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Basura en la salita

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 24 de febrero de 2005, 23:17 h (CET)
El Comité de Sabios ha emitido por fin el informe que al principio de la legislatura les demandó Rodríguez Zapatero. Si sus conclusiones son llevadas a la práctica tendremos una televisión pública que, ahora sí, estará al servicio de la ciudadanía y no al del Gobierno de turno como hasta la fecha ha venido sucediendo. En unos casos más que en otros. Ayer encontré a un amigo al que hacia tiempo no veía y me dijo que desde hacía más de un año no tenia televisión en casa con lo que consideraba había ganado en calidad de vida ya que de nuevo había vuelto a los libros y a escuchar la música que le apetecía. La verdad es que con la entronización del televisor en nuestras salitas quedaron arrinconadas muchas otras diversiones, entre ellas la lectura o la conversación entre los miembros de la familia. El resplandor de los tubos catódicos viene embotando nuestras mentes desde hace tiempo.

Es paradójico que mientras en cualquier encuesta todo el mundo, cual fiscal Fungariño , se declara espectador habitual de las series sobre la vida animal emitidas por la segunda cadena los índices de audiencia desmientan tales aseveraciones. Aquí lo que prima es el morbo, el griterio y la desvergüenza. Quizás nos hace falta ver como se despellejan las viejas amantes de cualquier pelagatos para reafirmarnos en lo buenos que somos nosotros. O observar con suma atención las historias de cama de cualquier desvergonzada o desvergonzado para aprender el camino del éxito fácil y la fama a cualquier precio. Tómbolas, Grandes Hermanos, Selvas, Marcianos nocturnos y un largo etcétera de esa prensa mal llamada del corazón, más bien tratan de la vagina que del músculo cordial, vienen alimentado nuestra parte más oscura y sirviendo de mal ejemplo para los más jóvenes.

Por eso creo que no es correcto culpar tan sólo a los programadores de esta televisión basura que nos sirven diariamente. Los espectadores también somos culpables de ello, nadie nos obliga a ver la televisión y con darle al botón correspondiente del mando a distancia podemos alejar de nosotros una programación que hiede a estercolero, pero a veces, con perdón, nos gusta revolcarnos en la mierda ajena. Los niños de mi generación crecimos enamorados de Marisol, eterna niña prodigio, a la que , después se ha sabido, disimulaban sus incipientes pechos para seguir explotándola como les interesaba, con la imagen de tierna y cándida niñita. Ahora es todo lo contrario. Como canta Sabina “las niñas ya no quieren ser princesas”, ahora quieren ser famosas, alentadas por sus padres, y salir en la televisión disfrazadas, maquilladas y coloreadas como cualquiera de las seudo famosas a las que tratan de emular. Con decir que una niña de nueve años ha escrito una canción donde toda su aspiración es “antes muerta que sencilla”no hay que decir más. Mal ejemplo estamos dejando para las generaciones que ahora están creciendo haciéndoles saber que el estudio y el esfuerzo no les servirán para esa efímera fama televisiva que tan sólo es alcanzable saltando de camastro en camastro.La pena es que aunque tengamos una televisión pública al servicio de los ciudadanos y la cultura el resto de emisoras seguirán vomitando la misma programación y no tendremos excusa, todos seremos culpables mientras esos programas lideren los índices de audiencia.

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