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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

La súplica de Giuliana

Manuel Alcántara
Redacción
jueves, 24 de febrero de 2005, 23:17 h (CET)
La periodista italiana Giuliana Sgrena ha alcanzado una indeseable y brusca notoriedad. Secuestrada hace dos semanas en Irak, sus captores han divulgado un vídeo en el que aparece en actitud implorante pidiendo la retirada de las tropas italianas. «Mi vida depende de ello», ha dicho. Si su país no accede a la petición, a Giuliana la matarán y sus verdugos rodarán otro vídeo con todos los pormenores de la ejecución. El Parlamento italiano, tal como se preveía, está dispuesto a mantener allí su misión militar, al margen de lo que pueda ocurrirles a quienes cumplen su misión periodística, pero Italia y todo el mundo que llamamos civilizado se ha estremecido ante el ultimátum integrista.

Sabemos que los corresponsales de guerra son como los juglares que define el viejo diccionario Covarrubias: gentes que «llevan la vida jugada y andan a mucho peligro». Existirán mientras existan las guerras, o sea, que la estirpe no está amenazada de extinción. Unos mueren y otros se quedan sonados para el resto de sus días por haber visto morir a demasiada gente. Todos querían vivir para contarlo y para que nosotros estuviéramos bien informados y pudiéramos tener un fundado punto de vista en nuestras conversaciones de sobremesa. La invasión necesitaba cómplices. Antonio Martínez Sarrión, poeta en diván, hizo promesas antes de la agresión. Antes del «intento ilógico y borde de atacar los desiertos y gentes de Irak con el fin de quedarse con todo, y quedarse». ¿Qué puede hacer ahora el Parlamento italiano? Retirar las tropas sería suministrarle la fórmula del éxito al enemigo, al que le bastaría secuestrar a un periodista o a un diplomático para imponer sus condiciones. Aumentaría el número de cautivos transformados en monedas de cambio.

Hay muy escasas esperanzas de que los secuestradores se apiaden de Giuliana, pero es más improbable aún que lo hagan los parlamentarios. Unos no saben y otros no pueden.

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