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UEFA: Arbitros vs Espectáculo

Antonio Valencia
Antonio Valencia
viernes, 25 de febrero de 2005, 01:42 h (CET)
En el partido de Champions del martes entre Real Madrid y Juventus tuvimos una nueva ración de arbitraje al estilo europeo. En esta ocasión fue el eslovaco Lubos Michel el que siguió a rajatabla el guión que aplican todos los trencillas en esta competición, y que personalmente me tiene más que harto por su excesiva permisividad.

Da la sensación de que reciben la consigna de "dejar jugar para favorecer el espectáculo". Pues bien, yo creo que sólo aplican las dos primeras palabras y se olvidan de las tres últimas, porque les cuesta bastante pitar faltas, sobre todo si son dentro del área, y ya no digamos sacar tarjetas.

Concretando sobre el partido del Bernabéu, uno se hartó de ver agarrones de Zebina, de los que muchos no eran sancionados y varios sí, eso sí, sin llegar a ver ninguna tarjeta. También Blasi se hartó de realizar faltas tácticas, cuando en el reglamento se especifica claramente la reiteración de faltas como motivo para recibir una amonestación; sin embargo, el colegiado le sacó la tarjeta por una falta por detrás a Raúl, no menos merecedora de dicho castigo.

Otra de las características del "arbitraje Champions" es que durante la primera mitad se puede hacer casi cualquier cosa, porque es muy difícil ser amonestado. Eso sí, el paso por el vestuario debe tener algún tipo de efecto sobre el árbitro, amén del físico, pues aumenta notablemente la facilidad para echarse la mano al bolsillo. Volviendo a Chamartín, dos amarillas en la primera parte (que debieron ser más del doble) y seis en la segunda (también se quedó corto).

Desde mi punto de vista, estas actitudes arbitrales son un atentado al espectáculo, y de ellas se están aprovechando los equipos que juegan al límite del reglamento, como son los equipos italianos (con la notable excepción del Milan) y equipos como el Oporto de José Mourinho, dejando en inferioridad a los que apuestan claramente por el espectáculo, tales como Real Madrid o Barcelona.

Lo más triste de todo esto es que los árbitros que pitan los grandes partidos no son capaces de sacudirse este corsé. Da igual Michel que Frisk que Meier. Sólo el gran Collina brillaba con luz propia entre tanta mediocridad, pero su condición de italiano le eliminaba de muchos grandes partidos, lo mismo que a los árbitros españoles. Tanto ningunear a nuestros colegiados, y resulta que son de lo mejor de Europa. Vivir para ver.

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