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Campaña de las TV catalanas. Zapatero erre que erre

“Los fanáticos tienen sus ensueños, con los que forjan un paraíso para su secta” J. Keats
Miguel Massanet
lunes, 3 de abril de 2017, 00:26 h (CET)
Se puede ser persona de ideas fijas, se puede admitir que uno tenga predilecciones destacadas que, en ocasiones, no le permitan ver con claridad la realidad e, incluso, se puede aceptar que se intente dorar con alguna inexactitud una teoría que pueda avalar un determinado comportamiento, afición o creencia; pero lo que no se puede, en ningún caso, es aceptar que el fanatismo, la radicalidad o sentimientos basados en el odio, el rencor o la visión equivocada de unas ideas, se conviertan en un intento de engañar, de tergiversar o de mentir intencionadamente, para favorecer o incitar al incumplimiento de la legalidad vigente y, aún más, si esta legalidad está amparada por la democracia.

En Cataluña ya estamos acostumbrados a que se nos quiera vender gato por liebre, porque ya son muchos los años en los que, el catalanismo intolerante, se ha ido afincando en muchos ciudadanos gracias a la propaganda, incisiva, continuada y generalizada que los medios de comunicación, los políticos, los grupos de catalanistas acérrimos y los partidos políticos partidarios de la independencia de Cataluña de España, vienen desarrollando a través del monopolio de medios de información, que han conseguido gracias a las concesiones que partidos políticos nacionales, para garantizarse la gobernación, han ido concediendo, a través de los distintos gobiernos de la nación, sin que, al respecto, podamos diferenciar entre partidos de derecha o de izquierdas porque, en ambos casos, sus dirigentes han caído en el mismo pecado: anteponer el interés partidista a las conveniencias de toda la nación.

Lo cierto es que no se puede sintonizar ninguna TV en Cataluña, especialmente si se trata de la TV3 catalana, que no tenga en antena alguno de los programas en los que tertulianos, presentadores, comentaristas o políticos no se dediquen a full time a poner a chupa de dómine a España, a su gobierno, a los partidos constitucionalistas y, en general, a todo el resto de españoles que ocupan la superficie del resto de la nación española. Los personajes encargados de defender el independentismo catalán, de argumentar respecto a los “errores” que se están cometiendo con el trato “injusto” que se dispensa a Cataluña, de lo que “roban” los españoles a los “laboriosos” ciudadanos catalanes, de las “atrocidades” que se intentan cometer, desde España, con el uso del idioma catalán y del “peligro” de que, desde el Estado español, se intentara maniobrar para intentar “acabar” con el catalán, cometiendo así la enorme ofensa a quienes, con la excusa de evitar de que aquellos suceda, han decidido hacer desaparecer de toda Cataluña, el castellano, lengua oficial del Estado español y hablada en todo el mundo por más de quinientos millones de personas; son, sin duda alguna, los que no dudan en considerarnos a todos los españoles, incluso a los que vivimos en tierras catalanas queriendo seguir siendo españoles, como un conjunto de necios, ignorantes, mal intencionados y enemigos a batir, porque están cometiendo la “gran equivocación” de pretender que Cataluña siga siendo una parte indivisible de España, que creemos que nunca ha tenido lugar la pretendida individualidad política que se vienen atribuyendo y que, los intentos de tergiversar la Historia de nuestra nación, no son más que inventos y elucubraciones de fanáticos que no saben cómo justificarse ante los que formamos el grueso de la población española.

Periodistas como el señor Cuní o la señora Rahola, junto a otros muchos que han conseguido encontrar su modus viviendi defendiendo, a capa y espada, el derecho de los catalanes a la independencia; que se auto consideran como personas entendidas en política, no tienen inconveniente alguno en hurtarles a los catalanes verdades como un puño respecto a las consecuencias que tendría para los catalanes emprender esta arriesgada aventura de independizarse de España. Omiten, una y otra vez, que como ya les han venido anunciando desde todos los foros europeos, fuera de la nación española no tendrían la más mínima posibilidad de formar parte de la Europa comunitaria; carecerían de medios para financiarse y de obtener apoyo y préstamos de los bancos europeos tales como el BCE, el BEF y el mismo FMI. Tampoco gozarían de los apoyos que han estado recibiendo, como parte de la nación española, para seguir recibiendo subvenciones y préstamos para poder ir sosteniendo, a trancas y barrancas, las instituciones; como, por ejemplo, el pago de pensiones, la asistencia sanitaria, la deuda con las farmacias y todo el resto de cuestiones que, si no fuera por el apoyo del Estado, las ayudas del FLA ( por las que no pagan ningún interés) y los miles de millones de financiación que han ido percibiendo desde hace años, es muy posible que, en estos momentos, la comunidad catalana hubiera entrado en default desde hace ya mucho tiempo.

