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El valor de las imágenes

Hace tiempo que los movimientos sociales albergan buena conciencia de la extrema importancia que hoy tiene la imagen como creadora de realidades
Ana Rodríguez
lunes, 23 de mayo de 2011, 08:06 h (CET)
Durante esta semana he estado reflexionando sobre qué tema escribir la columna que semanalmente publico en este periódico. Y, en efecto, tenía algunas ideas, a saber: el descubrimiento del cine de Alain Cavalier en el ciclo programado por la Filmoteca; el impactante trabajo de Péter Forgács, documentalista húngaro cuyo trabajo con materiales domésticos de la Segunda Guerra Mundial da para amplia reflexión; o la película mejicana Año Bisiesto, que he podido ver recientemente y de la que tenía pensado escribir una crítica.

Pero muy pronto he tenido la sensación de que hay demasiada realidad ardiendo estos días en las plazas de nuestro territorio –y de territorios vecinos-, y de que existe una narrativa y un desarrollo visual demasiado valiosos como para no pararse a pensar sobre ellos. ¿Cuál es, me pregunto, entonces, el papel o el valor de las imágenes en el contexto de protesta que viene dándose desde el 15 de Mayo en relación a las próximas elecciones del día 22?
Son muchos los elementos a tener en cuenta para intentar dar respuesta a esa pregunta, muchos los antecedentes (el movimiento antiglobalización que despuntó en Seattle en el año 1999), los colectivos de diversa índole de trabajo perseverante, la coyuntura de crisis económica y penuria laboral y, por supuesto, el contexto reciente de revoluciones en el mundo árabe y las congregaciones ciudadanas en las plazas centrales de las ciudades.

Es la imagen del epicentro de una vibración, que se asienta en el lugar emblemático de una ciudad, recuperando –simbólica o literalmente- el espacio del pueblo para sí mismo. Como un reguero de pólvora, o como un fuego simpatizándose por el limbo de los media, no solo el discurso de cambio transita de forma diferenciada a través de las naciones, también su visualización, su puesta en escena.

Las concentraciones en Puerta del Sol o Plaza Cataluña dialogan directamente con las imágenes de la victoria popular que desde el mundo árabe han llegado a través de medios y de ese sistema nervioso colectivo llamado redes sociales.

Redes que se llenan de imágenes que subvierten, desde lo visual, el punto de vista vertical de los medios de comunicación, para dar cabida a una pluralidad de representaciones de la protesta, ya no solo en cuestión de formatos (de los móviles al HD), sino en el plano de la documentación del escenario y de los hechos: desde imágenes “íntimas” que hablan de la experiencia personal vivida en estas concentraciones a imágenes de salvaguarda como las de la cámara que emite en streaming desde puerta del Sol para ese improvisado canal de televisión llamado Sol Tv, que pretende que nada quede sin documentar, que nada quede sin ver.

Hace tiempo que los movimientos sociales albergan buena conciencia de la extrema importancia que hoy tiene la imagen como creadora de realidades, como valedora de verdades, porque como sabemos a raíz de la muerte de Bin Laden, aquello que no se ve, se duda de que exista. Por ello se generan imágenes-prueba, imágenes-testimonio.
Circulan así, en estos días, un cúmulo de imágenes de sentido múltiple: algunas de ellas vienen del interior de las protestas mientras que otras son grabadas desde el exterior, desde los medios nacionales y extranjeros, porque parece ser que el audiovisual de la “revolución”- no creo que lo que está sucediendo tenga por el momento esa entidad- vende.

La multitudinaria presencia de medios genera, como “efecto colateral”, un sobredimensionamiento del fenómeno real, del que aún es difícil evaluar su impacto social, más allá de su actual energía –irrebatible- y de su capacidad de autosituarse referencialmente respecto a otras revoluciones recientes, quizás más en el terreno de la forma –de la imagen- que del verdadero calado o potencial transformador de su fondo.

En el pasado hemos aprendido que ni los desastres ecológicos ni siquiera la corrupción han sido garantes del viraje del voto, porque hay una idea generalizada de que no importan las cuestiones éticas, solo las económicas. Bien. Parece que hemos llegado a un punto en el que la economía se ha vuelto tan triste y precaria que lo que queda es pugnar por recuperar un sentido de la justicia y de la dignidad, incluido el de la democracia.

Y para ello es necesario, entre muchos otros, el trabajo de desarticulación del universo mediático, el análisis de las imágenes que construyen –como si nada y a diario- una realidad de sociedad concreta y cerrada. El mundo hoy se erige mucho más a través de la imagen que de la palabra, y es necesario desconfiar, efectivamente, de las imágenes vistas y de las no vistas.

Porque es necesario recuperar, así como el valor y la dignidad de la democracia, el valor y la dignidad de las imágenes con las que contamos y entendemos el mundo.

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