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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Nadie compra esperanza

Los barones del PSOE, como podencos por un hueso, se enzarzan en una feroz rebatiña por el poder
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 26 de mayo de 2011, 06:58 h (CET)
Ya lo decía Publio Terencio allá por el segundo siglo de nuestra Era: Spem nemo emit (Nadie compra –o puede comprar- esperanza). Ninguna religión puede vender esperanza, por no ser ninguna de las virtudes oficiales, y, en consecuencia, ningún mortal comprarla, tal vez porque es la más diminuta e imperceptible de todas las probidades (la única que salió de la Caja de Pandora cuando esta bella estúpida la abrió y liberó a todos los males sobre el mundo), pero la más poderosa de todas ellas, pues que es por la esperanza por la que los hombres resisten las mayores pruebas.

La ausencia absoluta de la esperanza es la soberbia, el mayor de los pecados, porque en su delirio el soberbio considera que ya lo tiene todo y que no precisa de nada ni de nadie. El PSOE, en este sentido, es un partido descompuesto por la soberbia y, por su propia arrogancia, incapaz de comprender nada. Y cuando digo partido, meto en el saco también el gato de los partidarios. El PSOE no ha comprendido nada de lo que ha pasado en las elecciones, nada de lo que le ha acontecido a sí mismo en las urnas el pasado día 22M, ni nada de lo que los españoles le han gritado con sus votos y con sus no-votos, porque la soberbia lo entontece, la soberbia lo ciega y la soberbia lo hace creer que son los demás los que están equivocados, ¡pobres!, la crisis es la que tiene la culpa, las circunstancias las que se han conchabado en su contra o que ha sido el hado el que se ha mostrado adverso. Todo, todo tiene la culpa, menos ellos. Incluso los votantes tienen la culpa por ser tan ignorantes. Y, así, henchidos de soberbia y chulería apostólica, vagan por los programas televisivos con el mentón muy alto, echando la culpa de sus males al Santo Misterio y declarándose inocentes como mamones recién nacidos, puros en su pureza ideológica y víctimas de las ultraderechas criminales que han elevado junto con el destino este Gólgota para su martirio. Nada: no han comprendido nada, ni una sola palabra.

Tan afanados estaban en el trinca-cuanto-puedas, coloca-a-tu-peña-a-la-teta-del-estado, vive como un maharajá a costa del Erario y chupa, limpia y da esplendor, entretanto España languidecía entre ridículas leyes promulgadas por ridículas señorías (sin formación ni saber siquiera hablar con una mínima corrección), descuartizándose entre la quiebra económica, la corrupción galopante en todos los ámbitos del Estado, el desempleo de 5 millones de conciudadanos y más de 7 en un vergonzoso infraempleo, y entretanto desde el poder se alentaban a los enemigos de España usándolos como aliados y proveyéndolos de haberes y derechos que es posible que cuesten la disolución de España como Estado soberano, que ninguno de estos vivales ha tenido oídos para escuchar el clamor de la ciudadanía ni entendimiento para comprender que se había ido la olla al conjunto sociata. Cosa que un servidor comparte con ellos, porque dudo que alguna vez el PSOE la haya tenido, ya que el acabose de Zapatero y su cohorte de frikis no ha sido sino el continuose de Felipe González y su cohorte de frikis, quien fueron fundadores del desmadre generalizado que como país nos desconcierta. Aquellos son los polvos que trajeron estos lodos, por más que den asquito estos puches que aún inundan con sus excrecencias el poder.

