloridos, en un paradisíaco alarde de verdores, ampliados por el sotobosque en plena erupción primaveral. Las tímidas hierbas afloran, amortiguando los rumores de mayor brusquedad. La fijeza física de los representantes vegetales disfruta de un singular ensamblaje con el resto.

En la ciudad, lo artificioso de las construcciones nos desplaza de la realidad; eso sí, de una manera sutil y rotunda a la vez. Si bien son reales, relegan a segundo plano la existencia previa de la Naturaleza (Algo patente en los derrumbes sísmicos recientes). En determinados momentos parece que hayamos perdido el sentido de la primera realidad natural; no sólo eso, la despreciamos y maltratamos con numerosas actividades. Esas desviaciones realzan las PRESENCIAS MONTAÑOSAS de la experiencia que les relato. Desde la cumbre majestuosa del Gorbea a sus diferentes estribaciones, se imponen como un recuerdo constante del soporte en que nos asentamos. Las conductas presuntuosas o los orgullos fatuos, se notan empequeñecidos por el entorno que les dibujo. Se trata de una completa actualización existencial obtenida a poco coste.

En la misma zona de referencia, se encuentra el “Menhir de Arlobi”, sito en una explanada visible desde los montes vecinos; se vislumbran en la lejanía otras explanadas con menhires aún conservados. Se intuyen en ellos lugares de convocatoria para las actividades grupales. Estos parajes apuntan al acompañamiento entre los habitantes del área geográfica, con el acceso a lugares como estos, propicios para las deliberaciones comunitarias, a las que acudirían probablemente a caballo. Quizá vivimos en tiempos en los que la COMPAÑÍA y los ENCUENTROS son menos valorados; se practican con una fugacidad y frivolidad en alza. La versión primaveral de hoy nos abre los ojos a un boceto de concordancias, las presencias naturales en una armonía libre de chifladuras; la fascinación deriva de su tralante creativo y multicolor. Una auténtica celebración.

Las siluetas entrañables de este marco excepcional u otros semejantes, le mantienen al visitante en trance; las premuras habituales pierden aquí sus urgencias, el curso de las relaciones goza de la limpieza de los gestos, sin ataduras artificiosas. El “sendero de la belleza” queda bien dispuesto y al alcance de quienes deseen verlo. Resulta verosímil que dicha percepción pueda trasladarse hacia el terreno de las conductas humanas; si no alejadas del mundanal despropósito, sí, al menos, recobrando algún vestigio de las aportaciones naturales. Se convertiría así en un sendero que necesitamos, el de las mejores cualidades, como describía con elegancia La Farge en su “Muchacho risueño”; atraído por las maneras de los indios navajos para afrontar la vida. Sería bueno que no se apreciaran como tan desplazadas en el tiempo actitudes como estas. La sensibilidad es apropiada para las apuradas versiones modernas que tanto nos acucian.

Las explicaciones grandiosas recluyen sus fundamentos en las hondonadas inalcanzables; apenas se intuyen. Ante las presencias naturales en pleno apogeo, el conocimiento se relega a planos secundarios, se detiene en las expresiones, le cuesta ir más allá. Los misterios se ubican en dichos fondos, huyen, a lo sumo nos muestran leves indicios de sus esencias. ¿Quién afirma que los misterios han de conocerse a fondo? Esa pretensión no pasa de ser una ilusión infundada. El DISEÑO VITAL personal exige mucha atención para el buen enfoque de su talante, precisa un “sendero” trazado en torno a las mejores cualidades. Se obstruye por la pretendida solidez de las grandes afirmaciones. Estas suelen fraguarse con muchas trapisondas de las gentes dominadoras. El proyecto vital es de cada uno, no es delegable. La realidad de los misterios no invalida los brotes individuales. La naturalidad es un viejo concepto que maltratamos con frecuencia; y quizá dependa del mismo la trayectoria satisfactoria de nuestras vidas.

Desde las cumbres se observa bien el valor de los tamaños; en la lejanía se aprecia el carácter minúsculo de quienes se consideran figuras de relumbrón. Ciudades enteras se reducen a dibujos informes. La renovada sonoridad y los paisajes, ponen en su sitio los papeles de cada cual en su representación. Grandes y pequeños demuestran sus características peculiares sin suplantaciones ni atropellos. Sí que resulta importante aquello de pequeños o grandes, pero según los INTERIORES de cada ser vivo, las apariencias no definen el verdadero valor. No es cuestión de mediciones enrevesadas, son vivencias personales con repercusiones sociales, eso es de tener en cuenta. La Farge también reflejaba circunstancias como estas, las personas que son “pequeñas por dentro” abdican de sus capacidades, se vuelven mezquinos y maliciosos; eligen senderos inapropiados. Cuando uno acaba sus actuaciones por el buen camino, consigue la “belleza de terminación”. Comienzo, curso y final, por la senda de la naturalidad. Si no mejoran esto, ¿Para qué los artificios?

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