Pero esta serie de presuntos “sabios” que nos van machacando desde las pantallas televisivas; lo mismo que periódicos, como La Vanguardia, adalid de la prensa catalana, presuntamente “moderada” infiltrada de separatistas que no desaprovechan la ocasión para tratarnos de imbéciles al resto de españoles, porque resulta que creemos en la vigencia de nuestra Constitución, en la unidad del Estado español, en la necesidad de tener un ejército fuerte para que, si llegara el caso, supiera enseñarles a estos disidentes lo equivocados que están si siguen pensando en que podrán salirse con la suya.

Y hablando de la estrella del grupo Godó, La Vanguardia, conviene recordar su especial y, sin duda, a cara de perro, campaña a muerte contra el señor Trump, que no puede toser sin que algún periodista del medio le ataque con toda su artillería. Pero han tenido un fallo cuando han incluida en su separata “Quién” a la señora Kellyanne Conway, portavoz de la Casa Blanca, a la que no dudan en calificar como “la portavoz más mentirosa del mundo”, un aserto que debieran de haber meditado bien antes de comprometerse, porque, dentro de su misma redacción, de sus propios columnistas y del partido separatista que los ha venido subvencionando, con aportaciones millonarias, para que puedan emitir La Vanguardia en catalán, CDC, hoy PDEcat, son una verdadera multitud los que superarían a esta señora en cuanto a engañar, mentir y falsear información, apelando a sus patrañas, sus mentiras y sus promesas que nunca van a poder cumplir, como son los casos citados y los del señor Mas, Homs, Junquera, Romeva, Munté, C.Forcadell y, como no, el ínclito e incansable señor Puigdemont, cuyas aventuras quijotescas por territorio de los EE.UU, meramente universitario, por supuesto, vienen sido loadas, magnificadas y exaltadas por el periódico catalán, cuando la realidad es que, como siempre que lo han intentado, sus esfuerzos para vender la secesión catalana, además de inútiles y llamados al fracaso, lo único que han logrado ha sido incurrir en el más deprimente ridículo y en un gasto demasiado oneroso para las debilitadas finanzas de la comunidad catalana que, si no fuera por la garantía del Estado español, ya haría tiempo que habrían quebrado por no poder pagar los intereses de sus calificados como “bonos basura”, imprudentemente emitidos por la Generalitat catalana.

Y aquí un breve comentario sobre otro de los seres más cenizos, si los hay, que existen en la nación española y al cual, por desgracia los españoles, debemos el encontrarnos en la delicada situación política (en cuanto a la económica, gracias al PP y a su evidente desgaste, hemos conseguido situarnos en una situación esperanzadora), en la que nos encontramos. Hablamos, naturalmente del señor Rodríguez Zapatero, el expresidente que, por desgracia, parece que sigue en la ignorancia del hecho de que, gracias a sus errores, a su incompetencia y a su cerrazón intelectual y fanatismo político, consiguió llevar al país al mismo borde de la quiebra. Sigue siendo gafe cuando ha intentado actuar de mediador en el caso perdido de Venezuela y su presidente Maduro. Lo peor es que, cuando el señor Maduro, calculando mal los efectos de una acción semejante, ha querido tentar la suerte en su ansia totalitaria, haciendo que el TSJ venezolano privase de sus derechos e inmunidad al Parlamento de Venezuela; el señor Rodríguez Zapatero, en una demostración más de que sigue en su inopia habitual, viene insistiendo en que el problema venezolano debe seguir centrado en el diálogo con el sátrapa, una opinión que parece que ya no sustenta nadie ni la misma OEA que ya parece que ha desistido de poder controlar al camionero que ocupa la dictadura comunista en el país venezolano.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, seguimos incapaces de entender cómo, en pleno siglo XXI, después de las enseñanzas de los cien últimos años de Historia de la humanidad, todavía no hayamos aprendido nada respecto a las consecuencias de estas revoluciones populares que, desde el año 1917, con la Revolución de octubre rusa, no han dejado de producir crímenes, torturas, hambrunas, pobreza y miseria que siempre, como ya es algo endémico en la humanidad, acaban agravando la situación de aquellas personas a las que, pretendidamente, se decía que se iba a ayudar. Lo mismo que ocurre en algunas naciones hispanoamericanas, como la misma Bolivia, en las que la irrupción del comunismo bolivariano no ha conseguido otra cosa que impedir su progreso, su desarrollo económico y aquellas libertades que se prometían para un indigenismo siempre sacrificado.
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