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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Mortadelo y Filemón’ de Francisco Ibáñez. Edición especial Coleccionista

Todo un lujo
Herme Cerezo
viernes, 27 de mayo de 2011, 07:17 h (CET)


Portada del Tomo 1

Corría el año 1958 cuando en el tebeo ‘Pulgarcito’ comenzó a publicarse la serie que más éxito, sin duda ninguna, ha alcanzado en la historia del cómic español. A finales de 1957, su creador, Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) que, durante muchos años fue empleado de banca, presentó a los responsables de Editorial Bruguera una serie de bocetos pensados para una nueva historieta que se proponía poner en marcha: ‘Mortadelo y Filemón. Agencia de Información’.

Tras varios tiras y aflojas, propuestas y contrapropuestas, dimes y diretes, se perfilaron definitivamente los rasgos de los personajes que intervendrían en la misma. Se trataba de una pareja de detectives, que constituía un remake de Sherlock Holmes y el Dr. Watson, nacidos ambos de la pluma del escritor británico Sir Arthur Conan Doyle. Filemón, que fumaba una cachimba, se perfilaba con un sombrerito ridículo, pajarita y chaqueta. Su subordinado, Mortadelo, vestía de negro riguroso y utilizaba un sombrero tipo bombín pero mucho más alargado. De su interior, Mortadelo extraería los disfraces que iría vistiendo en función de lo que las circunstancias requiriesen. Como detectives, formaban una pareja de sabuesos muy sui generis, ya que su manera de resolver los casos, si es que así puede decirse, era fortuita, torpe y tosca. En ocasiones, la última viñeta se reservaba para que Filemón persiguiese a Mortadelo y le arrojase todo tipo de objetos que vinieran al caso, ya que como buen jefe siempre achacaba los fracasos profesionales a su ayudante.

A lo largo de sus cincuenta años de existencia, el aspecto físico de las dos criaturas ha evolucionado, sin que ello implique envejecimiento. Filemón perdió la cachimba y el sombrerito; su pantalón y su chaqueta se transformaron en un traje de color rojo; y su nariz, bastante prolongada en origen, se acortó considerablemente. Mortadelo, por su parte, ratificó el color negro de su indumentaria y dejó de utilizar el bombín como baúl de disfraces. El cambio de vestimenta, si el guión lo requería, se efectuaba de modo automático, sin más preámbulos. Había que ganar espacio y dotar de mayor dinamismo a la serie.

Mortadelo y Filemón se abrieron paso, imparables, en las publicaciones de Bruguera. Fue un avance constante y seguro, y pronto, sus aventuras, tal vez debería escribir desventuras, se esparcieron por otra revista de la misma editorial: el ‘Tío Vivo’. En el año 1969, apareció su primer álbum, titulado: ‘El sulfato atómico’. En él, los dos personajes, ya no son autónomos – su Agencia de Información ha desaparecido – y se presentan como los dos agentes “más perspicaces” de la T.I.A. una organización de máxima seguridad nacional, cuyas siglas responden a Técnicos de Investigación Aeroterráquea. Surgen también ahora los personajes secundarios, como Vicente, el Superintendente, y el Doctor Bacterio, un científico chapucero, que darán mucho juego a nuestros héroes a partir de este instante. Más adelante se les sumará Ofelia, la secretaria del Súper. La publicación de las sucesivas entregas (‘Chapeau el Esmirriau’, ‘El caso del bacalao’, ‘Safari callejero’, etcétera) no hará sino incrementar la popularidad de estos agentes secretos y su presencia resultará ya imprescindible en la mayoría de publicaciones de Bruguera a las que, frecuentemente, prestarán su propio nombre: ‘Mortadelo’, ‘Gran Mortadelo’, ‘Gran Pulgarcito’, ‘Súper Mortadelo’, ‘Mortadelo Gigante’, ‘Mortadelo Extra’ y ‘Bruguelandia’. Después llegó la edición en el extranjero (en Alemania consiguieron vender más ejemplares que los galos Astérix y Obélix) y su salto a la gran pantalla, pasando por el mundo publicitario, el de los espectáculos musicales y el de los juegos para ordenador.

