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Etiquetas:   Columna de Martín Cid   -   Sección:   Opinión

Indignados: ¿es esto democracia?

El Movimiento 15-M y la prohibición de las protestas
Martín Cid
@martincid
viernes, 20 de mayo de 2011, 07:14 h (CET)
Cada cuatro años se celebran en esta España nuestra elecciones… a los Ayuntamientos y a las Comunidades e, incluso, al Gobierno. Por si alguno me sigue, ya sabrá que no estoy demasiado de acuerdo con la política del señor Zapatero (ni en el aspecto social ni en el económico), así que llevaba varias semanas rezando a san James Joyce por un desastre electoral el próximo domingo.

Y aquí que aparece un movimiento ciudadano llamado Movimiento 15-M que está hasta las narices de unos y de otros y que proclama que con este sistema no se puede ir a ningún lado (con lo que estoy totalmente de acuerdo). Para el sábado y para el domingo había previstas manifestaciones pero, claro está, a la Junta Electoral no le ha parecido bien autorizarlas porque no les viene bien (claro, hay “jornada de reflexión” prevista). ¿Nadie se acuerda cuando, tras los crímenes de Atocha, no se hizo caso de la “jornada de reflexión” y miles de asistentes se personaron en la sede del PP para protestar contra lo que ellos consideraban mentiras al atribuir el atentado a ETA? Parece ser que la política no cambia y, cuando los ciudadanos se quejan contra algo que los políticos no consideran adecuado (como es su mala gestión) el sistema democrático está perfectamente preparado para darles la razón a los políticos y quitárselas a los ciudadanos.

Así (escribo esto a última hora de la noche cuando ya se conoce la noticia), las manifestaciones son prohibidas y condenadas por los dos grandes partidos (PSOE, claro está; y PP, que parece que va a ganar las autonómicas y no les conviene ahora). Esperanza Aguirre declara que el derecho del ciudadano está en votar y hacer que el sistema democrático funcione en las urnas, eligiendo democráticamente a sus representantes porque les conviene. Rajoy ha dicho más o menos lo mismo, arguyendo a eso de “democracia real”. Zapatero, por su parte, se ha mostrado muy moderado diciendo eso de que hay que escuchar y ser sensibles. ¿Y eso qué significa? ¿Ha sido “sensible” el Gobierno cuando ha subido la edad de jubilación a los 67 dejando sin esperanza a los jóvenes para encontrar trabajo (porque, obviamente, los puestos de trabajo seguirán ocupados siete años más por los no jubilados)? Sí, hay que ajustar presupuestos y todo eso y hay que tomar medidas contra el gasto público y demás… ¿Y los ciudadanos? Parece que es más importante para los políticos (y me refiero a los dos) sus papeles estadísticos que la situación real de millones de personas que ven como la espada de Damocles cae sobre sus cuellos bajo un símbolo bastante poco simbólico: el paro.

Me gustaría mostrar mi apoyo al Movimiento 15-M porque viene a demostrarme lo que hace tiempo llevo pensando: el sistema de retroalimentación política y amiguismo no lleva sino al inmovilismo y a considerar a los políticos los nuevos señores feudales de un sistema que, se supone, ha superado el feudalismo gracias a la democracia. ¿Qué diferencia hay entre los señores feudales que, se supone, campaban a sus anchas, y estos políticos que hacen lo que les viene en gana gracias a una legalidad vigente que convenientemente han creado ellos mismos? Ahora la manifestación es ilegal porque les viene mal a ellos (a los dos) y porque el sistema no se puede mantener con ciudadanos que han dejado de creer en el sistema. Precisamente el sistema electoral necesita de los votantes para así legitimar el Gobierno. De no ser así, no tendría sentido (o eso me han enseñado) y el sistema se vendría abajo porque la base (los ciudadanos) no darían el poder a los gobernantes para que gobiernen en su nombre y el sistema dejaría de tener sentido: serían entonces los gobernantes los que obligan al pueblo a entregarles el poder. ¿A esto se le llama democracia? Creo que tiene otro nombre y lo siento.

Pequeño inciso: vivo en Madrid y estoy bajo el amparo del señor Gallardón: multas y más multas para conductores por no cumplir con alguna señal estúpida para recaudar para las arcas del Ayuntamiento porque con unos impuestos normales no se puede cubrir semejante gasto. Por si a alguien tiene curiosidad: el propio Gallardón dispone de 1.525 cargos de confianza y libre designación (por si alguien cree que me lo invento: http://www.elconfidencial.com/espana/20100310-gallardon-lucas-cargos-personal-asesores-empleo.html ). ¿Eso es moderar el gasto público?

(Seguimos). No, la política pretende invertir en política para que, un día no muy lejano, la política pueda prescindir de un lastre bastante incómodo: los ciudadanos. Así, el Movimiento 15-M, lejos de proponer con la insumisión la negación del proceso democrático, afirma dicho proceso condenando a aquéllos que han mal usado y se han beneficiado de un sistema para legalmente prescindir de la opinión ciudadana y hacer, lo digo casi vulgarmente, “lo que les sale de las narices” (pueden sustituir libremente “narices” por alguna otra parte de la anatomía). Denunciar el mal uso por unos y otros de las instituciones y los cargos públicos para privar al ciudadano de sus derechos (como la vivienda o un puesto de trabajo) se convierte en un atentado directo contra el propio espíritu democrático y es por ello que movimientos como el 15-M, más allá de que sean o no condenados, llaman no al sentido legal de la democracia, sino al propio espíritu de la democracia.

Y cuando los jóvenes están tan enfadados es que algo “huele a podrido en Dinamarca”. Se trate de un Hamlet obsesionado con la memoria de su padre o un presidente de Gobierno dispuesto a vengar la muerte de su abuelo, la democracia parece haber sufrido un propio revés no por el movimiento 15-M, sino por los propios políticos que parecen haber olvidado ese espíritu.

Alguien tiene que recordárselo y alguien se lo ha, por fin, recordado

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