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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ese ilusionado tiempo

Inés Robledo Aguirre (Málaga)
Lectores
@DiarioSigloXXI
martes, 24 de mayo de 2011, 11:14 h (CET)
Hay un tiempo profundo donde se suceden recorridos largos y momentos de situaciones del periplo de las andaduras diarias, del resurgir de los sueños y en esa realidad se van entremezclando ilusiones y espacios que cubren los tiempos no perdidos…

El pensar es sacar provecho a esos tiempos, puesto que será lo más bello del día que, junto a la vida resuelven incógnitas y da seguridad.

Ese tiempo va entremezclado de alegría y obstáculo, pero en cada obstáculo podemos aprovechar esa oportunidad que cada persona esperaba para mejorar condiciones, ideales y cambios y, todo esto nos lleva a ese “ilusionado tiempo”. Consultado con el diccionario se recogen estas dos frases relacionadas con el tiempo: “El tiempo es la duración de las cosas sujetas a mudanzas”, por eso, es aprovechable y cambiante.

Otra reflexión más profunda es: “El tiempo tiene una significación religiosa de estrecha relación con el plan divino y la redención de sus criaturas, con preferencia fundamental del hombre”.

El tiempo no es un espacio, es la lección de la vida porque ese es el tiempo que nos lleva al reconocimiento feliz de la estela marcada por quienes nos precedieron y nos ayudan a analizar la maravilla que es la vida, el valor grande de vivirla, la transcendencia que nos ayuda en su intensidad a no perder el tiempo en el vacío porque ello supondría la pérdida de matar ilusiones y sueños.

Al vivir tiempos cambiantes, se favorece el desconcierto y la duda, pero también estos tiempos de confrontación de pensamientos son la línea recta que llegan a buen término si conseguimos que los sueños se hagan realidad, con el tesón y el esfuerzo que ello merece valdrá la pena. Nada deja de costar esfuerzo, y nada deja de tener su premio. Habrá que ayudar a anular ignorancia y error, si el hombre sueña el tiempo será rentable, si el hombre sueña su imaginación volará hasta transmitir acierto a su vuelo y brotarán raíces profundas de comprensión. Comprender al otro en su criterio, el respeto del pensamiento ajeno no compartido, de la ayuda al necesitado, de la comprensión al diálogo, de la tolerancia en las creencias religiosas –que deben ser respetadas- porque ellas contribuyen en su mayoría a edificar paz y armonía.

Las creencias también son cómplices de ese “ilusionado tiempo”, porque Dios como creador del hombre le ayuda en su reflexión para construir un mundo mejor.

Me refiero a la provocación que surgen de los enfrentamientos que hacen ofensas a prácticas de piedad que no deberían ser manifiestas, “lo que no te va, deja que otro lo practique” “lo que no compartes, déjalo para tu interioridad”. La confrontación produce pobreza de pensamiento, tristeza y mal estilo.

Sin embargo cuando el hombre piensa se recrea en ilusiones, valora el tiempo, respeta cualquier iniciativa ya respaldada, y consigue una imaginación limpia y creativa.

Cuando Antonio Machado escribió: “Cada caminante siga su camino” ya predecía que los enfrentamientos habrían de venir, pero aconsejaba en aquellos tiempos y a nuestros días “la tolerancia”.

Ese ilusionado tiempo es y debería ser el mejor soporte del hombre, no es bueno vivir sobre el vacío, no nos vaya a suceder como esta frase que recojo de San Juan Crisóstomo: “como la nave, que ha realizado muchos viajes, y ha escapado de muchas tempestades, pero en el mismo puerto choca contra una roca y se le caen por la borda todos los tesoros que guardaba; así, quién, después de muchos trabajos, no rechaza el deseo de alabanzas, naufraga en el mismo puerto”.

Si el tiempo es irreversible e irrepetible como la verdadera historia, la vivencia del propio devenir se convierte en algo, si, se sabe aprovechar las horas y los días sin perder el sentido de ese “ilusionado tiempo”.

Somos libres para hacer de nuestra libertad el uso debido, pero también la rectitud de intención nos señala el camino de la libertad interior.

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