¿Dónde ha podido radicar el éxito de esta pareja? Indudablemente en tres puntos esenciales. De un lado, la enorme capacidad de trabajo de Francisco Ibáñez, dispuesto a entregar, si era menester, hasta veinte páginas distintas cada semana, mientras otros colegas dibujaban seis u ocho, que ya era mucho. De otro, la indudable facilidad del dibujante catalán para pergeñar gags sin reposo, uno tras otro. Cada nuevo recuadro, cada esquina de una viñeta constituyen invitaciones tácitas a la carcajada del lector. Y, finalmente, la ductilidad de los personajes para adaptarse a distintas épocas y desarrollarlas humorística y gráficamente.

Sin embargo, tan fructífera y exitosa carrera, no se ha visto suficientemente reconocida en forma de premios. Una circunstancia inexplicable. En toda su trayectoria, Ibáñez o Mortadelo y Filemón, sólo han sido galardonados en dos ocasiones: la primera, en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, año 1994, y la segunda en el año 2002, cuando se les otorgó el premio del Mérito a las Bellas Artes. Por supuesto, tan cortos galardones no van a enturbiar un ápice la ejemplar trayectoria de la serie, porque a fin de cuentas, como ha declarado recientemente el propio autor, lo que importa es el reconocimiento del público, “esa gente amabilísima que me trae los álbumes para que se los firme. Los otros premios me tienen sin cuidado”. Sin duda, Mortadelo y Filemón es un rotundo triunfo del boca a oreja.

Precisamente ahora que su creador ha cumplido los setenta y cinco años y sus criaturas más de cincuenta, Signo Editores acaba de sacar al mercado una edición especial para coleccionistas que consta de diez volúmenes y más de tres mil páginas en total, un auténtico dispendio de color y calidad de imagen. La colección arranca desde los primeros tiempos de Mortadelo y Filemón, hasta los actuales, pasando por las historietas de una página, las de doble página, los álbumes y las mejores portadas de las publicaciones que albergaron sus correrías.

La edición, que es numerada, incluye en cada volumen comentarios, extensos y detallados, de Antoni Guiral, el historiador del cómic español que mejor conoce, sin duda, la idiosincrasia y la trayectoria de Editorial Bruguera y de todos los artistas que en ella trabajaron.

Los volúmenes

Tomo 1: La evolución de Mortadelo y Filemón’ (recopilación de historietas publicadas entre 1958 y 1969).

Tomo 2: ‘Las primeras aventuras largas’ (la aparición de los álbumes).

Tomo 3: ‘Entre villanos e inventos enloquecedores’ (Mortadelo y Filemón en el mundo de la mafia criminal)

Tomo 4: ‘Mundiales de Fútbol’ (Los agentes de la T.I.A. en las Olimpiadas y los Campeonatos Mundiales de Fútbol).

Tomo 5: ‘Un éxito que cruza fronteras’ (Mortadelo y Filemón en países extranjeros).

Tomo 6: ‘Adaptándose a la actualidad’ (la realidad social y política de España reflejada en Mortadelo y Filemón).

Tomo 7: ‘En el Libro Guinness de los disfraces’ (historietas donde la versatilidad para el camuflaje de Mortadelo queda bien patente).

Tomo 8: ‘Mortadelo y Filemón en la intimidad’ (aspectos poco conocidos de nuestros héroes).

Tomo 9: ‘En un lugar del a Mancha’ (una muy particular visión de Don Quijote de la Mancha. Incluye un repaso crítico a la especulación inmobiliaria).

Tomo 10: ‘Las mejores portadas’ (antología de las portadas realizadas por Ibáñez y que tienen a Mortadelo y Filemón como protagonistas).

La colección, que se presenta en un cofre rotulado con viñetas de los personajes, incluye fichas técnicas documentales y textos destacados, así como diez posters con las claves gráficas de la serie. Cada volumen está encuadernado en tapa dura y con sobrecubierta desplegable. Sin duda es la edición más lujosa y cuidada de Mortadelo y Filemón aparecida hasta la fecha. No admite parangón.

Que la disfruten, mis improbables.

‘Mortadelo y Filemón’ de Francisco Ibáñez. Edición Coleccionista.
Signo Editores, abril, 2011
10 volúmenes encuadernados con tapa dura; 3000 páginas a todo color.

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