Pues como digo, a pesar del desmadre generalizado del Estado, de la quiebra económica, de la conculcación sistemática de derechos civiles por parte de las “menistras” y esa peña, de los parados e infraempleados, de la corrupción institucionalizada, del descuartizamiento político de España, del atentado permanente contra la vida en todas sus manifestaciones, del enfrentamiento promocionado entre los españoles, de la violenta apertura forzada de heridas cerradas, de su revanchismo y conducta antidemocrática (Pactos del Tinel), ni una voz, ni una sólo, se levantó de entre todos los militantes de este infausto PSOE hacia su propio partido, sino que todas ellas, a coro, alentaron y protegieron a los crápulas, golfos y pillos que ocupaban cargos en el propio partido o por designación aúlica en el Estado, deshaciéndose en halagos, cerrando filas ante los que los acusaban con toda suerte de pruebas de chanchullismo, de crapulismo, de chiringuiteo, de inoperancia, de inutilidad, de frivolidad, de derroche, de trica-cuanto-puedas, de tramposos, de vivales, de chulos… Ni una voz, ni una sola, se elevó de entre los militantes socialistas clamando por la continua barbarie, mientras una España sucumbía en la miseria, otra España era encadenada legalmente a aberraciones legales y a estupideces legaloides, y otra España más se forraba el hígado en base a trampas, se hacían más ricos los ricos, los tramposos y los especuladores. No; ni oyeron ni quisieron oír el clamor de la ciudadanía, sino que apretaron filas junto al jefe, a ese mufa Zapatero, a la vez que ponían el cazo para ver qué caía, porque algunas Romas sí que pagan a los traidores. Y cayó tanto que cayeron todos, se dieron el guachapazo padre, la gran morrada. No; no han sido derrotados en las elecciones porque el PP no ha ganado, sino que ha perdido solito el PSOE. Desde que la democracia está establecida tramposamente en España con esa chanchullo de pillos que se reparten el botín que es la Ley de D´Hont, aquí nadie gana las elecciones, sino que las pierde algún otro; aquí nadie vota a favor de alguien, sino contra alguno, ya lo dije en “Sangre Azul (El Club)” hace diez años nada más, aunque ya haya calado y algunos en estos días lo cacareen.

La soberbia es el más terrible de todos los pecados imaginables porque hace ciego al vidente, estúpido al inteligente y vuelve loco al cuerdo, y, como no podía ser de otro modo, afectado el PSOE y sus barones por este Mal ya endémico en sus naturalezas, dicen ahora que la culpa de la debacle sufrida en las elecciones (mucho menor de lo que algunos les deseábamos, palabra), resulta que la tiene Zapatero y que es preciso terminar con él. Ahora sí que hablan y se quejan, y se acusan con ferocidad carnicera, porque se han quedado o se van a quedar sin teta de la que mamar, representando con inusitada veracidad lo que Espronceda describe en su Canción Desesperada: "... / Romper luego las copas / los platos, las barajas / y abiertas las navajas / buscar el corazón; / oír luego los brindis / meclados con quejidos / que lanzan los heridos / en llanto y confusión. / Me alegra oír al uno / pedir a voces vino, / mientras que su vecino / se cae en un rincón; / y que otros ya borrachos, / en trino desusado, / cantan al dios vendado / impúdica canción. / ..." Y, claro está, para estos soberbietes caballeretes ahora hay que elegir a otro zote que les ponga en el abrevadero enseguidita, corriendito, porque, según dicen, esto no puede esperar ni un minuto más. España, por lo que se ve, no sólo pudo esperar estos siete años de latrocinios, corruptelas, incompetencias, perversidades, divisiones, derroche y manguncias continuados, sino que ahora también puede y debe seguir esperando aunque se encuentre en una situación terminal como Estado, o, dicho con mayor propiedad, debe seguir esperando a que esta turba de pillos quieran por las buenas, que es decir cuando agoten el mandato, abandonar el poder, quién sabe si porque entre tanto se blindarán de haberes y derechos y harán lo propio con sus legiones de enchufados. Si poco habían dejado en las arcas e infestado el corpus nacional, esperen a que se vayan del todo en un añito más, y verán qué bien que habrán aprovechado este tiempo.

Los ciudadanos, vistos como conjunto, son gentes sencillas y minúsculas que bien pueden parecer insignificantes; pero son grandes porque tienen ingentes cantidades de esperanza. Los infaustos políticos del PSOE pueden parecer importantes debido a su colosal soberbia, pero son insignificantes porque sólo esperan y con todos sus haberes sisados no pueden comprar ni una mácula de esperanza. No es lo mismo espera que esperanza. Y, sin embargo, los que tenemos tanta esperanza, también podemos esperar, y lo hacemos contando los minutos que faltan para que estos soberbios salgan del poder y no vuelvan jamás ni a acercarse a él siquiera. Entonces, será exigible a quienes ocupen el poder, que le pasen al PSOE la minuta de sus actos y a cada barón y a cada militante la factura que le corresponde. Mientras esperamos, tomamos notas para que nuestras esperanzas se vean colmadas próximamente.

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