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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Asaltos de “indignados” y barricadas en Melilla

Las elecciones de 22 de mayo han eclipsado cualquier otro acontecimiento mediático
Miguel Massanet
jueves, 26 de mayo de 2011, 06:58 h (CET)
Napoleón Bonaparte, en sus “Pensamientos”, hacía el siguiente comentario: “En toda revolución hay dos clases de personas: las que la hacen y las que se aprovechan de ella”. No podemos ocultar, por mucho que la importancia de las pasadas elecciones de 22 de mayo hayan eclipsado, prácticamente, cualquier otro acontecimiento mediático que, en España, precisamente unos pocos días antes de la celebración de los comicios, en varias ciudades importantes, especialmente en Madrid y, más concretamente, en la Puerta del Sol, unos grupos de antisistema se manifestaron, ocuparon los espacios públicos y se constituyeron en asamblea permanente, en protesta contra lo que ellos llaman el “sistema” o sea de la forma democrática de gobierno de la que nos dotamos los españoles por medio de la Constitución de 1978.

Es posible que algunos pensaran que, una vez que los españoles, mayoritariamente, expresaran su parecer por medio de las urnas, estos corpúsculos que parece que se han ido extendiendo por algunos lugares de la piel de toro, desaparecerían, se esfumarían y dejarían de incordiar a los ciudadanos a los que con su presencia, con sus actuaciones, con el estruendo de sus altavoces y con sus excesos oratorios, les han venido perturbando en el ejercicio de sus labores cotidianas, les ha entorpecido el ejercicio de sus actividades y, por si ello no bastara, les han venido perjudicando económicamente, de modo que, muchos de los comerciantes de la Puerta del Sol, han sufrido importantes pérdidas en sus ventas, que han supuesto de entre un 50 a un 70% de sus recaudaciones habituales.

Pero, como suele suceder en este tipo de algaradas, no todo es oro lo que reluce y estos “apacibles muchachos” estos pacíficos ciudadanos que ocuparon la plaza reclamando trabajo, algo que, en un principio, mereció la simpatía de muchos ciudadanos; a medida que ha transcurrido el tiempo han ido demostrando que detrás de aquella pantalla de protesta cívica se escondían los tentáculos de organizaciones más extremistas, connotaciones filocomunistas y participaciones de ciertos sectores de la llamada “progresía”, afines a determinados partidos políticos de extrema izquierda que han dejado patente, a través de sus manifiestos anarquistas, que debajo de la piel de cordero se escondían otros intereses inconfesables, mediante los cuales se pretendía socavar la democracia española. Sirva de ejemplo, al respecto, un asalto de estos “indignados” a una emisora de radio de Murcia, perpetrado por un centenar de estos activistas que lograron interrumpir la emisión de la televisión autonómica 7RM. En presencia del director de antena Adolfo Fernández y el de informativos, Francisco Martínez Campos, se subieron a las mesas de la redacción y leyeron un manifiesto en el que se acusaba a la emisora de “manipular” y “explotar” a los trabajadores. Tuvo que intervenir la Guardia Civil para conseguir desalojarlos. Una violación flagrante de un local privado.

No queda más remedio que preguntarse, a la vista de la pasividad de las Delegaciones del Gobierno; de la aparente apatía del señor Rubalcaba, hoy por hoy ministro de Interior, y de sus lamentables palabras, con las que, antes de la elecciones, pretendió justificar su negativa a desalojar la concentración ilegal de la Puerta del Sol, escudándose en la teoría del mal menor con la que pasó por alto el cumplimiento de las leyes vigentes en materia de las ocupaciones ilegales de los espacios públicos, sin tener en cuenta el perjuicio accesorio que tal suceso les podría causar a los vecinos de aquella zona; ¿estaba el señor Rubalcaba actuando como ministro de Interior o, simplemente, lo que hizo fue una dejación de sus responsabilidades como titular del ministerio, por el solo hecho de que al partido socialista no le interesaba, en vísperas de unos comicios, el tener que afrontar ante la ciudadanía la responsabilidad de una acción policíaca con todas las consecuencias de toda índole que se hubieran podido derivar de ella?

Lo curioso es que hecho patente su protesta, habiendo alcanzado la notoriedad y publicidad que se habían propuesto y pasado el auge transitorio mediático, no parece que estos señores estén dispuestos a abandonar sus emplazamientos y dar por concluida una protesta que, si en un principio podía tener una cierta simpatía de los ciudadanos, es evidente que, al empecinarse en su actitud ilegal y en imponer a las mayorías su filosofía minoritaria, ha quedado deslegitimada por el efecto de los resultados electorales que han avalado, mayoritariamente ( yo diría que abrumadoramente) un cambio de política que nada tiene que ver con los postulados que estas minorías asamblearias nos han pretendido imponer. Lo que está ocurriendo es que, cada día que pasa, nos entra la sospecha de que, a diferencia de la sensación de improvisación que nos produjo al principio este movimiento de los “indignados”, detrás de él existen intereses partidistas o movimientos relacionados con la anti-globalización que, valiéndose de la debilidad del actual gobierno de España, esperan encontrar terreno abonado para sembrar las semillas de la discordia en un intento de movilizar a los casi cinco millones de parados que nos ha traído el señor Rodríguez Zapatero con su descoyuntada y desastrosa política económica arrastrada a través de sus dos legislaturas.

Pero prestemos atención a otro punto candente, que podemos centrar en los acontecimientos que estos días, a partir del día 22 de mayo, se están produciendo en la ciudad autónoma de Melilla. Esta población española del norte de África, foco de las apetencias del rey de Marruecos, Mohamed VI, está siempre en el ojo de huracán y viene siendo motivo de preocupación para los españoles, que vemos como flaquea la firmeza del Gobierno en cuanto se trata de dejar bien claro que no se va a consentir que, por parte del gobierno alauita, se cometan actos agresivos, se levanten calumnias o se provoquen incidentes que pudieran poner en peligro nuestra soberanía en aquella parte de nuestro territorio patrio. Así vemos que, cuando no se producen incidentes fronterizos o provocaciones desde la parte marroquí de la frontera, se ponen en funcionamiento mecanismos para soliviantar a la población musulmana residente en Melilla para que se movilicen, monten barricadas, profieran insultos y apedreen a los ciudadanos españoles sin que, hasta la fecha, el Gobierno hay reaccionado, quizá por miedo a tener que enfrentarse a un conflicto con el rey de Marruecos.

El argumento, absurdo, esgrimido por los insurrectos de la Cañada de Hidum, no es otro que el hecho de que, por enésima vez, haya ganado las elecciones la candidatura del Partido Popular; de modo que su oferta alternativa, Coalición por Melilla, ha quedado en una postura desairada. No creemos que todo se reduzca a un mal perder o al despecho el hecho de que hayan reaccionado, violentamente, con brutales agresiones a viandantes, quemando de coches y atacando a un conductor de una camioneta, al que dieron el alto y después le propinaron una paliza. Más bien pienso que se trata de una combinación, fomentada por Rabat, en un intento de convertir a Melilla en blanco de los revolucionarios que se han apoderado de los principales países africanos ribereños con el mar Mediterráneo; aquellos a los que, el Gobierno español, tanto ha protegido, sin apercibirse de que, detrás de toda esta revolución están aquellos países islamistas que, como Irán y Palestina, buscan establecer en toda la región, estados teocráticos, desde los cuales puedan amenazar aquellos territorios que ellos consideran que deben formar parte de sus dominios, como, por ejemplo El Andaluz (España). Otro frente ante el cual la inoperancia del gobierno socialista se siente inerme. O esto es lo que yo opino.

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