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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Políticos no matéis la esperanza

La llamada generación perdida se lanza a la calle
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 22 de mayo de 2011, 01:59 h (CET)
La campaña electoral llegaba a su ecuador en medio de una total atonía y aburrimiento, teníamos más de lo de siempre con todos los aspirantes a seguir calentado poltronas aburriendo al personal con peroratas insulsas, promesas que nunca cumplirán y compitiendo para ver quien se lleva el gato al agua mientras los votantes, con cara de aburrimiento, pasábamos de ellos y sus programas electorales que, salvo pocas y honrosas excepciones, a nada nos conducen. Pero de repente saltó a las calles la criada respondona en forma de un movimiento sin encabezamiento de líderes ni siglas partidistas, infinidad de personas, convocadas gracias a las nuevas tecnologías, salieron a las calles de la mayoría de ciudades de este país para mostrar su descontento con la clase política y la sorprendieron ya que ésta no está acostumbrada a que las masas se organicen sino es debajo del paraguas de sus partidistas siglas.

Las manifestaciones derivaron en ocupaciones de plazas que automáticamente se convirtieron en nuevas ágoras ciudadanas en las que las gentes podían expresar libremente su opinión. Esta ocupación pacifica y democrática del espacio público dejó a los partidos fuera de juego y aunque más de uno quiso arrimar el ascua a su sardina, como González Pons que en principio pidió a los jóvenes que hicieran como hace semanas hicieron los egipcios, al poco tiempo vieron que esta marea humana desparramada y autoorganizada por las plazas era muy difícil de dirigir y que no sólo mostraban su descontento con el Gobierno de la nación sino también con el principal partido de la oposición. El PSOE comenzó tímidamente a mirar de reojo el movimiento llamado 15-M mientras el Partido Popular pedía mano dura con la ayuda de los miembros de la Junta Electoral Central por ellos nombrados e Izquierda Unida por boca de Anguita decía que “estos son los nuestros”. La verdad es que no creo que nadie de los que durante esta semana ha estado apoyando las acciones del 15-M lleve hasta las urnas su voto con la papeleta de la rosa marchita o la gaviota carroñera.

No creo que estemos ni ante un nuevo Mayo del 68 ni podemos asimilar el 15-M con los movimientos de la juventud de los países árabes. Simplemente la generación más preparada y más desaprovechada de los últimos años en España ha dado un puñetazo sobre la mesa y ha dicho basta ya a que para los ciudadanos la política sea tan sólo tener el derecho a acudir a las urnas cada cierto tiempo. Somos muchos los que llevamos tiempo indignados con la actual clase política que rige los destinos de éste y otros países bailando como marionetas a los sones que les imprime eso que llaman “el mercado” y que no es otra cosa que el gran capital vestido de banquero. Los que en su día vivimos los coletazos del mayo francés en aquella España dictatorial y sin libertades y estos jóvenes que nacieron cuando Franco ya había muerto y creíamos haber ganado los derechos democráticos no somos los responsables de la actual crisis económica pero somos los que la estamos pagando mientras nuestros impuestos en lugar de servir para apuntalar el estado del bienestar se utilizan para salvaguardar los intereses del capitalismo más salvaje que el mundo ha vivido: el de la gran banca y sus secuaces.

Algo se mueve en calles y plazas en estos momentos, y la prueba de ello es que desde la justicia más retrograda se ha intentado sacar la voz del pueblo del ágora ciudadana al tiempo que los medios de comunicación de la más extrema derecha han intentado por todos los medios a su alcance desprestigiar el movimiento del 15-M utilizando mentiras y mensajes y lanzando a sus voceros por todas las tertulias televisivas con la consigna de que estos jóvenes y no tan jóvenes tan sólo querían divertirse, como si el aspecto lúdico de las protestas estuviera reñido con el derecho a ejercerlas. Pero a lo que tienen miedo, especialmente la derechona que quiere llegar a Moncloa al precio que sea, es a las propuestas que están saliendo de las organizadas asambleas que en las plazas tienen lugar donde se está pidiendo además de poder ejercer el derecho constitucional al trabajo y a una vivienda digna que se celebre un referéndum sobre la conveniencia de que vuelva el régimen republicano o la modificación de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y no quede su composición en la mano de las cúpulas de los partidos que así tienen un instrumento para domesticar a las voces discordantes de su rebaño. Ha aparecido el miedo a la discrepancia, el temor al debate, el pavor a que el pueblo además de votar tenga el derecho a opinar y a ser oído.

Hoy hay que acudir a las urnas, no hacerlo supone hacer dejación de un derecho que en este país costó, incluso vidas humanas, conseguir y regalar la voz propia a los partidos mayoritarios a los que la actual legislación beneficia en caso de abstención. Las calles y plazas de todo el país han comenzado a moverse con ilusión, no la matemos. El puñetazo encima de la mesa que la ciudadanía ha dado en esta campaña electoral debe hacer reflexionar a los partidos políticos sobre su actual modo de llevar adelante la política y debe hacerles cambiar profundamente en sus estructuras internas y en la elaboración y formulación de sus programas. Los ciudadanos han demostrado estar interesados en la vida política, en la del día a día no en esa triste praxis política que tan sólo consiste en acudir de tanto en tanto a las urnas y depositar una papeleta con unas siglas. La ciudadanía ya está harta de tanta corrupción, harta de que no se le haga caso, harta de que para muchos el ejercicio de la política sea en provecho propio y no al servicio del pueblo, harta en fin de la actual situación en la que como bien rezaba una de las pancartas que hemos visto estos días “No hay pan para tanto chorizo”, especialmente en el País Valencià al que Camps y sus palmeros han puesto definitivamente en el mapa del mundo como muestra de corrupción tal y como ha escrito el prestigioso New York Times, aunque a ellos esto les da lo mismo porque como dice Rita Barberá “no hablo inglés”.

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